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Los niños, compradores insaciables de Prensa: Pulgarcito Allí, l o que se quiera en carnes de carnicería, en medias de gasa negra y en leyendas de una deliciosa espiritualidad. Como ésta: No queremos decir que P u n t a sea una. ¡fresca, ¡pero con este c a l o r Los charquitos de la calle vitrificados. Cuatro bajo cero. Todavía no hemos visto a nadie comprar esta clase de revistas; pero lo probable es que se vendan. Que se vendan mucho. P o r que no hay qué pensar en que la generosidad del hombre llegue al extremo de envilecer la calle gratuitamente. E n cualquier caso, ahí está frente a los niños, frente a las mujeres, frente a los mismos hombres, con su clandestinidad al aire libre; y sobre todo, con su mal gusto. Puede en uno ilegar la tolerancia al escepticismo y sentir, sin embargo, el ultraje a la ciudad de esta charcutería pública que reparte su cerdo, semana! mente, a la vista de todos. E l puesto de periódicos desborda una mercar- cía que no se vende, probablemente, al ritmo que el puesto quisiera; y el puesto se entrega a actividades complementarias muchas veces. Hay L o t e r í a Hay huevos de Castilla. H a y el hornillo para asar castañas. Se compran libros viejos y bibliotecas. Profesor de inglés. Se ofrece. E l quiosco es de P a r í s Y sucede eri él lo mismo que sucede en P a r í s E n los puestos de periódicos de P a r í s también se anuncian cosas raras; pero no tan raras como imprevistas. P o r ejemplo: Se cambiarían las obras completas de P a ú l Bourget por batería de cocir en aluminio. J. M I Q U E L A R E N A (Fotos Pórtela. El desnudo artístico tiene, partidarios decididos. (Potos Pórtela.
 // Cambio Nodo4-Sevilla