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A B C. S Á B A D O 9 DE E N E R O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 22. E l Sr. S Á N C H E Z C O V I S A interviene para explicar. la actitud del ColegíD de Médicos en el asunto tratado. E l Sr. L A M A M I E D E C L A I R A C dice que lo que a la Cámara interesa es saber si el Hospital ha sido regido por los franciscanos, y si esos millones existen, en qué son empleados. Pero tiene que decir, para que no quede la acusación flotando en el ambiente, que esos millones existen, y yo- -añade- -podría traer un estado de su inversión; porque aquí parece que esos millones han desaparecido. V O C E S N o no. N o se ha diclw eso; lo manifestó claramente el Sr. García de la Serrana. E l Sr. L A M A M I E D E C L A I R A C Las acusaciones del Sr. García de la Serrana han sido escuchadas... E l Sr. A L V A R E Z Á N G U L O Con gran satisfacción por la Cámara. E l Sr. L A M A M I E Pero con poca imparcialidad. E l Sr. García de la Serrana no oudo dar el mitin en el teatro del Centro, pero lo ha dado en las Cortes constituyentes. E l Sr. J I M É N E Z Y G A R C Í A D E L A S E R R A N A afirma que la Orden Tercera no permitió nunca la intervención de los frailes franciscanos en las temporalidades. Dice que no le importa la investigación, y pregunta: ¿Es que después de quince años de permanecer callado voy a seguir en silencio? No. Por eso lo he dicho todo en las Cortes. Cree que resucitar el primer expediente no es interesante, sino iniciar uno nuevo. E l Sr. S E D I L E S pregunta por qué no se cumule el artículo 26 de la Constitución. (Expulsión de las Ordenes religiosas que perturben la vida del Estado. E l Sr. R O Y O V I L L A N O V A dice que lo que le extraña es que el Gobierno no se haya enterado de que esa Asociación no cumple con sus fines. (Voces: Porque era protegida de Romanones. Cree que hay que ir primero al protectorado de la Orden. E l Sr. G A R C J A D E L A S E R R A N A Y a se ha acudido a la Dirección de Administración Local. E l Sr. R O Y O V I L L A N O V A E l director ha pedido la palabra y yo le aconsejaría que no hablase, porque le estimo. (Interrupciones: ¡Dejadme hablar! Risas. Aquí no hay directores generales, sino Gobierno. Conteste el ministro de la Gobernación, según la verdadera doctrina parlamentaria. Y o soy catedrático de Derecho Administrativo y puedo no saber de esto. (Risas. Pero conozco las prácticas parlamentarias. Todo esto viene a demostrar que no puede llegarse a la separación de la Iglesia y del E s EÍ Sr. G O N Z Á L E Z L Ó P E Z (director de Administración Local) dice que habla solamente como diputado. Explica que en 19 Í 9 se presentó en Gobernación una denuncia sobre el caso del despido del Sr. García de la Serrana, y en 1931 una petición en solicitud de que el Estado se incautase de los bienes de la Orden Tercera, a lo cual el ministerio se negó, fundándose en motivos legales. Cree que se trata de un asunto burocrático, que no merece que las Constituyentes designen una comisión parlamenaria. E l ministro de la G O B E R N A C I Ó N abunda en la misma opinión y dice que cree merecer del Parlamento la consideración de que se estime suficiente su ofrecimiento de abrir un expediente, en el que todo se pondrá en claro para la debida justicia. (Muy bien. 1 E l S r R O Y O V I L L A N O V A E n este momento soy un perfecto ministerial. Terminada la interpelación se levanta la sesión, a las nueve menos ciaco. U Trate dt la asistencia de enfermos en el Hospital de la Orden y de una sala que se Cffó para mujeres cancerosas, con lo cual se evitó que estas infelices arrastraran sus dolores y sus miserias por las calles. También habla de una verdadera Academia Mé dico- Quiíjúrgjca que llegó a funcionar en el Hospital y, finalmente, de que por todo suel- do percibía por cinco o seis horas diarias de trabajo 27 duros al mes. Añade que fué tildado de rebelde por no practicar en el terreno religioso y debido a ello fué expulsado el orador, pero sustituido con dos médicos católicos apostólicos romanos, que confesaban cada dos o tres días. Habla de lo que tuvo que sufrir y aguantar y dice que él, que no ha luchado con frailes, no sabe lo que es bueno. (Risas. Declara que peor que un fraile no puede haber más que dos frailes. (Buena parte de la Cámara acoge con hilaridad las salidas del orador. Entre los procedimientos que cita, usados contra él, habla del caso de una mujer que, víctima de una hemorragia, se hallaba frente a las puertas del Hospital de la O r den y a la que el orador asistió- -logrando salvarla- -con instrumental y material perteneciente al Hospital. Asegura que por este hecho fué procesado, aunque el proceso no continuó, porque los frailes se enteraron de que la lechera de la esquina de la calle facilitaba leche gratuitamente a la enferma, y les pareció mal negarle el instrumental. Continúa el orador en este terreno, citando casos de represalias ejercidas contra él. Afirma que el capital detentado se eleva á cinco millones de pesetas, sin que quiera decir que líaya desaparecido. Habla de la detención que fué practicada por l a Policía, a requerimientos de los P a dres Franciscanos, de la Junta directiva de la venerable Orden, compuesta por varios respetables seglares, y por el difunto pár r o c o de Santa María. Añade que esta misma Junta, a la que el comisario de Policía i puso en libertad, fué expulsada después con conocimiento del nuncio. ¡Sigue diciendo que tras estos hechos fué nombrada nueva Junta, que dejó perplejos a todos- -enfermos, médicos, hermanos- pues estaba compuesta de personas inteligentes y muy prestigiosas y el orador llegó a dudar de si mismo, aunque por poco tiempo, pues estaba seguro de lo que iba a ocurrir. ¡Y lo que ocurrió fué que apenas pidió la nueyaSTunta los libros de cuentas para hacer un inventario fué destituida. Nombran otras Juntas- -continúa dicienido- pero ninguna se avenía a pasar por ciertas cosas, hasta que lograron una que se sometió a todo. Entonces- -dice- -fué cuando nos. despidieron a los médicos, sin formación de expediente. Habla de unas cuartillas que le enviaban a su casa con figuras de bichos repugnantes e inscripciones a su pie. Sigue con otra serie de detalles banales, como por ejemplo, la existencia de antiguas enfermeras, a las que el orador llama franciscanas, que se quej a b a n del trato de los frailes, y trata después del conde de Romanones, a quien los hermanos llamaban el obispo de la Castellana. También recuerda su mitin fracasado en una ocasión y organizado por el orador, en el que se propuso dar cuenta de es- tos hechos. Mezcla en el asunto al entonces director de Seguridad, D. Carlos Blanco, y prosigue en su tono de simple relato narrando infinidad de pequeños acontecimientos. Habla del expediente iniciado para su ce- santía y se ve interrumpido por el Sr. Beunza. Dice que le parecería bien que se nombrara ana comisión parlamentaria para i n- vestigar lo ocurrido, de la cual- debían formar parte los cavernícolas. Habla de su despido, con motivo del cual te a t o a r o s el sueldo de un aña, pero des; contándole mil pesetas, porque un f r a i l e- -dice -siempre se lleva su presa. (Risas. Sigue interrumpiendo el Sr. Beunza y el orador protesta. U n a voz: (al Sr. Beunza) Su señoría consigue unir a toda la Cámara contra él. E l Sr. B E U N Z A L o que demuestra que tenso razón. Despué habla el Sr. G A R C Í A D E L A S E R R A N A de un caso contenido en unas cuartillas, que desea no hacer públicas, pero que tiene en su poder el Sr. Pérez M a E I Sr. P É R E Z M A D R I G A L S í yo sov el notario. (Risas. E l Sr. G A R C Í A D E L A S E R R A N A se refiere a la creación de unas escuelas que fueron lóbregas y frías, pues 9.000 duros que se destinaron a calefacción se emplearon en la de la Residencia de los Padres Franciscanos. E l Sr. L A M A M I E D E C L A I R A C E s o no es verdad. E l Sr. G A R C Í A D E L A S E R R A N A trata de algunas obras adquiridas por l a Orden, que hoy figuran en casas particulares, y pide que se comprueben tales casos. Dice que la figura de San. Francisco de Asís, existiera o no, es muy respetable, pero no así la de sus descendientes. Termina diciendo que seria incapaz en ningún momento de hacer una manifestación falsa que no pudiera probar con testigos. (Aplausos de diversos sectores de la Cámara. E l Sr. A L V A R E Z (D Basilio) dice que hoy mismo recihió la visita de un calificado amigo suyo, de la Orden Franciscana, que apenas habló con él diez minutos. Reconoce que la relación del Sr. García de la Serrana tiene un fondo noble, pero en ella se observan grandes lunares. Afirma que, según el Derecho Canónico, las Ordenes Terceras Franciscanas son regidas por la Orden Primera. Alude al expediente incoado en 1918 a Sr. Jiménez y García de la Serrana, a quien se inculpó de haber llevado al Hospital a gentes que no pertenecían a la Orden Tercera y a haber asistido, con instrumental del Hospital, a una enferma, y aunque el orador tía hecho un relato patético- -dice- -resulta de mis informes que se trata de una criada del señor García de la Serrana, que había dado a luz, lo cual no tenía nada de particular. (Risas y rumores. Explica que, suspendido de empleo y sueldo, inició el Sr. García de la Serrana una campaña de escándalo, que obligó al ministro de la Gobernación a nombrar un visitador, el cual informó que no eran ciertos los hechos citados en dicha campaña, pero reconociendo que el expediente no se había incoado en forma, por lo cual se instruyó otro; pero como la campaña continuaba, se delegó en el Colegio de Médicos, que llegó con los franciscanos a una transacción, basada en que los médicos se reintegraran a sus cargos para dimitir inmediatamente. E l archivo de la Orden Tercera está abierto- -dice- -de par en par a todos los diputados de las Constituyentes; cree que aquí lo interesante es averiguar dónde están los m i llones, porque los restantes detalles han rebajado la seriedad del orador, que en su vehemencia ha llegado a poner en duda y a oscurecer la figura gloriosa de San F r a n cisco de Asís, la más grande después de Cristo, a la cual hasta los protestantes acaban de rendir un homenaje mundial. (Rumores de aprobación. E l Sr. S A L A Z A R estima que no se debe hacer este asunto una cuestión política, y cree que procede abrir un expediente, en el cual los sacerdotes de la Cámara y -1 señor Beunza deberán estar interesados para que todo se aclare. E l Sr. B E U N Z A se adhiere al deseo de que todo quede. ien claro.
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