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A. B C M. A R T E S 12. D E E N E R O D E 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 3 9 pero, que temía e l instante en que eso fuera necesario, no cesaba de tantear les resortes del Poder para- ver cómo habían da responder en caso preciso. Y así sobrevienen los sucesos del 10 de mayo. Todos los recordáis. Unos jóvenes mal aconsejados, que al salir del Círculo Monárquico de l a calle de Alcalá provocan un conflicto. Se amotina la gente. Y o estaba en el campo, era domingo Llegué a lasados y inedia de la tarde, acudí yo mismo al lugar de los sucesos y logré despejar aquéllo, saliendo los monárquicos que estaban todavía en el local y pareció terminado el conflicto en 1 a calle de Alcalá. Pej: o a las tres me entero de que se intentaba el asalto a un periódico de l a mañana. Doy las órdenes oportunas, va l a fuerza pública, hay un choque, algunas víctimas, y se evita el atro- i pello. A las cinco de l a tarde empiezan a llegar los ministros a Gobernación, con motivo de los sucesos de la calle de Serrano y de las víctimas habidas frente al A B C Parece que los ánimos están muy excitados, viene la manifestación a l a Puerta del Sol, y a las sjete de l a tarde l a Puerta del Sol está, abarrotada. Y a se. hallan los ministros reunidos en el ministerio de l a G o bernación, les hago presente la absoluta necesidad de que la fuerza pública que está en los patios del ministerio despeje la Puerta del Sol, y todos opinan que no es el momento de utilizar l a fuerza pública; que es el buen pueblo repulicano quien manifiesta su protesta por determinadas cosas y que no hay motivo para echar contra él l a fuerza. Transcurre toda la noche- ¡toda l a noche! -oyendo yo desde ini despacho del m i nisterio de l a Gobernación los gritos de las turbas en la Puerta dej Sol pidiendo mi destitución fulminante y ya de madrugada se presenta en el ministerio ana comisión del Ateneo, dialoga con ua ministro y le pide autorización para leer desde las ventanas de Gobernación las conclusiones aprobadas por el Ateneo, y desde mi despacho, con los balcones abiertos, oigo leer las conclusiones, lo cual hace desde un balcón del piso bajo del ministerio. Una de ellas era mi destitución fulminante, pero la otra era el desarme inmediato de la Guardia civil, que estaba en los pisos de Gobernación oyéndolo. Los que me conocen comprenderán lo que rugía dentro de mí en aquellos instantes. Y así transcurre toda la noche, forcejeando yo para que me dejaran utilizar los resortes del Poder y oponiéndose terminantemente los ministros a que la fuerza saliera, y queda de madrugada despejada l a Puerta del Sol por un l i gero incidente, por una pelea entre dos de los que estaban allí: dos tiros que sonaron, y enseguida quedó vacía la Puerta del Sol. (Una v z ¿Q u é ministro autorizó eso? Fuertes protestas. E l público pide que se expulse al interruptor y tributa al orador grandes aplausos. Advierto que no me molestan las interrupciones. Hasta las agradezco, pero lo que digo es que no estoy dispuesto a salirme de lo que me propongo decir, pase lo que pase. (Muy bien. Grandes aplausos. Nos separamos de amadrugada, pero antes de hacerlo advertí, a mis compañeros del Gobierno de la absoluta seguridad que tenía yo de que aquél día- -unas horas después- -había de empezar la huelga general en M a drid y que tenía también el convencimiento de que sería un día de franca rebelión. N o participaron de mi opinión los compañeros, y cuando yo les rogué que se me autorizara para sacar l a fuerza pública desde el amanecer, para que patrullara por las calles, se negaron terminantemente. M e retiré a mi casa a las siete, y a las ocho recibo el aviso de que había empezado la huelga general, como yo me temía. Después el Sr. Maura hace un relato ie EL SEÑOR M A U R A E X P O N E E N E L DISCURSO P R O N U N C I A D O E N E L C I N E D E L A OPERA, SU A C T I T U D F R E N T E A LOS PRINCIPALES PROBLEMAS NACIONALES E l acto. E l discurso. L a quema de Jos conventos. Las Cortes están divorciadas de Ja opinión nacional. E l momento actual de colapso de la Economía no es el del socialismo. E l radicalismo del Sr. Lerroux. El que quiera que me siga L a reforma de la Constitución. L a verdad sobre el pacto de San Sebastián. L a Esquerra es una partida de amigos. L a reforma agraria. L a cuestión religiosa y la reforma de la Administración. E l acto M a d r i d 11, 6 tarde. Se celebró en el Cine de la Opera, que se vio completamente lleno. P o r haberse repartido mayor número de localidades d e las que consta el local, algu nas personas no pudieron penetrar, a pesar de ser portadoras de invitaciones. Los palcos y otras localidades se hallaban ocupados por algunas señoras. Entre los concurrentes al acto figuraban bastantes diputados. E l discurso Empezó su discurso el Sr. Maura, diciendo que en el actual resurgir de ía vida ciudadana le basta para bendecir el cambio de régimen, pues la masa neutra, socialmente conservadora, que vivia desviada de los asuntos públicos, se extremece y se agita y hasta los virulentos ataques de l a extrema derecha parecen demostrar que el movimiento es alentador. N o hay razón- -dice- -que justifique el miedo por el porvenir de la República, pues ésta irá por donde quieran las clases conservadoras, con i a sola condición de que éstas pongan en ello ahinco y constancia. Se refiere al último discurso de D José Ortega y Gasset, a quien califica de maestro de maestros y de gran pensador, y recoge dos de sus alusiones, una de ellas l a de que ha llegado la. hora de deslindar programas y responsabilidades. Trata de las que le corresponden como gobernante y dice que las acepta todas menos las derivadas de la quema de los conventos y l a tramitación de la cuestión catalana. (Aplausos. Acepta todas estas porque, constituido eí primer Gobierno de l a República en la forma conocida, hay que juzgar su obra en su totalidad por actuar en forma tal, que no tenía para su amparo ninguna ley fija y sí únicamente su voluntad, atemperada a las necesidades nacionales, lo cual le imponía una gran flexibilidad. Cita, respecto de esto, lo ocurrido con los Ayuntamientos. Declara que se negó a todos los requerimientos para anular las elecciones municipales en los distritos donde había habido protestas, sin que hiciera mella en su ánimo el recuerdo del proceder de Cánovas del Castillo, quien hizo en 1875 las elecciones constituyentes, después de haber nombrado todos los Ayuntamientos de Real orden. Pero después de los sucesos de mayo tuvo que ceder para evitar tragedias, y se avino a disolver los Ayuntamientos con la condición de que en ellos. se celebraran nuevas elecciones municipales antes de convocar las Constituyentes, por lo cual- cuando llegó este momento todos los Ayuntamientos estaban constituidos legalmente. Trata después de la quema de los conventos, sobre cuyo asunto desea 110 guardar s i lencio ni un minuto nías, y dice que a su tiempo se reservó el derecho con sus compañeros de Gobierno, de decir al país toda la verdad, porque se consideran atados al deber todos los hombres públicos de explicar claramente su significación, lo que asegura una especie de pasaporte para circular libremente por la vida pública v porque sieni do a diario acusado por las derechas como responsable de ¡a c u e r n a de los conventos, o por lo menos de haberla consentido, no ha oído todavía la voz de ninguno de sus compañeros de Gobierno, diciendo que la acusación presenta una gran injusticia. Cree jugar noblemente y por eso habla huyendo de la costumbre española de polarizar en un hecho la atención de la política, como ocurrió con la fecha de 1909, alrededor de la cual España se agitó durante catorce años. A f i r m a que después de estas declaraciones ya no admitirá controversias. A continuación el orador hace el siguiente relato: Una tarde del mes de noviembre de 1930 estaba reunido en mi casa, como de costumbre, el Comité revojucionario, y se trató de la designación de carteras. Opinaron los reunidos que me correspondía a mí el m i nisterio de la Gobernación. Me opuse terminantemente. entendía yo que los hombres de mi generación, los hombres jóvenes, teníamos la obligación de quedar a retaguardia, de ser como una- reserva de la República. Se obstinaron y- entonces planteé el problema en la siguiente forma: Para que yo pueda aceptar ese compromiso es indispensable que todos afirmen- -me parece que todavía no asistían los ministros socialistas- -que tienen el mismo concepto que tengo yo de lo que es l a autoridad y el modo de ejercerla, y expliqué cómo entendía esos dos conceptos importantes. Tenía yo entonces la preocupación de que si la República triunfaba a consecuencia del movimiento revolucionario que se preparaba, la labor del ministro de la Gobernación, que llegaba al ministerio en momentos de máxima tensión del espíritu público y hasta de desmán de las masas lanzadas, había de ser una labor ingrata, y advertí a mis compañeros que durarían los desmanes, si los había, hasta el minuto misino en que yo traspusiera los. umbrales de Gobernación, porque desde ese instante la fuerza pública reprimiría por igual los de amigos y adversarios, y con esa. condición, admitida por todos, acepté yo la cartera de Gobernación. No triunfó- el movimiento revolucionario. Vino la República, como todos sabéis, por vía pacífica, y durante el primer mes no tuve que utilizar para nada la fuerza pública. E n toda España la paz fué absoluta, La quema de los conventos