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DIARIO DO. ILUSTRAVIGE- DIARIO DO. 10 ILUSTRAVI G E- AÑO AÑO S IM O C T A V O 10 C T S NUMERO S IM O C TA V O CTS. NUMERO F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R P T O R C U A T O L U C A D E T E N A LA REFORMA AGRARIA Un aspecto interesante del problema Desde los días ce Costa, es Jugar común que el, porvenir de. la agricultura española está en transformar el secano en regadío. P a r a seguir esta política, ensalzada por todos, hemos emprendido obras por miles de millones, que, según se afirma, duplicarán la superficie regable. Los que suponen que esa gran transformación puede realizarla el trabajador con el auxilio del Estado no tienen la más remota idea de la magnitud de la empresa. Convertir el riego eventual en permanente, sencillo, facilísimo. L a tierra está de antemano preparada. Propietarios y obreros continúan practicando los mismos cultivos. E l único gasto, el de las obras para aumentar o regular el caudal de, agua. E n la transformación del secano en regadío, por lo contrario, lo menos, costoso, la obra de riego en sí misma. H a y que nivelar los campos, labor carísima. L a parte de donde se quita la tierra deja de producir durante varios años, los que necesita el subsuelo para meteorizarse. L a parte donde se ha echado tier r a exige, durante años también, cuantiosos gastos para, tapar los engullidores que abre el agua en la tierra movediza. M a y o r número de: años todavía y labor, muy intensa e inteligente para que la tierra adquiera la vieille souche; es decir, -la suavidad y la substancia necesarias para los cultivos de huerta. H a y que construii acequias y desagües, que evitar los encliarcamientos. Más tarde, construcción de edificios de todas clases compra de máquinas, de abonos, de ganados, etc. obras de saneamiento para evitar el paludismo, y, por último, la operación más costosa, la colonización con gentes que conozcan el regadío. Tienen. noy las Cortes Constituyentes, si no quieren proceder a ciegas en tan trascendental problema, la ventaja de poderlo estudiar en la práctica. Había en E s paña una comarca, la Litera aragonesa y catalana, completamente arruinada por la sequía. Pasaban años sin cosecha. Los pueblos emigraban casi en masa. N i una sola edificación. -L a Compañía del Norte tenía con frecuencia, en los veranos, que llevar agua en sus vagones- cisternas para el consumo de algún pueblo, el de Almacellas, por ejemplo. Se construye el Canal de Aragón y Cataluña, aún no terminado, y en pocos años cambia por completo el aspecto de aquella comarca. E n muchos pueblos se han duplicado las casas y los habitantes: la anterior angustia del obrero, por el temor a la emigración, a que obligaba la falta de trabajo, trocada en la seguridad de encontrar en todo tiempo un buen jornal; fincas donde no había n i un habitante, ni un edificio, ni un árbol, con más de cincuenta edificios, con cerca de 250 habitantes, con millares de árboles de todas clases; y algunas, con instalaciones eléctricas, para proporcionar luz a dueños y dependientes y fuerza motriz para las máquin a s en todas esas fincas, los modernos métodos de cultivo qué sirven ch enseñanza al agricultor modesto; es decir, cien m i l hec tareas transformadas, numerosos pueblos enriquecidos, el desierto convertido en vergel; la miseria, en bienestar. ¿Cómo se ha produ- cido el milagro? Acudiendo a la L i t e r a numerosos capitalistas de otras comarcas, que, llevados de su amor al campo, han preferido, los azares de éste al cómodo corte del cupón, y han emprendido. la transformación de aquellas tierras, agregando a su valor primitivo cantidades seis y siete veces mayores. Para que se pueda formar. idea, de la l a bor realizada por: esos capitalistas; del daño que inmediatamente causará la reforma a las provincias a que se v a a: aplicar, en que hay en ejecución o en proyecto grandes obras hidráulicas, y aun a España entera, por ej temor de que esos preceptos se hagan extensivos a todas las provincias, citaré sólo dos casos: Finca Raymat. U n desierto de más de cuatro mil. hectáreas, sin un árbol; un solo edificio, un caserón medio ruinoso. Hace ocho o diez años adquirió esa finca D M a- miel Raventós, el productor del champaña Codorníu. Nivela terrenos, construye acequias y desagües, bodegas, casas para colonos, albergues para el ganado, desfonda grandes superficies para viña y, sobre todo, planta millones de chopos, convirtiendo el erial en frondosos bosques y en tierras cultivadas por los procedimientos, más modernos. Según su frase, coloca los beneficios obtenidos en larga vida de trabajo perseverante a interés que había de liquidarse al cabo de veinte años, tiempo que tarda el chopo en su completo desarrollo. Otro caso. Peñarroya. Unas novecientas hectáreas. Propietaria, doña María Pichot, en el mundo entero conocida pdr su nombre artístico, María Gay, la Carmen incomparable. Cometió el error de invertir sus ahorros de artista en adquirir y transformar una finca rústica en su Patria, sin sospechar que podía llegar la hora en que se le disputara el disfrute de su trasajo. Niveló terrenos muy accidentados, construyó numerosos edificios, plantó millares de árboles frutales y maderables; en una palabra, realizó los enormes gastos que exige una explotación agrícola de esa importancia. A los que tal lian hecho y a otros que se encuentran en el mismo caso no les puede decir hoy el Estado con justicia: Habéis redimido de la miseria a sesenta pueblos; habéis respondido quizá con exceso a mis propósitos al construir el C a n a l habéis llevado vida y riqueza a parte considerable de la tierra española, donde antes reinaba l a desolación; pero ahora que comenzáis a resarciros de los grandes sacrificios realizados, os arrebato esa tierra, que es vuestra obra; os. impongo un recargo enorme en la contribución, v os dov el m i s m o trato que al que nada ha hecho S i mal no recuerdo, el señor Alcalá Zamora ha sostenido que no se puede, en justicia, dar el m i s m o trato al pronietário que cumple sus deberes sociales y al que abandona su propiedad. ¿Qué j u i cios le merecerán casos como los que acabo de citar y otros muchos análogos? Se dirá: L o que han hecho los capitalistas puede realizarlo el Estado auxiliando a las Asociaciones de campesinos ¡Q u é ilusión! U n a Hacienda en déficit considerable, -tina economía quebrantada p o r m ú l tiples cavias, realizar una obra ciue exiare miles de millones, pues sólo los Riegos del A l t o Aragón comprenden una superficie de trescientas m i l hectáreas, y esos miles de millones dados a gentes escogidas, no, p o r el capitalista, cuidadoso sieniDr la suer ¿te de su l i n e r o sino p o r J u n t a s burocráticas, influidas p o r intereses políticos. ¿Cuánto hubiera costado a l a Hacienda la transformación de la Litera, esa obra de nivelación deten- enos, de cambio de cultivos, de construcción de edificios, de repoblación forestal, de higiene: pública, de colonización, que han ejecutado los capitalistas, realizada directamente por el Estado o por instituciones de carácter público? Tenemos un dato para presumirlo, ya que apreciarlo con exactitud es imposible. H e dicho que una de las primeras operaciones, y no de las más costosas, para transformar el secano en regadío, es la n i velación de terrenos. E n esa misma zona de la L i t e r a la Confederación del Ebró llevó a cabo con personal técnico escogido la nivelación de una finca llamada L a M e l u sa, en sitio sumamente llano. Según noticias fidedignas, la nivelación de las fajas más anchas costó 998 pesetas por hectárea: la de las más estrechas, 7 So: pesetas. E n el ministerio de Obras públicas debe constar el dato, que por sí solo demuestra que la reforma, en los términos que se proyecta, supone la renuncia por parte del Estado español a continuar la obra que iniciaron las predicaciones de Costa. E l error fundamental del proyecto es creer que en España no hay más que un problema agrario; medir toda la propiedad rústica por el mismo rasero, aplicar las mismas reglas- a la propiedad que cumple sus fines sociales y aun a las que, como la V e n tosilla, son honra, de España, y a las propiedades casi abandonadas por sus dueños. Ese error fundamental lleva a otro que supone el, completo desconocimiento de la vida del campo. M e refiero a determinar en cualquier momento el valor, de la propiedad por el amillaramiento o el catastro. Suponed dos fincas de igual calidad, en idénticas condiciones. S u valor catastral, el mismo; pero el dueño de la una ejecuta labores profundas, incorpora al suelo estiércoles y abonos. E l dueño de la otra ha empleado la barbechera con labores superficiales. A l cabo de pocos años, la primera tierra habrá aumentado considerablemente su valor, por obra exclusiva del dueño. L a segunda habrá desmerecido muchísimo. ¿Qué catastro recogerá ese aumento diario de valor? P o r esa imposibilidad, L l o y d Geor. ge, en su célebre reforma de 1910, declaró qué no estaban sujetos al i m puesto de plus valia los aumentos de valor de las tierras por efecto de las labores en ellas ejecutadas. E l célebre estadista conocía mejor el campo que nuestras comisiones jurídicas y parlamentarias. De aprobarse l a reforma en los términos proyectados habrá algo peor que las injusticias que puedan resultar: una insigne torpeza. ¿Quién v a a ser el candido que i n vierta una sola peseta en mejoras agrícolas, sabiendo que el día que comience a recoger el fruto de su trabajo puede ri- rcbatarle la tierra, mejorada por sus sacrificios, el capricho de un 1 cuantos señores más o menos capacitados? Don Fernando de los Ríos ponderó las excelencias de la reforma rumana. N o es este el momento de comparar las negras tierras de la desembocadura del Danubio, ricas en humus, capaces de producir sin l a bores y sin abono, y las blancuzcas tierras del Centro y de una parte del Mediodía de España, esquilmadas por siglos, de torpe explotación, tal vez explicada por las condiciones- climatológicas; n i aquella refor-