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Eí Segundo Congreso de I n g e n i e r í a La Señorita Asturias El Sr. Alcalá Zamora recibió ayer en Palacio a la Junta directiva del Instituto de Ingenieros civiles, presidida por el ingeniero de Minas D. Primitivo Hernández Sampelayo, y a la Comisión organizadora del segundo Congreso de Ingeniería, que presidía el ingeniero industrial D. Manuel Soto Redondo. Los visitantes ofrecieron sus respetos al presidente de la República y le rogaron qiie aceptase la presidencia deshonor del citado Congreso, Con los Sres. Hernández Sampelayo y Soto Redondo, el ingeniero de Caminos Sr. Prieto, el ingeniero industrial Sr. Montañés, el de Montes Sr. Peres Urntti, el agrónomo Sr. Marchesi y el secretario del Instituto, Sr. Barran. (Foto Duque. ma que comenzaba por establecer la distinción que debe ser fundamental en esta materia, según el Sr. Alcalá Zamora, entre propiedades debidamente explotadas y propiedades que no cumplen su fin social, y concluía reconociendo propiedades hasta de quinientas cincuenta hectáreas, y esta otra reforma española, con arreglo a la cual pueden reducirse a diez hectáreas los Ravmats y las Ventosillas que haya en España. Quien desee conocer los beneficios y los daños producidos por la reforma rumana, tan distinta como acabo de decir de la intentada reforma española puede leer un artículo publicado en Ir Giomali degli Economisli de abril último. Puede, sin embargo, apreciarse, desde luego, el efecto de esa reforma en la H a cienda v en la agricultura, con sólo saber que el Gobierno rumano acaba de presentar al Parlamento un proyecto de ley para que el Estado se encargue de pagar las deudas contraídas por los agricultores, para evitar la quiebra de las institucionesde crédito que no pueden cobrar sus préstamos. ¡A los trece años de reforma agraria, la insolvencia de los nuevos propietarios amenaza destruir la economía rumana! N o cabe duda que el ejemplo es digno de imitación. A h o r a quiero sólo reproducir, para justificar mi tesis, lo dicho por un rumano, apologista de la reforma: L a estabilidad de l a propiedad, condición sine qua non de la riqueza agrícola, no puede lograrse más que por la resolución firme de todos los partidos políticos de excluir de sus programas toda nueva expropiación. L a vida agrícola- no puede adaptarse a los cambios continuos. L a tierra exige largos y pacientes trabajos, que el hombre no realiza si no está seguro del porvenir. P a r a que el capital emprenda el camino de las explotaciones agrícolas necesita la confianza que no puede inspirarle un Mercedes Tuya ostenta para el concurso internacional de belleza el título de Señorita Asturias Poto Díaz Casariego. las mejores carreteras de Europa, nada m á s grandioso. Pero ejecutar esa obra de veinte o más años, en cinco, perjudicialísimo para la economía española, condenada por esa política, -a inevitable crisis financiera v de sobreproducción en breve plazo. Mejorar la condición del obrero, convirtiéndolo en capitalista, nada más generoso; marchar en ese sentido, nada más ajustado al espíritu de los tiempos. Realizar esa obra atropelladamente, prescindiendo de la realidad y con fines puramente políticos, nada m á s contraproducente; porque destruye el capital que se quiere dar al obrero. L a manía de grandezas que agobió al señor Calvo Sotelo culminó en esos ferrocarriles, tan justamente anatematizados por el Sr. Prieto. L a manía socializante, que aleja al capital extranjero y asusta al capital español, culmina en este proyecto de reforma agraria, que, en los términos propuestos, será el divorcio definitivo entre el capital y l a agricultura; la agricultura, base de ríuestra riqueza; mercado casi único de nuestras otras industrias. De no modificar esencialmente el proyecto, no confundiendo el latifundio (i) con la explotación agrícola en gran escala, procurando la transformación de jornaleros, aparceros y arrendatarios en propietarios, en términos que el capital no se aleje del campo, donde E s p a ñ a lo necesita m á s que en ninguna otra parte; en vez de socializar capital y riqueza, socializaremos miseria. Los directores inteligentes del partido socialista responsables ante l a opinión, no deben olvidar queden la vida social, como en la vida del individuo, el tiempo se venga cruelmente de todo el que menosprecia su concurso. JUAN A L V A R A D O suelo movedizo, donde corre el peligro de hundirse y perecer. (i. De suerte que, según este apologista de la reforma rumana, el mayor daño que ésta ha producido es alejar del campo el capital. E n España, necesitada de grandes capitales- para su mejora agrícola, vamos a declarar en precario la propiedad de la tierra. E n estas condiciones, repito, ¿qué capital nacional o extranjero c o r r e r á l a loca aventura de emplearse en mejoras agrícolas? Estuvo de moda achacar a falta de preparación del Sr. Prieto, de que en alardes de excesiva modestia, habló el propio interesado, l a crisis de la Hacienda, especialmente en materia de cambios. N o compartí esa opinión. Hubiera leído el Sr. Prieto todo lo es- crito sobre moneda y cambio desde los días da Aristóteles; poseyera todas las capacidades de los más ilustres financieros que en España han sido, y no hubiera evitado que ante preceptos constitucionales de hostilidad al capital, ante proyectos como éste de la reforma agraria, ante l a efervescencia en que vive España, el capital extranjero se alejara y el capital español se retrajera, deprimiendo la Bolsa y aumentando el desnivel producido en nuestra balanza de pagos por la c r i sis mundial. P o r eso quien ame a E s p a ñ a debe sentir el vivo anhelo del inmediato restablecimiento de la normalidad política y social. L e ha ocurrido al Sr. Prieto lo mismo que le ocurrió al Sr. Calvo Sotelo. U n o y otro, hombres de indiscutible talento, han sido víctimas de sendas manías de la situación política en que tuvieron que- actuar. L o fué el Sr. Calvo Sotelo de la manía de grandezas. E l Sr. Prieto de la manía socializante. Mejorar nuestros puertos, completar nuestros ferrocarriles, duplicar el regadío, sanear y embellecer nuestras ciudades, poseer (1) Valerieu B e r c a r u L a agraire en Roumanie, -P á g 86. reforme (1) Latifundio. Finca, rústica de gran extensión, inculta o m a l cultivada (Diccionario de la Academia.