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A B C. V I E R N E S 15 D E E N E R O D E 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 14 vasto ensueño político; la revolución desencadenada con l a complicidad de Alemania, que do por despecho toda suerte de facilii dades al agitador, hasta dejarlo sano y salvo en M o s c ú la organización del Estado bolchevique y la muerte de! dictador. Este vocablo, de sonoridad terrible, que amedrenta a los financieros que hacen política y a Jos periodistas superficiales, define una función eterna como nuestras pasiones. ¡E l dictador! Sí, s e ñ o r e s desde Pisistrato a c á ha llovido un poco, y la sombra de la D i c tadura no se ha desvanecido del mundo. L e nin ha sido el dictador m á s implacable de que tiene noticias la Historia. A su lado M a r i o Sila y Julio César parecen anunciar l a infancia de l a función. ¿Q u é ha destruido L e n i n? N o lo sé. L o que está fuera de duda es que ha cubierto con f é rrea autoridad y con su inmenso prestigio todos los horrores a que se atiene una demagogia cuando se siente débil. E s lo paradójico de las revoluciones: que los menos avasallen a los m á s los maltraten y los amansen. E l hecho se repite. E n el drama de Francisco Porche no es visible m á s que p e r s o n a l i d a d del fundador. Todos los demás personajes hacen oficio de pálidos asteroides evolucionando en torno del sol. E l anior tampoco ameniza con un intermedio humano aquel desfile de abstracciones vestidas de carne. Toda la obra es L e n i n conspirando en el destierro, combatiendo por l a idea, por la obsesión de toda la vida, y luego organizando el Poder desde su despacho del Kremlin. E r a un hombre i n teligente y frío y de la crueldad de que da muestras la Naturaleza cuando quiere mudar el destino de los seres y de las cosas. E r a frío y cruel como el invierno y quizá, como él, necesario. MANUEL MIII; S EL TEATRO POLÍTICO Ei Zar Lenin Ese título define la obra de Francisco Porche. Aunque la acción del gran reformador se extienda por todo el mundo y le sobreviva, el pueblo ruso no verá en él m á s que un soberano que destronó al Z a r histórico para castigar los excesos de un régimen, estableciendo otro menos injusto. L o que hay de universal en la doctrina queda fuera de la rudimentaria inteligencia popular. S i una revolución se hiciera en nombre de principios políticos de carácter general abortaría casi siempre por falta de partidarios. A l que va a tomar las armas para destruir algo hay que persuadirle. de que va a derribar un mal para poner en pie un bien. Pero no un bien humano, del cual se beneficiará todo el mundo, sino un bien tangible, y tan inmediato, que está, por decirlo así, a la vista. L a s grandes ideas no son sino la parte ornamental de la propaganda. A l pueblo hay que prometerle algo más concreto y menos lejano qué el paraíso. E s a es una de las evidentes ventajas de los reformadores políticos sobre los misioneros. A la misma hora en que L e n i n ofrecía al campesino ruso la libre disposición de sus tierras, si le seguían, los popes de la Iglesia ortodoxa le exhortaban a continuar fieles al zarismo, so pena de condenarse, y, sin embargo, el lugareño prefirió l a propiedad de sus cosechas a l a eterna bienaventuranza. Puestos a optar, casi todos los labriegos del mundo se hubieran pronunciado en el mismo sentido. ¿l i a cumplido el bolchevismo su ofrecimiento? N i mucho menos. E n pos del Z a r Nicolás vino el zar Lenin, y, muerto éste, el zar Stalin, esto es, un dictador Pero estos nuevos zares no operan sobre l a misma realidad política que sus precursores dinásticos. N o son, como éstos, grandes señores, ungidos por Dios y consagrados por la H i s t o r i a paja trazar los destinos de un pueblo, sino apóstoles de u n ideal. y ejecutores de un principio de igualdad que pretende informar la arquitectura de la sociedad en el porvenir. Atribuyéndose poderes del pueblo, se afanan en su nombre, sin proponerse ninguna finalidad particular. V i v e n modestamente, libres de toda ambición material, y alguno, como Lenin, por ejemplo, privándose hasta de lo indispensable, tanto por sobriedad como por dar ejemplo a los demás. E l g r a n reformador trabajaba dieciocho horas diarias, se m a l nutría con unos regojos de pan y u n poco de chocolate, y era abstemio. E l dinero le tenía tan sin cuidado, que al morir no dejó a su viuda ni un rublo. F u é a su manera, un hombre virtuoso, que no sentía otra voluptuosidad que la del mando, que es el único placer que iguala, provisionalmente al hombre con Dios. E l que nace con esa pasión y se. deja absorber por ella puede privarse de todos los goces de la tierra sin forzar su naturaleza, pues l a pasión del mando le embarga por entero. BUENO LA E S C U E L A D E L A FRIVOLIDAD E n el teatro V i c t o r i a Eugenia, de San Sebastian, se ha estrenado con gran éxito, por la compañía de Antonio V i c o y Carmen Carbphell, esta comedia, de Manuel M e l garejo, de quien toda la crítica habla en términos de excepcional elogio. D o n Manuel Melgarejo- -escribe un crítico- espíritu fino, observador concienzudo, hombre estudioso y que posee vastos conocimientos, que escribe con soltura y limpieza, y sabe manejar los muñecos de k farsa, comete una falta imperdonable, m á s aun, un verdadero delito si él, que por tantos conceptos puede hacerlo ventajosamente, no nos proporciona con m á s frecuencia una tarde como la de ayer, para solaz de muchos y en bien de la literatura dramática, por la que puede caminar con paso firme y seguro. Q u i z á sea la excesiva modestia del aplaudido autor quien le impida prodigarse; pero, sea cual fuese la causa, repetimos que es muy de lamentar. N a d a hay en l a obra- -dice otro periódico- -que no sea plausible, pues si a l g ú n defecto pudiera, encontrársela, sólo es en elogio de l a gran erudición del autor, el exceso de citas literarias que demuestran su preparación para las lides teatrales. E n El Pueblo Vasco leemos: Y un autor que pone cátedra en la escena- -algo verdaderamente arriesgado y peligroso- y sale triunfante del empeño, bien merece nuestra admiración y los aplausos fervorosos y unánimes que ayer le rindió el público que llenaba el teatro, E l culto literato Manuel Melgarejo, que vive alejado de M a d r i d y de todas las camarillas de escritores, autor de El secreto de Próspero, que es también una comedia ingeniosa que logró un éxito grande al ser estrenada por la compañía María Fernanda L a d r ó n de Guevara y Rafael Rivelles, obtiene ahora otro triunfo tan merecido como el primero. Jorge y José de la Cueva, autores de la comedia Jaramago, que se estrenó, con un felicísimo éxito, en el teatro Fígaro, de Madrid. Caricaturas de Sirio. ya un acierto. Compárese su fría energía con el eclecticismo político de un Kerensky, empeñado en conciliar el pasado con el porvenir. Lenin lo arrolla todo en su marcha, v cuando lo ha convertido todo en escombros empieza a edificar. ¿E l q u é? ¿U n a soU n a personalidad de esa poderosa enverciedad o un caos? Sería prematuro el congadura, ¿cabe en el teatro? ¿S e puede comparar a L e n i n con un Dantón, con un R o- testar a esa interrogación. Y o soy de los que creen que el bolchevismo evolucionará besp ierre o con u n Cromwell? Y o creo que aburguesándose, y no por fragilidad de la los supera a todos en grandeza. A u n hadoctrina, sino porque la r i g i d e z q u e pretenbiéndose propuesto ios revolucionarios frandió imponerle el fundador es inconciliable ceses un plan cíe regeneración de la sociecon la realidad. S i se ha mantenido es pordad generoso y universal, plan que. luego que una. masa habituada secularmente a l a los e x t r a v i ó por caminos de demencia haesclavitud como la de aquel pueblo acepta cia el crimen, el vuelo de su pensamiento todos los experimentos con resignación: es menos vasto que en Lenin, y l a volunpero en ningún país latino podría subsistir tad de ejecución menos tensa y enérgica. un régimen que anula al individuo comIdeólogos y hombres de Parlamento m á s pletamente a beneficio de la Humanidad. que de acción, mientras los revolucionarios iranceses vacilan, disputan entre sí y se Francisco Porche, poeta y crítico de taembriagan con el vaho de su propia retólento, se ha apoderado del Lenin legendarica, el reformador ruso proyecta, destruye rio, que vive en la imaginación popular, y y reconstruye. Su impulso tiene Ir. fuerza nos ha resumido su obra, dividiéndola en de un alud. ¿Q u e sin la prev sión Táctica i cuatro etapas: el destierro en París, época de no hubiera triünfauo? Pues ei i juvenil, de idealismos vagos y de miseria haber elegido ese jefe de Estado Mayor fué efectiva, en la que se va condensando el
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