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DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V I G E S IM OCTA V O 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O LÜCA DÉ TEÑA ABC TR A DIC 1 O N MUY ESP A Ñ OLA E n la ermita de Borox ha oído una misa el torero Domingo Ortega, con su cuadrilla. DIARIO ILUSTRAD O A Ñ 0 Vi G E SI M O Cr A V O 10 C T S N U M E R O LAS N O V E L A S V I V I D A S Eugenio Krafft ha sido condenado a ocho meses de prisión y a restituir 3.500 francos a la que iba a ser su suegra. Los diarios de Parts. INTERPRETACIONES Corriendo el temporal. N o siempre una sentencia es un desagravio a la sociedad escarnecida por el delincuente. E n muchos casos el fallo del T r i bunal no repara n i n g ú n daño. Veamos los hechos. Eugenio K r a f f t es un joven bien parecido y con un don de gentes que en el comercio y en la política quizá le h u b i e r a llevado lejos. Pero Eugenio, que carece de todo sentido práctico, dio a aquellas ventajosas condiciones una aplicación equivocada. E n vez de gastar su elocuencia persuadiendo a un cliente o propagando una doctrina, puso aquella superioridad verbal al servicio del amor, lo cual demuestra que, contra lo que se viene diciendo, el romanticismo no se extingue. Primero vivió a costa de una dama, que, seducida por su oratoria, le facilitaba lo necesario y parte de lo superfluo. Pero un día Eugenio Krafft, descontento de una posición irregular y reprobable, s o ñ ó con un amor honesto, que fuera como la piedra angular de su futura familia, y entonces púsose a, cortejar a la señorita Carlota Pasquier. con fines matrimoniales. H a s ta ahí todo va, bien. L o malo és que este muchacho tiene la manía de los anticipos a cuenta de beneficios, y eso, que en el comercio parece normal, en el amor puede dar lugar a los conflictos m á s serios. -i Matrimonio? ¡N o faltaba m á s! E s toy pronto a contraerlp- -contestó Eugenio- a condición- -añadió- -de que mi madre, que está en A r g e l no se oponga. E c h é monos a sus pies y ella, que me adora, me perdonará y nos absolverá. Importa el decir, en elogio de K r a f f t que, dudando de que sus prendas físicas y sus dotes de orador bastasen a franquearle el corazón de tína mujer, se había adjudicado el título nobiliario de barón, que, naturalmente, no podía menos, de realzar su personalidad. -M u y bien. Vamos a visitar a la. baronesa. Y o estoy dispuesta a embarcar. A esas juiciosas palabras de Carlota opuso. Eugenio una objeción, que, de por si, no le deshonraba: la falta de dinero. F i e l á su sistema de los anticipos, obtuvo de. su futura suegra 3.500 francos y se despidió, alegando que iba a hacer el equipaje. Pero de un hombre de esa conciencia, que duda de sí mismo a cada paso, hay que esperar las reacciones morales m á s insólitas. Dueñ o ya del dinero, Krafft se olvidó de su futura, de su suegra y del barco que debía conducir a la feliz pareja al puerto de A r gel, y se refugió en los brazos de la dama qu venía sosteniéndolo hasta entonces, lo que prueba que. en ese muchacho ios sentimientos son más consistentes que las palabras. 1 Tribunal, que no es una institución fundada para discernir entre el romanticismo y la contabilidad, sino para interpretar la L e y e imponerla, lia condenado a E u genio K r a f f t a ocho años de cárcel y a devolver los 3.500 francos estafados. 1 xioru E l pueblecito se ha hundido en una depresión del terreno. Lugar terroso y abandonado como todos los lugares tíe T o ledo. N o hay nada que despierte un anlielo taurino. ¿Y de aquí ha salido un torero? -D e aquí. E s difícil ser torero. A la técnica profesional ha de acompañarla condiciones temperamentales muy precisas. Pero lo difícil en este caso es la iniciación, el planteamiento que se hace el mozo que decide ser torero. ¿C u á n d o nació l a vocación? ¿Q u é reflejo la inspiró? N o sería viendo esos toros de paso tardo qUe van rompiendo, domésticos, la tierra castellana. Pudo ser un día frío y sin trabajo, como este de hoy, en que vemos los hombres holgar porque ha llovido. Y a es meritorio decidirse a decir: V o y a ser. torero y no asustarse de l a burla con. que las gentes fia de recibirlo. H o y después del triunfo, todo parece natural; pero ayer debió parecer ridículo. P o r las costaneras le sale al paso del automóvil el homenaje de los chiquillos, que yá no cesa, hasta la, iglesia. Ermita pequeña y encalada. Tras el balconcito, adornado con velas rizadas y flores de papel, la carita obscura de la Virgen de la Salud. E l sacerdote, de corona agrandada por el tiempo, va cantando la misa en las treguas del órgano. Muchedumbre de mujeres con una lucecita de. cera. Mujeres del obscuro color de la Virgen, con el pañuelo negro en la cabeza. Ese luto que guardan los pueblos castellanos, como, una herencia codiciada. Mujeres. de Castilla, tan tristes, tan suspironas, tan resignadas con la vida. T o das tienen algo que pedir para después, porque aquí va no esperan nada. L a cara apretada de los hombres de la cuadrilla, que tienen los músculos tensados en la lucha con los toros. Su actitud es varonil y doliente a la vez, fervorosa y dura, como si se acordaran de la capilla de la plaza de toros, como si al acabar la misa tuvieran que torear. lie missa csi. Las mujeres van saliendo, con cuidado respeto de no pisar la losa del enterramiento del primer capellán, D J e r ó nimo. Algunas doblan cuidadosamente ei pañuelo de la cabeza: otras lo dejan caer hacia a t r á s Todas se acercan al torero con una palabra de buenaventura. Los hombres hurgan en la petaca. Los chicos observan y cambian ligeros comentarios. L a cuadrilla desfila como después de una corrida ventu. rosa. E n este pueblecito que creció en una hondonada de tierra de Toledo tiene Jodo esto un fuerte trazo de tradición- española. G. C O R R O C H A N O U n temporal deshecho ha sorprendido a las naciones, que van; ríavegando como pueden. U n a s s e mantienen a la capa, otras te abandonan al- curso del huracán, otras van a la deriva. sobre los acantilados de la costa. E l ¡m á s fuerte navio s e r á el que mejor resista. EL m á s diestro capitán p o d r á conducir su i- jave al puerto. S i n c o n t a r í a s misteriosas determinaciones de la fortuna. Unos dicen que el temporal ha de pasar pronto; que en breve v o l v e r á a l u c i r el sol sobre la mar sosegada, y que, otra vez los marineros, dando al olvido las fatigas y los terrote; llenarán el día con sus cantos. Otros- temen que la tempestad se prolongue; mucho tiempo y que su furia y sus estragos se hagan todavía mayores. S i el temporal pasa pronto, cómo qued a r á n las naciones en medió del mar de la Historia? Aquí ¡tenemos a España, que tantas tempestades ha solido sufrir. Ahora; la cosa le coge un poco de trayés. Pero recle, con qué valentía, ó no se sabe con cuáü a ingenuidad, maniobra en medio de la tormenta. H a arrojado al mar toda Ja impedimenta, toda la carga que traía del pasado, todo el lastre de la tradición. Navega a palo seco. H a cambiado de bandera. A última hora, y en plena borrasca, lia cambiado de capitán. Casi tanto como el capitán malician los marineros. Junto con. la carga y con el lastre ha arrojado al agua los cauones. Y así va, desmantelada, a palo seco, alegremente, la nave de E s p a ñ a entre las pavorosas olas y bajo la tremenda furia del huracán. Pero de un momento a otro puede serenarse el Océano, j Cómo quedará entonces España frente a los otros navios que se hayan salvado de la tempestad? A h í está Italia muy cerca de nosotros. Pensemos bien en que Italia ¡no ha arrojado al mar ni su carga, ni sudaste, i sus c á n o nes, ni ninguna; idea de poderío y ambición. Tampoco ha dejado que manden los marineros. Su capitán, a; la manera antigua. dirige. la maniobra revólver en maro. Un, hecho pudiera ocurrir, que la tensión demasiado extremada acabase por estallar; que una revolución arrollase al capitán y quedara también Italia en poder de los marineros! Pero si esto no sucede, cuando se trar. -juilire un poco la atmósfera política del mundo, spaña (a palo seco, sin lastre y sin cañone? mandando los marineros) se tendrá que encarar con el problema de esa otra península ambiciosa que desea a. todo trance imperio, expansión, influencia y dominio. n Lea V. mañana ABC MANUEL BUENO Los pueblos del Norte, sean propiamente germánicos o anglosajones, muestran ante latempestad una visible desorientación. También ellos empiezan a desprenderse de alguna porción de su lastre. Se han hecho cacifistas, antimilitaristas, anticoucepcionistas. Están volviendo l a mirada asustada íuclrt menos que a Malthus. Italia al revés, sig; ¿enorgulleciéndose de un aumento de medio millón de habitantes por año. Hasta F r a n c a está logrando lo que no había conseguido en muchísimos a ñ o s que ias mujeres francesas aumenten el n ú m e r o d e sus hijos.
 // Cambio Nodo4-Sevilla