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madura, pueblos de devotos fieles al dios Baco, de saludable memoria. Es cierto que le prestan un culto inconsciente, que al ver pintado un alegre dios desnudo, la cabeza ornada de pámpanos, a caballo en una cuba, no le darían muestras del mismo respeto con que veneran San Sebastián Mártir o Santa Brígida; pero las ceremonias rituales en honor de este dios desconocido las organizan con una frecuencia y un fervor que hacen suponer inspirados por la enorme fuerza atávica provocada por un culto lejano. Los habitantes de esta provincia portuguesa tienen el apodo de carapucos del nombre de los gorros negros, a la hechura catalana, que, por general, usan lo mismo en sus faenas campesinas que en días solemnes, y que, conio el gorro rojo de Cataluña, tendrá un origen fenicio o cartaginense. Son morigerados y taciturnos en los días de trabajo, y mejores gañanes no los hay en todo Portugal. Pero también no vale buscar en toda la tierra portuguesa gente que más religiosamente guarde sus domingos y que más reidora, parlanchína y alegre se demuestre el día del Señor, que paxh ellos es más bien el día del culto a Baco desconocido, el día de la borrachera. Es honor y postín que un hombre de trabajo de übidos o de Adagórda, de Leiria o de Pom! al, llegue a su casa el domingo por la noche canturreando algún fadittho o baile de roda, al paso que va tropezando, vacilante, con todas las piedras del camino, cogida una fuerte y franca borrachera de vino de Id tierra. Para eso está el domingo... En todos los poblados en ese día festivo, si no hay feria o fiesta sagrada, hay en la p aza central, corazón de toda vida pueblerina, la taberna al aire libre, el vendedor ambulante de vinos espumantes, leves y traidores, que son típicos en la región. E l ir es sencillo. t na mesa ancestral, con más manchas que pecados tiene Satán, y sobre ella los vasos, la botella del aguardiente recio, el barrilito, el pipote del vino nuevo. Cerca las muchachas hermosas y sanas, bajo quitasoles rojos, en una viva nota de color, venden sabrosos buñuelos y van pelando la pava candidamente, en un dulce panteísmo casto y antiguo, con los mozos fornidos de incipientes bisrotes, que, sin pensarlo, se acogen, en lin alarde proustiano, a la sombra de aquellas doncellas en flor, echándoles flores e ingenuos piropos de un sabor primitivo. A l pueblo han venido todos los vecinos de la comarca. Unos a comprar, otros a vender, otros para v lo que compran unos y venden otros. Y todos ellos, viejos y jó 1 í Si venes, ricos y pobres, vienen a celebrar su domingo en un curioso cristianismo primitivo, que luego, alrededor del tonel de vino, se transmuta, por animalidad, en furioso paganismo. Todos comen, unos en las tabernas, dándose postín; otros sentados en las aceras, de su merienda, traída en una bolsita a cuadros; otros en la cuneta del camino, solitarios como pobres bestias que devoran en silencio, taciturnos, el negro pan de cebada, que otra cosa no ha dado la cosecha ruin. Y todos bebiendo, eso sí, un cuartillo, o dos, o más, si el dinero permite; si puede ser, tanto que, al atardecer, por todo el campo, por todos los caminos, resuenen canciones vacilantes y arrastradas, de un gran jolgorio báquico y magnifico, que hace la noche movida y pintoresca, que deja al borde de las carreteras algunos vencidos por el sueño y a espacios, por los portales aislados, en la campiña ubérrima, entre los mismos viñedos, viejos silénos, jocundos, dormidos y extraños como gárgolas quietas de labor antiguo, viejo, como el propio dios del vino y de la locura... FRAY CARLOS MATRIMONIO UNIDO Y CUBIERTO Ú N I C O (FOTOS J MARTINS)
 // Cambio Nodo4-Sevilla