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las carreras. Y sin embargo, era un asunto tan exclusivamente suyo como formar su menú. ¿Se le ha ocurrido al que abre u n restaurante imponer a los comensales los guisos que deben injerir? E l dueño de la guitarra pone los dedos donde se le antoj a; para eso es suya. L o s estudiantes estaban en l a situación del soldado, al que el E s tado tampoco interroga antes del combate: ¿Quiere usted entrar en fuego hoy o prefiere dejarlo para otro d í a? E l Estado está en crisis por esas desconsideraciones; Como m i verdadera profesión es la de enfermo crónico, a ella referí esos principios que poco a poco se llevan a la práctica por las clases sociales. ¿P o r qué han de ser los médicos los que nos digan la enfermedad que padecemos? ¿P o r qué han de ordenar, sin apelación, nuestro régimen de comidas, las horas de sueño, las pócimas y las inyecciones? ¿Quiénes son para disponer así de nuestro cuerpo y de nuestra salud? M e lancé, inflamado de ardor revolucionario, a la organización. Reuní quince enfermos y esa fué la célula inicial del S. U D E Nuestra propaganda secreta produjo el alistamiento de tres m i l pacientes, y, reunidos en Asamblea general, se nombró el Comité d i rectivo y dimos la batalla a los médicos. N o voy a relatar los incidentes, propios de toda lucha por el mejoramiento de los explotados. Sólo os daré cuenta de los acuerdos aceptados y firmados por ambas partes, que son los siguientes: Primero. L o s médicos, por medio de las Facultades y Academias, redactarán con urgencia una ley para reducir las enfermedades, en todo el territorio de la República, al número máximo de diez: vista cansada, anginas, indigestión, orzuelo, dolor de muelas, uñero, cefalalgia, constipado nasal, flato y sabañones. Segundo. L a s enfermedades no comprendidas en eaa relación quedarán abolidas, pues siendo las que cuestan caras, las diagnosticaban los médicos como base de su fortuna. Tercero. A nadie se le podrá imponer el uso de una dolencia contra su voluntad, n i con el pretexto de complicaciones o agravación. E l estado de enfermo es voluntario. Cuarto. Cada ciudadano se obliga a padecer alguna molestia durante tres semanas, improrrogables, al año, con objeto de contribuir a los gastos personales de la clase médica. E s a obligación podrá ser rescatada. Se crea el enfermo de cuota, que pagará sin sufrir padecimiento alguno. Quinto. INÍo se consiente, que ningún galeno atribuya a los ciudadanos enfermedades crónicas hasta que hayan cumplido los sesenta y cinco años. Sexto. Se autoriza el uso de una epidemia general cada diez años. L o s productos pasarán íntegros al Colegio de Huérfanos de Médicos. Séptimo. L a s enfermedades infantiles se reducen al sarampión y la tos ferina. Se tolerarán los chichones, pero la meningitis (velada del médico en casa del niño, renglón el más caro de la tarifa) queda absolutamente prohibida. Octavo. L o s partos se eliminan del g r u po de enfermedades y pasan a ser reglamentados por la ley de Accidentes del t r a bajo. Noveno. L a proporción de mortalidad sereduce a l 3 por 100. Se exceptúan los accidentes de automóvil, en los que se tolera un 9 9 por 100. Décimo. L o s enfermos se comprometen a adquirir las medicinas que les receten; pero a nadie se le obligará a tomarlas. Undécimo. E l médico indemnizará al paciente si tarda en curarle más de los veintiún días legales. Duodécimo. Cuando el cirujano prescri- ba una operación, si fallece el paciente, estará obligado a permitir que le opere de lo mismo un. pariente del difunto, aunque no sea profesional. Estas son las bases vigentes entre los galenos y los sindicados en el S. U D E P o r ellas quedamos libres de la tiranía de los médicos y empieza a regir un nuevo orden social en lo que respecta a la salud. Como hay enfermos esquiroles que siguen padeciendo las enfermedades que les da la gana, intensificamos la propaganda para hacerles ver las ventajas de nuestra sociedad. Y les advertimos que, si no se agrupan bajo nuestra bandera y prefieren, a las ventajas de la solidaridad el halago de la clase médica, que para tenerles contentos les diagnosticarán enfermedades que asombran a los amigos- -apendicitis, arteriesclerosis, linfatismo, etc. nosotros, en nombre de l a l i bertad individual, impondremos, como hacen los ciudadanos conscientes, l a sindicación obligatoria. TOMAS BORRAS (Dibujos de Esplandíu.