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garita; puede que fuese cómodo y de mucho abrigo, no lo dudo; pero mi opinión se refiere a l a estética. Ciertas- trabillas abrochadas desde el cuello hasta la cintura me parecen encantadoras, y como están sujetas solamente por los botones y se hacen de color distinto al. del pull- ovcr, se pueden cambiar fácilmente; en los puños se repite el mismo efecto, que me seduce por completo. N a d a de haldetas; el jersey, la- blusa, el cuerpo, se sujeta con cinturón estrecho, abrochado con un botón en vez de hebilla, por considerarla peligroso en caso de. accidente; alguna muchacha al caerse sé ha herido con la hebilla. Esto será cierto; sin embargo, y o pienso que los fabricantes no han sabido crear- novedades, y los botones han quitado e! puesto a las hebillas. E n ios pantalones veo una sola novedad, poco feliz: ni bombachos ni ceñidos simplemente rectos, como los de hombre, que al llegar al tobillo se sujetan con. las botas no indica el menor esfuerzo de imag i n a c i ó n y no es bonito. Las mujeres los han acogido; se comprende la, causa. L a chaqueta, recta; el abrigo, corto; el bolero, rivalizan unos con otros; de satín grueso, -de brire o de punto, esos abrigos son p r á c ticos; las- pieles son preferibles; pero como practicar deportes no significa abandono de la coquetería, ambas clases de chaquetones suelen pertenecer a la misma señora. Iba a decir a la misma desesperada, porque un poco deben estarlo las verdaderas deportistas. Guantes, bufandas, nada que ustedes i g noren, a no ser que los primeros suben muv altos- sobre el brazo, y que las otras disminuyen- sus pretensiones. L o s modelos del año pasado se cruzan sobre el pecho y se meten en el c i n t u r ó n cuando son pequeñas se anudan d e t r á s con objeto de que las puntas no fustiguen l a cara. Se trata de poner todos triunfos en el juego y no desd e ñ a r n i n g ú n detalle que pudiera hacerles perder l a partida. N o cierren ustedes las prendas de punto con éclair, porque a q u é l l a s carecen de resistencia para l a e n e r g í a de éste. C r é a n m e hay matrimonios en los cuales l a víctima está destinada de antemano. N o piensen tampoco en a- utomátícos, pues sólo se pueden emplear botones en el traje deportivo, sea falda o pantalón. E n l a cabeza, ei consabido gorrito o el birrete, cuya existencia conocemos hace mucho tiempo; por lo tanto, nada nuevo, a no ser el eoior obscuro, idéntico al traje, y nada, absolutamente nada, de adorno, se lo suplico. E l abrigo debe atraer toda su atención, señoras N o aconsejo pieles, cuyo peso agobia, porque debajo v a n ustedes muy abrigadas. E s preciso un abrigo de lana fuerte y ligera al mismo tiempo. D e color, me g u s t a r í a neutro, con nudos o briznas de otro color, para que armonice con distintos trajes y un solo abrigo sea suficiente y re- sulte el c o m p a ñ e r o necesario que no se hace n o t a r tiene el ingrato papel del confidente en la tragedia antigua, discretamente útil. E l bolsillo es grande, plano y ancho; elíjanle de piel de cerdo, sin departamentos, que aumentan su peso. M e asusta la. idea de que una débil mujer habituada a batistas de hilo y crespones de seda se eche encima un equipo pesado y tenga que moverse como si no llevase nada, y digo en consecuencia que esa debilidad es relativa, y agrego que también se transforma el c a r á c t e r las perezosas se vuelven activas, audaces, y c r é a n m e que hago votos para que no regresen lisiadas. 1 TERESA CLEMENCEAU TRAJE D E TENNIS 1 E JERSEY BLANCO, C I N T C R O N D E LAXA V E R D E R O C H E D E A C E RO (M O D E L Ó J A N E R E G N Y)