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ABC, DOMINGO 17 D E E N E R O D E 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 34. especialistas la depuración, lejos de personalismos y de recelos políticos. Pero de momento deberá observar que estos hombres han labrado en España un ambiente de i n quietud cultural y un despertar hacia el perfeccionamiento médico. N o es labor destructiva aquella que siembra en las inteligencias j ó v e n e s el sentido del trabajo y la emulación al progreso. Y la creación de Hospitales modernos y la reforma de los antiguos con los perfeccionamientos de la técnica actual ha hecho que dejaran de ser simples almacenes de enfermos. L a impulsión de numerosas organizaciones científicosociales y la iniciación de eficaces acciones de política sanitaria, cuyos resultados ya comenzamos a obtener; ha sido derribada también la muralla del desprecio que, según Cajal, levantó Europa en los Pirineos, y no ciertamente debido a la labor de nuestros militares y políticos, sino por la de los hombres de ciencia. L a Universidad ha recobrado una vitalidad que se interpretó como rebeldía: es simplemente que busca una nueva forma de estructura por haber salido de la anquilosis. Pero el vulgo no vive ni aprecia estas tonalidades espirituales. Y o no me lamento de ello, pero protesto de que se i n tente deformar y tergiversar su significado. Este núcleo de médicos que tanto denigra A Galiano, y que califica de amateurs, ha dedicado toda su vida a l a creación de una ciencia clínica española, y es el inundo científico quien debe juzgarla pero no el mundo político ni periodístico. Actualmente nace una selecta publicación, los Anales de Medicina Interna, que representa el fruto de una depurada labor de escuela que para su difusión mundial empezaba a dispersarse en las revistas extranjeras. H o y tenemos un símbolo y una prueba documental ante el mundo científico del edificio de nuestra ciencia clínica, y la consagración objetiva de unos nombres oue l a encabezan: Marañón, Pittaluga, Hernando, Lafora, Novoa Santos, Jiménez Díaz y Manuel Tapia. Y si algunos de estos hombres han colaborado con altruistas ideales en el ejercicio de su sacerdocio a nuestra renovación política, al aparecer la nueva estructura no han demostrado sentir la más ínfima tentación de las ambiciones oficiales y como muy pocos escogidos supieron hacerlo, han sostenido su actuación abnegada, imparcial, desapasionada, aun cuando les asistía el derecho de una intervención activa en el terreno político. Hace dos años aproximadamente, que un núcleo de médicos madrileños, arrostrando la impopularidad, llamó l a atención del pueblo español de que estaba siendo víctima de un fenómeno de sugestión colectiva que burlaba la veracidad de la Medicina ensalzando y aceptando el vergonzante curanderismo de Asnero. L a Prensa casi toda se apresuró a rodear de bastardas intenciones esta recta actitud que obedecía a la noción de la responsabilidad médica y patriótica. H a transcurrido el tiempo y los hechos han depurado del todo la razón que les asistía. Y; hoy, una nueva injusticia se ha cometido con ellos. Pero la obra edificante del ejemplo ha creado en España otro hecho. N o los imitadores arrivistas que ya han existido siempre, sino una juventud entusiasta y estudiosa, que siente el sacerdocio médico, que se depura en l a vida hospitalaria y aspira a ser imparcial y verídica. Es un surco de esperanza que sólo una potente semilla podia engendrar. Es una juventud médica que sabe despreciar lo mismo la adulación que la impopularidad, porque sabe que el campo de las extensas miserias humanas es pródigo en cotidianos frutos, que son los eslabones del bienestar terreno por el que se afana laborando, a pesar de todas- las resistencias y de todas las incomprensiones, la profesión médica. -Juan Cuatrecasas, catedrático de Patología Médica de la F de M de Sevilla, LOS- M É D I C O S R E V O LUCIONARIOS Bajo el título ele Zapatero a tus zapatos ha contestado F Sánchez Ocañ. a con un artículo justo y enérgico, a un aspecto de l a tesis sustentada por un colaborador dé A B C en el artículo titulado La Medicina y la Política. Suscribo cuanto deja bien sentado Sánchez O c a ñ a pero hay otro aspecto de la tesis que no puede dejarse en silencio, porque aun cuando el médico científico acostumbra a superar la incomprensión con el silencio, aun cuando nunca espera la gratitud ni el aplauso a sus ignorados sacrificios, su espíritu forzosamente habrá sentido la angustia del sarcasmo al leer que ya era hora de abordar este aspecto interesante de nuestra evolución social Y esta herida moral, que no por proceder de un colaborador cuya profesión y criterio desconozco, sino por reflejar un estado de opinión que ciertos sectores se complacen en cultivar han debido sentirla lo mismo el austero médico de la aldea lejana que el prestigioso profesional de l a urbe, que el profesor universitario; es lo que me ha decidido a que por una vez saliera de mi esfera universitaria para recoger este sentido disperso de los buenos médicos españoles. Para que haya una voz, aunque humilde, que desvanezca ios equívocos que l a pasión política y l a i n comprensión han creado alrededor de un fenómeno de orden estrictamente humano, en el sentido profundo de l a palabra. N o han faltado en todas las épocas los literatos que han satirizado al médico. Y ciertamente, que en todo tiempo ha habido médicos que se han hecho merecedores de ello por su egoísmo y su charlatanería. Así, los personajes ridiculizados por Moliere nos ofrecen un buen ejemplo de curanderos farsantes el célebre doctor Sangredo imaginado por Lesage confesaba él mismo a G i l Blas su ignorancia y su testarudez unidas a su interés egoísta; otro tipo descrito por Daudet, el doctor Jenkins, había creado una famosa institución de lactancia artificial donde los niños morían como moscas hasta que un médico interno cometió la humanitaria indisciplina de procurarse amas de cría a espaldas del director. Estos y otros ejemplos han ejercido una influencia depuradora, poniendo de relieve la ineficacia social y la fragilidad de tales charlatanes. Pero era necesario utilizar el prisma de la pasión política, unido a! desconocimiento de la realidad y del ambiente médico actual en España, para que un colaborador de un órgano tan significado en la Prensa nacional se escudase en ironías políticas o personalistas para llegar a herir en lo más hondo la zona más noble y elevada de la actuación social del médico. L a Medicina no es como el arte del zapatero. E l material sobre que trabaja el médico es el ser humano, en el que los probleHace falta analizar y observar bien los mas concretos de la patología adquieren muhechos antes de avanzar temerarias confuchas facetas. S i frente a un tuberculoso i n siones. Y el arma de la ironía, que está gecipiente, sin medios económicos, pudiera el neralizada en el periodismo político, no tiene médico condensar toda su actuación en una fuerza real ni moral para juzgar actitudes receta con la tranquiíidad del deber cumplie ideales. do, no tendría tme invadir tan frecuentemente el campo de l a sociología. E l Sr. Alcalá Galiano dice haber observado que algunas personalidades médicas de E l médico es, por otra parte, quien asisEspaña entienden de todo, saben de todo, te a la realidad más despojada de todas las se dedican a la literatura, a la filosofía, a simulaciones e hipocresías; quien descubre la sociojogía; escriben libros, ensayos, arlos más hondos móviles del hombre a tratículos Y dice que practican la Medicina vés de toda apariencia; el que no puede olen amateur. L o que no habrá observado o vidar nunca lo deleznable y lo frágil de la vida humana y de sus poderíos y arrogan- no habrá querido observar es que no hay cías. También es el que en lo recóndito del un hombre que pueda juzgar de rondón una labor tan extensa. Que deje al tiempo y a los Hospital o en la barraca más hacinarla sirve de único testigo, aunque no quiera, a ios continuados crímenes anónimos y silenciosos que impunemente cometen con las armas de la patología la avaricia el despotisr mo y la ignorancia de los hombres. Porque sólo el médico palpa todos los días estos centenares de enfermos que, padeciendo afecciones curables, están destinados a morir a consecuencia de las desarmonías sociales o de la ignorancia. L a receta es mucho más grande de lo que puede escribirse en un simple papel. Por esto el médico verdadero no puede estar conforme con el estado objetivo de la sociedad. Por esto se asusta menos de los ruidosos crímenes relatados por los periódicos y valora los hechos según las causas más remotas, sin deslumhrarse por la apariencia. Quizás también por esto no concede acatamiento a las jerarquías basadas en la fuerza arbitraria de los hombres o en imaginarias superioridades de castas. Pero tampoco acostumbra a alardear de tales sentimientos. Es esta emoción sublimajla en la convivencia hospitalaria, demasiado íntima para que pueda exhibirse. Y el médico discreto sabe muy bien que el tipo medio de hombre aburguesado la califica de doctrinas antiguas o ultramodernas (según le parezcan) demasiado sabidas de todos y que no tienen remedio. N o vamos a empeñarnos en pretender utopías. Y cerrando los ojos a la realidad para gozarse en la contemplación de una normalidad deliciosa que mantenga ocultas y silenciosas las víctimas y las injusticias, califica despectivamente de revolucionario al médico que no sabe resignarse y labora con el ejemplo por el progreso. Ahí tiene el Sr. Alcalá Galiano la sencilla explicación del por qué estos médicos que él imaginaba energúmenos sectarios ávidos de venganzas eran afables, tolerantes y hasta cordiales Esta paradoja, creada por la poca penetración del articulista, se desvanece porque en realidad el médico, por revolucionario que fuese, no podría hacer labor disolvente ni destructiva, sino crítica constructiva. Y porque si algún profesional está más exento de la pasión de l a venganza es precisamente el médico. Y tampoco concibe el autor de dicho artículo que la clientela de tales médicos sea aristocrática y capitalista a pesar de ser republicanos. Y o no sabía que en pleno siglo x x hubiese quien pudiera creer capaz a un médico prestigioso de cerrar la puerta de su consulta a un enfermo aristocrático o de exhibir intempestivamente su ideario político para molestar a un cliente cualquiera. Asimismo me parece monstruoso sospechar que alguno de estos clientes, aunque fuei- en aristócratas o capitalistas, al retribuir la consulta técnica del médico haya soñado en comprar su independencia política. N o hubiese merecido esta parte del artículo, tan preñada de malicia, rozaría siquiera. Pero ningún lector desconoce que no hay otro profesional que dedique tantas horas como el médico al trabajo no retribuido y voluntario, a veces a costa de sacrificios personales.
 // Cambio Nodo4-Sevilla