Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Informaciones y reporíajes. Títfa Rufo se va a d e d i c a r a l cin e Han pasado veinticinco años desde que debuté- -nos dice el insigne cantante- y la decadencia no se ka en mis facultades ni en mi corazón. Foto V. Muro- E l gran barítono, el artista eminente que en sus noches triunfales del antiguo teatro ÍReal conquistó la máxima popularidad, desciende del. rápido de París, correcto y atildado, con el atildamiento del hombre familiarizado con los grandes expresos, para quien un largo viaje no significa una batalla con la estética. Titta R u f o deslíe en una sonrisa su aspecto de general americano, saluda a su empresario y al informador y llama inútilmente a un mozo de equipajes. ¡Vano esfuerzo. L a voz del divo, que electriza a los públicos del mundo, se estrella contra la indiferencia de los portadores de baúles, que resultan insuficientes para el servicio del tren. Nueva sonrisa, en la que el gran barítono aplica su benevolencia a la desorganización, y, por fin, son transportadas todas las maletas del divo, llenas de calderones, agudos, graves, centrales... esas maletas que los aduaneros no se atreven a abrir temerosos de que las melodías se escapen de ellas en tropel. Las primeras palabras al encontrarse con el informador son del gran artista. U n recuerdo para D. Torcuato Luca de Tena, su amigo inolvidable; otro recuerdo para don Alejandro Saint A u b i n y luego m i l preguntas sobre personas y cosas de entonces. Fué en la temporada de 1907 a 1908 cuantío Titta Rufo hizo su presentación en M a drid. E n aquella época de discursos de Canalejas, de frases de Moret, de estrenos de Maeterlink, de pasos cautelosos de los primeros automóviles y de aleteos iniciales de los polluelos de avión sobresalió la voz del insigne barítono, que obtuvo éxitos triuniales en Haiwlet, Tosca; Rigoletto y El barbero de Sevilla. Sus dotes de actor se apreciaron tanto como sus cualidades de cantante. E l entusiasmo del público por el divo se intensificó en temporadas posteriores hasta el punto de que en uno de sus beneficios tuvo que dirigir la palabra al auditorio para expresarle su gratitud. Qué año fuá el último que estuvo usted en España? -preguntamos a l artista. -E l 191 S. Canté ópera en la Zarzuela. Caí entonces enfermo de algún cuidado, y luego que me repuse marché a Venezuela. ¿H a recorrido toda América? -Casi toda. H e estado en Méjico, en Colombia, tres veces en Sudaménca y ocho veces en el Norte. Siempre en actividad, siempre trabajando. E s la única manera de conservar la flexibilidad y los arrestos j u veniles. -i Se siente usted con las energías de entonces? -S i no tuviera la seguridad de mis facultades no hubiera venido a España, donde tantas atenciones se me guardaron. H a n pasado veinticinco años desde que debuté y l a decadencia no se ha iniciado en mis facultades ni en mi corazón. Titta R u f o recorre el camino de la estación al hotel examinando curiosamente las calles del trayecto; su indiferencia de viajero indigestado de paisajes se funde al contacto de esta Gran Vía tan europea y tan madrileña. ¡E s hermoso! exclama en un momento de espontaneidad- Nunca creí que M a drid hubiera dado este cambio. Y el. informador aprovecha la ocasión para reanudar el diálogo. ¿Dónde ha cantado. últimamente? -E n Ginebra, en Amsterdam, en P a r i s ¿E n qué situación se halla el teatro en el extranjero? -T i n situación de franca decadencia. E s inútil que tratemos de ocultarlo más; el cinc ha matado al teatro porque le vence en i n tensidad de espectáculo y en exigüidad de precio. -L u e g o aquella época de los cien francos por butaca en París... -Murió. E n las actuales posibilidades económicas el teatro es un lujo. H o y con cien francos vive un hombre diez días, y tmaado en cualquier cine cuesta diez francos una butaca, precio éste con el que no podría resistir un espectáculo teatral por modesto que fuera. ¿C u á l cree usted, que es la causa de esta decadencia del arte lírico? ¡P s t! N o quiero hablar... H o y todo es mejor que antes... todos son eminencias... y, sin embargo... -el artista hace con la cabeza signos negativos y agita las manos como operador de telégrafo de banderas- N o quiero hablar. Todo es más prudente y. más discreto que la verdad. ¿C r e e usted entonces en el definitivo triunfo del cine? -T a n t o que cuando vuelva a París voy a hacer una película. ¿Casa? -L a Fox. ¿Asunto? -E s un secreto. Se trata de una película tragicómica. E n el. hotel se procede a la obtención de fotografías, el artista se resiste a posar sentado. -L a fotografía sentado es un signo de decadencia. Accede por fin. U n fogonazo... Otro... E l informador trata de aprovechar l a ocasión, amparado por el humo del magnesio, en el que quiere ocultar la vulgaridad de una pregunta comprometedora. ¿Qué cantante le parece a usted mejor de los actuales? E l gesto del gran barítono se pierde entre la niebla que produjo el fotógrafo. ¡Señor R u f o ¡Señor R u f o! Es un botones del hotel, que vocea: ¡Señor ¡Rufo, al teléfono! Y Titta Rufo, comprensivo y amable siempre, dibuja otra sonrisa- -ésta le pertenece al muchacho- y se encamina al teléfono, después de dirigirse al informador: ¡C o l! permiso... ¡M e l aman... LEANDKO B L A N C O 1