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RCIO POR PAUL B C VII R G E T XDe l a A c a d e m i a F r a ncesa. (CONTINUACIÓN -H a y una, padre mío- -interrumpió la de D a r r á s con. una Iglesia Ü O tiene ésas complacencias. N o esperé usted escapar por energía que probaba c u á n t a importancia atribuía a aquella parte esa puerca, porque está cerrada... de su conversación- Sí- -dijo- hay una solución; que no puede- ¿Q ué hacer entonces. -exclamó la de D a r r á s juntando ser aceptada m á s que por un sacerdote de inteligencia muy ancha. las mam os en un ademán de angustia- ¿E s posible que Dios- -y Por eso he venido a sometérsela a usted... M i segundo matrimorecalcó testa palabra con infinito dolor- -me ordene abandonar mi nio no tiene validez ante la Iglesia ni la tendrá j a m á s mientras hogar, d estrozar el corazón de un hombre a quien amo, y que el primero subsista. Pero ¿y si el primero fuese anulado? L a me ama, y dejar a mi hija? Porque m i marido no me la daría y Iglesia no admite el divorcio, pero sí la anulación. Hace trece la ley ef taría de su parte... S i no, no hay vida religiosa y me años, cuando v i la posibilidad de ese segundo matrimonio, pensé está proí libido arrodillarme al lado de mi hija en un momento dirigirme a Roma, pero no lo hice porque m i futuro esposo le solemne de su juventud. ¿E s posible, padre, que l a ley humana repugnaba y yo misma tenía tan, poca fe... ¿E s ya tarde para hatenga m á s justicia y m á s caridad que la ley divina? Porque la cerlo? Puesto que la Iglesia me manda someterme a sus leyes, verdad e s que, cuando era yo tan desgraciada sin haberlo meredebe darme los medios. A l e g a r é los motivos que entonces hubiera cido, ia na me permitió rehacer m i destino leal y honradamente alegado, y que no han perdido su fuerza. Y a he dicho a usted que y la otre ¿exige que le deshaga de nuevo, apenas consiente en no mis padres me casaron. S i no me obligaron en el sentido material aprisiona j m e en un odioso pasado y. me prohibe repararle... ¡A h! de la palabra, la verdad es que. su presión influyó en mi voluntad, señor E. uvrárd, ¿cómo quiere usted que a l ver esa difereMcia. no luego no obré libremente. Y en todo caso no supe, ciertamente, con acudan a mi mente las objeciones que tantas veces he oído? Este quién me casaba; si lo hubiera sabido, hubiera preferido morir. renacimi ento de mi antigua fe, suscitado por el contacto con la Entre mi. marido y yo no se trata de un desacuerdo de caracteres piedad cMe mi hija, se anula y se borra, y la duda se apodera de ni de una. infidelidad. M e ha engañado y yo he perdonado. Pero mí. ¡H e i sufrido tanto desde m i visita al otro sacerdote! Pienso no he podido perdonarle el vicio m á s abyecto y m á s degradante que los adversarios. de la Iglesia tienen razón al decir que es un entre personas de nuestra clase. Aquel hombre bebía y la embria instrumento de opresión y de muerte, que el progreso se realiza guez le ponía furioso. Durante cinco años, y: a causa de m i hijo, sin ella y contra ella, que, al echarla de menos con tal nostalgia, he sufrido escenas horribles, en las que no eran las amenazas. ni soy víct; ima de Un. espejismo, y que la verdad no está allí... las brutalidades lo que m á s me: repugnaba. N o tuve fuerzas para- ¡N o hable Usted -así! -dijo vivamente el religioso. Y por escaparme m á s que el día en que mi vida y la del niño estuvieron un movárniento instintivo, su mano se posó en el brazo de su i n en peligro. M e había maltratado de. tal modo, que t a r d é semanas terlocut jora, como para detener la blasfemia- N o piense usted en reponerme, y había querido maltratar a mi hijo... Se lo preasí y, ¿sobre todo, no juzgue usted a Dios, porque eso sería cogunto a usted, padre mío, ¿había yo consentido en casarme con meter ton pecado contra el Espíritu, el único que no será perun loco furioso y dañino? ¿N o hay. motivo para hacer, anular un dona 4 Q, I. ¿Acusa. usted a la. ley de la Iglesia sobre el matrimonio casamiento en el que mis padres y yo habíamos sido engañados... de falta de justicia y de- caridad? -rcontinüó- Permítame una S i yo me comprometo a pedir esa anulación, que no puedo menos c o m p a r a c i ó n muy vulgar, pero muy clara. U n barco se encuentra de obtener; si. le afirmo a usted que lo h a r é todo: para decidir a delante de un puerto, al que quiere llegar uno de los pasajeros. mi segundo marido a autorizarme para ello, y si prometo que de P a r a efllo invoca los m á s altos intereses morales y materiales: el aquí a entonces, aun viviendo bajo su techo, permaneceré a su ver a ilin padre moribundo; el asistir a un pleito del que. depende lado. como una hermana, ¿n o q u e r r á usted considerarme como re, el porvenir de los suyos, ¡qué sé y o Pero se han presentado conciliada con la Iglesia? ¿N o podría yo confesarme y comulgar en el barco casos de peste y la autoridad prohibe el desembarco con m i hija, aunque no fuera m á s que esta sola vez... por mliedo al contagio. ¿S e r í a justo, sería caritativo acceder al ruego Jdel viajero, a riesgo de contaminar una población, de cien No- -dijo el religioso, moviendo la cabeza con una melanmil hpjibitantes? Evidentemente, no. V e a usted, pues, una circunscolía en la que l a lástima dominaba de nuevo a la severidad- tancial en la que la justicia y l a caridad exigen el sacrificio del N o podría usted. N i n g ú n sacerdote se prestaría a un compromiso interéá individual a! general. E s a es la pregunta que hay que que no descansaría en nada real. L o s pretextos que acaba usted hacerjse a propósito de toda institución para pedir su valor. de enunciar no permitirán siquiera interponer una demanda de P l a n t é e l a usted para el matrimonio! indisoluble. ¿Q u é responde la anulación. Usted, señora, cree que Roma tiene el poder de desatar razón- Que la sociedad se compone de familias y que lo que valen el lazo conyugal, y no es así. Roma reconoce que hay matrimonios nulos cuando lo son realmente, es decir, cuando no se- han esas familias vale la sociedad. Considere usted ahora las probabilidades de salud para la familia que lleva consigo el matrimonio Jlenado ciertas condiciones necesarias para la Validez del contrato conyugal. Esas condiciones están marcadas y definidas con una. indisoluble: reflexión seria antes del compromiso, puesto que es irrevocable cohesión m á s estrecha entre los antepasados, los paprecisión que no da ocasión a dudas. Consulte usted una obra dres; y los hijos, puesto que la sucesión tiene menos elementos hecualquiera de Teología moral y verá que. su. caso no. encaja en terogéneos unidad d é pensamiento en los miembros y continuidad eh ninguno de los previstos. Usted misma reconoce que su casalas tradiciones. Ese matrimonio es el agente m á s fuerte de la miento fué suficientemente libre al declarar que si- hubiera cofijeza de costumbres, -fue: a de la cual no hay m á s que anarquía nocido el horrible vicio de su marido no- se hubiera casado con y fiebre eterna. ¿Q u é responde la historia después de la r a z ó n? él. Luego h a habido consentimiento. Se indigna Usted contra ese vicio, y yó concedo que es detestable y asqueroso. -Pero no. cons- Que, en efecto, todas las civilizaciones superiores han propendido a la monogamia, y el divorcio no es la monogamia, sino la politituye un error sobre la persona n i es m á s qué una prueba. L a gamia sucesiva. N o quiero hacerle a usted un curso de sociología, Iglesia no le prometió a usted eximirla de éllas cuando bendijo pero ¿sabe usted lo que establece la estadística? E n los países en su matrimonio. S i esa era demasiado dura, tenía usted l a separaque existe el divorcio, el n ú m e r o de criminales, de locos y de ción, que l a Iglesia ha autorizado siempre. Pero no autoriza m á s suicidas es diez veces mayor entre los divorciados. S i hay una que la: separación, pues hacer m á s sería ir contra el. precepto, clapersona que, como usted, conserva en el divorcio, toda la delicaderamente formulado en el Evangelio, que prohibe los segundos matrimonios en vida del primer cónyuge. Comprendida como usted lo hace- la anulación no sería m á s que un divorcio hipócrita, y la (Se continuará. í 1