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DIARIO DO. ILUSTRA- DIARIO DO. S 1 M 10 ILUSTRA- A Ñ O VI G E- AÑO VICEOCTAVO CTS. NUMERO SI M O C T A V O 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D T O R C U A T O L U C A D E T E N A LAS FUERZAS VIVAS En una (La Bilbao se de ha organizado Sociedad mendigos. de Barcelona. Vanguardia, MISS ESPAÑA NI C O N T I G O N I S I N T I Lia. D i r e c c i ó n general de A d u a ñ a s comunica las cifras del comercio exterior en 1931, que a r r o jan, un d é f i c i t de 11.777.975.000 francos. La Prensa francesa. E s elegida Miss España l a señorita Cataluña E l e g i r una mujer no suele ser difícil para un hombre si no- tiene cjue dar cuenta a Y a era hora de que una clase social tan nadie de su elección. Elegir una mujer para prestigiosa abandonase l a acción individuabrindarla a las demás como ejemplo bello es lista para coordinar su actividad. E l mendi- ya encargo que a mí, como hombre, me prego, aisladamente, no rinde lo que debe n i ocuparía. E l mayor acierto del concurso, la se defiende con acierto. L a explotación de garantía lo estimo en las mujeres del J u rado. E l voto del hombre, en belleza de muesa inmensa e invisible mina que es l a comjer, es muy aleatorio. E l hombre no tiene pasión no puede fiarse al criterio personal. costumbre de mirar a la mujer con mirada E l pedir es un arte sujeto a una técnica de artista. E l hombre mira siempre en masque nuestros mendigos, educados en l a traculino. L e gusta o no le gusta; y casi nunca dición clásica, tenían un poco descuidada. sabe por qué. Pero n i cuando le gusta ha Todavía en el siglo decimoséptimo el vago triunfado la belleza, n i cuando no le gusta de profesión ponía en el ruego callejero unos le ha despegado l a fealdad. Influyen esos adarmes de literatura. U n aire colado en otros factores expresivos: l a mirada, que hora menguada me dejó fallo este brazo no tiene nada que ver con los ojos; el esdecía un postulante a l a puerta de una iglepesor de un labio, que no tiene nada que sia, con palabras que nos ha transmitido ver con el conjunto de l a boca; la luz de Quevedo. A h o r a l a mendicidad no sale de la Cara, que no tiene nada que ver con e l unas cuantas rutinas, que n i operan sobre color; la personalidad, que no es igual para nuestra imaginación ni influyen en nuestodos los que miran. Y luego, l a facultad tros sentimientos. U n a limosníta, caballero, de adivinación de los hombres, como compara medio panecillo. Tengo mucha hamplemento. de, lo que miran. S i en u n concurso bre. P o r pobre que sea el sentido crítico hay que elegir fríamente, doctrinalmente, y la inteligencia tiene que dominar a l a emodel transeúnte, desaprueba en su fuero i n ción, es un acierto de control l a opinión feterno una fórmula petitoria que ¿establece menina. un contraste demasiado grande entre el apetito y el medio de satisfacerlo. ¿Qué comE l ideal de belleza del hombre está i n pasión puede despertar un hombre que no fluido por l a pasión y derivado por las emoreclama sino medio panecillo? Con esa fórciones. E l hombre suele tener dos ideas esmula alternan otras igualmente incoloras y téticas: l a clásica y l a temperamental. Y monótonas: P a r a el pobre ciego. N o hay al opinar en un concurso, no le es fácil distinguir per cuál de las dos ideas vota, prenda como l a vista Aquí vuelve a senporque muchas veces se superponen y contirse el transeúnte en vena de contradicción. funden, y n i el propio interesado ¡as co ¿Qué es eso de que no hay prenda física de noce y separa. Solamente los pintores, a más valor que los ojos? U n a persona que fuerza de estudio y educación del gusto, no ve sé incomunica con el universo- casi dominando lo instintivo, consiguen el pertotalmente, y esa ruptura; visual; con todo lo fecto dominio. A un pintor muy reputado creado, si le priva de cientos goces, le ahole oí decir que le gustaban las mujeres delrra ño pocos disgustos. ¿Quién ncts acecha gadas para pintarlas. Y aunque no dijo unos metros más allá? EÍ pobre anciano, de más, expresó claramente que el hombre y tez rugosa, envuelto en tina Capa raída. E s el pintor no estaban de acuerdo en l a emoun episodio pictórico de Murillo. E l viejo ción de la mujer. prostático o catarroso no nos dice nada. Se Debe serle muy difícil al hombre, de u n contenta con alargarnos l a diestra maño que grupo de mujeres todas bellas, destacar cuál tiembla, descubriendo los breves paisajes que es más. Que no es lo mismo que decir cuál trazaron en ella l a arteriesclerosis y la mu- le gusta más a él. L a mujer tiene una m i gre. E s un hombre taciturno y reservado, que rada más analítica, de condiciones críticas pide con l a grave sobriedad del que reclama, más severas, más desapasionada. L o adjeel pago de una; deuda. E s el gesto que hace tivo no la impresiona como al hombre. Coel cobrador del tranvía ante el viajero... noce la belleza por propia. -y diaria observación; por lo que en ella vio o por lo que Y pare usted de contar. L a intemperie no en ella hubiera querido ver, en el íntimo da más de sí. L o s ejemplares de mendicanretrato del espejo. Están muy bien elegidas tes son pocos y rutinarios. Según el correslas mujeres en estos Jurados. ponsal de La Vanguardia- en Bilbao, los pordioseros de aquella villa han repartido Y está muy bien l a oportunidad de que sus elementos de acción por zonas o distrila belleza, que no tiene esos límites que. los tos, que es obligatorio respetar. E s a decisión hombres hemos puesto a los pueblos, ni se es inteligente. N o conviene que el mendigo sujeta á Estatutos, haya hecho d e j a sese mueva de un lado para otro, porque nos ñorita Cataluña M i s s España en un amdesacostumbra de su presencia. El pobre a plio concepto de universalidad. quien socorremos regularmente deja de ser para nosotros un conocido y se convierte O. C O R R O C H A N O eri un amigo, casi en un pariente. S i lo perdemos de vista, nuestra compasión pierde calorías y nuestra mano se empereza. E i ¡preciso que lo encontremos siempre en el mismo sitio, para que el reflejo muscular (le 2 a limosna no vacile... L a cifra es aterradora. Cerca de 12.000 millones de. francos deben ser saldados por Francia anualmente, en forma diferente a la normal de l a exportación de sus productos. Y como sus rentas en el extranjero han sufrido gravísimas quitas y aun totales pérdidas, los tiempos no son los más propicios para que el turismo supla unas y otras, y los servicios internacionales se reducen de día en día por l a política nacionalista, a Francia- -hoy por hoy- -no íe queda otro recurso, para mantener a l a par su moneda estabilizada, que l a importación de capitales. ¿E s solución del problema? Nosotros, si no en las mismas proporciones, hemos pasado también por esa situación, y algo podemos hablar de ella. L a importación dé capitales en l a época de la Dictadura cooperó a l a baja del cambio, sin duda alguna; pero al grito de alarma que de pronto resonó los depósitos oro alzaron el vuelo y quedamos en peor postura que aj iniciarse su flujo. Pues de los setenta m i l millones de francos a que asciende el encaje oro. del: B a n co de Francia, tan sólo una cuarta parte es l a afecta a la economía nacional, es decir, l a que garantiza l a circulación fiduciaria exigida por las necesidades interiores de Francia. E l resto corresponde a emisiones de billetes para canjear oro procedente del extranjero, que en cualquier ocasión puede ser. extraído. Francia, en otras palabras, no es l a propietaria de más ele tres cuartas partes del encaje oro de su Banco de emisión, sino simplemente su depositaría. Y los ejemplos de Inglaterra, A l e mania y aun los propios Estados Unidos de América no s o n l o s más propicios para que no se susciten inquietudes acerca del término de tan ingente acumulación monetaria. ¿Seguirá aumentando? ¿Desaparecerá rápidamente? Hasta el oro en demasía es cosa mala. España lo experimentó cuando el de América empezó a circular por el país. L o s precios de las subsistencias subieron escandalosamente. E n Francia y Suiza se reproduce el fenómeno a distancia de cuatro s i glos. H a y quien examina l a posibilidad de una apoplejía monetaria. Pero l a resaca no es mejor; díganlo las angustias de que he mos sido testigos hace poco. Una vez más los hechos nos corrigen inexorablemente. Cuando los pueblos desprecian las enseñanzas que l a verdad; p r o- encarj encirri. por ei EconC de- la conscg pueblo; de ore Ni i contra plritu. diga. ías Bermales 1 la- reaVifoX- Lea V, mañana f Q MANUEL BUENO