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El monumento a los chisperos madrileños. LA MUJER ELECTORA Hasta ahora la mujer española, dando un prueba de feminidad y de buen gustfj; ha v i vido al margen de la política. No ha deseado ni ha pedido, ni le ha importado un bledo compartir con los hombres la dirección de los negocios públicos. Aparte unas cuantas señoras y señoritas, animadas del plausible propósito de llevar a las leyes del oaís un poco de sensibilidad femenina y de que se legisle con un mayor sentido de. justicia por lo que respecta- a la mujer, -y otras, por suerte en menor n ú m e r o todavía, de izquierda y revolucionarias, capaces, si. se les dejase, de hacer extensivo a la nación el, desgobierno o la anarquía que es de presumir debe reinar en sus casas, partidarias del divorcio, de la República sin Dios, del presidio sin continencias, etc. etc. (en estos etcéteras pongan ustedes lo que quieran) las demás mujeres españolas han dejado a los hombres la- exclusividad de la política. E n E s p a ñ a no se ha producido el tipo de lady Pankhurst y lady Astor entre las cncrgúmenas, ni entre las equilibradas el tipo ¡nádame Roiand, lady Gladstone y miss M a c D o nald. Pero la absoluta inhibición de la mujer española en la política se ha acabado. E n adelante t e n d r á que acudir a los comicios v votar. M a l para ella es que tenga que intervenir en estas desagradables funciones ciudadanas, de las que a veces no vuelve uno a casa, pues a lo mejor por los prestigios del sufragio el buen elector pasa de su colegio al cementerio; pero peor sería que arrostrara esos peligros, y si no las inevitables molestias anexas al ejercicio del sufragio, sin saber lo que vota o por quién vota. E l secular- apartamiento de la mujer nuestra de l a política la tiene incapacitada para votar a conciencia de lo que hace. O no v o t a r á o lo h a r á según le diga el marido, el hermano, el novio. M a l en uno y en otro caso. Es preciso que vote, y vote con entera independencia y conscientemente. E n E s p a ñ a se da el caso que la mujer m á s ilustrada, la perteneciente a las clases socialmente superiores, la aristócrata y la burguesa, son las que nichos saben de política. A ésta le interesa, menos que el color de una combinación N o es fácil, pues, que voten, por lo menos, en las primeras elecciones que se verifiquen. E n cambio v o t a r á n) as extremistas de la derecha y de la izquierda. Estas, que están en mayoría en los distritos industríalas, movidas de un odio nacido, de privaciones y envidias inconfesadas, v o t a r á n sin faltar una por sus ideales, aquéllas, las de la extrema derecha, capacitadas o no para el ejercicio del voto, pero impulsadas y m a l aconsejadas por un fanatismo ancestral, ya no viable en nuestros tiempos, votarán también. Así, el voto femenino favorecerá los dos extremismos, sin que ahora se pueda prever cuál de los dos vencerá. Venga el que quiera, será tina desgracia, pues no es posible retroceder a los días de la ronda de pan y huevo y d e ¡V i v a n las cáenos! ni dar un paso más adelante sin peligro de caer en la barbarie. Importa, pues, que la mujer española se capacite bien de la alta función que está destinada a desempeñar en adelante. P a r a ello debe darse una educación política. N o es necesario que lea a Plutarco, Aristóteles, Platón, Maquiavelo, Quevedo, Saavedra F a jardo, Montesquieu, Tocquevilie, Benjamín. Constant, etc. y nada de l a brillante pléyade de sociólogos y economistas europeos y americanos, que han perturbado o mejorado el mundo desde- Stuart M i l i a Carlos M a r x De Ifcgel, ni las cubiertas. N o deseo que enloquezcan nuestras mujeres. P a r a v o tar a conciencia bastará con que se habitúen a leer la buena Prensa política. L o que no deben hacer es formar parte de Casinos políticos ni asistir a mítines y a banquetes de bandería. P o r poco que se entrenen en el conocimiento de la política, votarán consciente y ¡libremente. Pero hav que entrenarse. ADOLTO M A R S I L L A C t l El alcalde de Madrid ha propuesto al Ayuntamiento el traslado a la plaza de Lavapiés del grupo escultórico L o s chisperos, hoy emplazado detrás del paseo de Yeserías. Tres castizos al pié del monumento, junto al relieve qué representa, una escena de L a verbena de la Paloma. FotoSantos Yubero. Concurso de galgos en Jerez. Ha sido ganado por las perras Flamenca, de los Sres. Bohorques. v Jarana, de Domecq, que obtuvieron, respectivamente, el primero y segundo premio. Acompañan a los propietarios los socios de L a Ina. (Foto Castillo Garcés.