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POR PAUL BOURGET (De la Academia Francesa. (CONTINUACIÓN) za. de su pensamiento y de su corazón, l a mayoría l a habían perminos escapados al religioso, estrío degenerados y desperdicios dido o l a pierdan en él. Usted llama un progreso el reglamentar la habían ofendido y casi indignado. Pero entre todas estas emola sociedad con arreglo a una minoría de degenerados probables ciones, sólo una dominaba cuando el sacerdote acabó su discurso. y el buscar l a norma en lo que debe ser su desperdicio. L a ciencia Conducido por el rigor de su doctrina, acababa de expresar el prolo llama un retroceso... Acabamos de adoptar, obsérvelo usted, el nóstico m á s capaz de alterar a aquel corazón inquieto, en el que punto de vista de l a observación pura, porque he querido. que toempezaban a germinar secretos e invencibles remordimientos. H a c í a case usted con el dedo la identidad entre las enseñanzas de l a exmucho tiempo que la de D a r r á s estaba preocupada por el temor periencia y las de l a revelación. E n su esfuerzo por d u r a r l a sode una expiación suspendida sobre aquellos doce años de una feciedad va a parar precisamente a la regla de que la Religión ha licidad que ya no. se atrevía a considerar como legítima, y esa hecho un dogma. A l a luz de estas ideas, comprenda usted l a graaprensión constante entraba por mucho en su apasionado deseo vedad de l a falta que ha cometido aprovechando el criminal. arde reconciliarse con l a Iglesia bajo los auspicios de su hija. Cuantículo que han introducido en nuestro Código los destructores de do su interlocutor aludió a las pruebas que su marido y ella pol a familia. Usted se ha asociado a esa obra de demolición en l a! dían haber sufrido, la de D a r r á s se estremeció, pues la casualidad medida que l i a podido y ha sacrificado l a sociedad a su dicha i n había querido que una de las desgracias mencionadas por el sacerdividual. Usted y su segundo marido han constituido un tipo de dote fuese la que ella temía m á s a causa de justificados indicios. hogar anárquico, m á s peligroso por lo mismo que da, con sus E l relato al que esta escena sirve de prólogo no es m á s que el virtudes, un ejemplo de decencia en la irregularidad y de orden detalle de esa desgracia. Aquel acuerdo entre su secreta ansiedad en el desorden. Eso es lo que hace tan peligrosos los extravíos de y las palabras del padre Euvrard le había producido una sensación las almas que conservan buenas cualidades; su nobleza natural demasiado viva de advertencia profética para que conservase fuerlas sigue hasta en sus errores y caen sin envilecerse, por lo que za para discutir. ¿P a r a qué, además, puesto que tenía una respuesta propagan el mal m á s peligrosamente. N o busque usted en otra a su petición que no dejaba ninguna esperanza? parte la razón de las grandes dificultades que encuentra en su noble- -N o puedo razonar contra usted, padre- -acabó por decir- esfuerzo de arrepentimiento. M i d a usted el tamaño de su falta por N o soy m á s que una ignorante. H e venido a implorar de su caesas dificultades y dé gracias a Dios por no haberla castigado m á s ridad de, sacerdote una gracia que usted me niega. S u decisión me a usted y a los suyos... N o hace veinte años que l a detestable ley parece dura, pero l a acato. L a ha. apoyado usted en motivos que del Divorcio fué votada, y ¡s i viera usted las tragedias que. la se imponían a m i inteligencia sin dejar de desgarrarme el alma... he visto ya producir, yo, que confieso tan poco... H e visto odios Otra vez podré, acaso, formular objeciones que ahora no veo con fratricidas entre los hijos del primero y los del segundo matrila inteligencia, aunque las sienta con el corazón. M e ha dicho monio; padres juzgados y condenados por sus hijos; choques mor. usted que soy una excepción en el divorcio, y esto prueba que a tales entre el padrastro y el hijastro o entre la segunda mujer y sus ojos no son iguales todas las mujeres que se casan por sela hija de l a primera; celos del pasado, de un pasado viviente por gunda vez. T a m b i é n debe de haber grados en el rompimiento con. la existencia del primer marido, que es un suplicio para el segunla Iglesia. ¿N o hay un término medio entre el abandono de m i do... Y no hablo de la malevolencia, hipócrita o sincera, de un hogar, que usted me ordena, y l a incredulidad total en que he vivido mundo en el que, a pesar de todo, permanece intacto el respeto de tanto tiempo? L o qué yo quisiera, padre, es que, antes de despela unión cristiana... ¡O h qué desdichas... L a de usted no es l a dirme, diese usted alguna solución práctica a nuestra conversación. peor, puesto que v a acompañada de una gracia, que es haber re- -Y o no he ordenado a usted que abandone su hogar- -rectificó cobrado l a fe. E l día en que usted desconociera esa gracia sería Euvrard- por lo menos en este momento. S i usted quisiera hacuando h a b r í a que temblar. L a acción vengadora de D i o s e n la cerlo, le aconsejaría que reflexionase. Esto prueba que no se sale tierra no se realiza por acontecimientos extraordinarios; basta tan fácilmente de ciertos caminos. Tiene usted una hija cuya edu para ella l a lógica de- nuestras faltas, que contiene una parte necación religiosa se comprometería si usted dejase su casa. ¿D ó n d e cesaria e inevitable y otra accidental y como flexible que. l a P r o está la obligación m á s profunda? N o echaré sobre m í el zanjar videncia puede evitarnos. P o r esto he hablado a usted como lo he esa dificultad. H e dicho que los sacramentos le estaban a usted hecho, para que no piense m á s cómo he visto que pensaba. ¡H e prohibidos en sus condiciones actuales de existencia... Pero es tenido miedo por usted... muy cierto, sin embargo, que esas condiciones, por falsas que sean, llevan consigo deberes. E l cumplirlos es meritorio en cierto senL a de D a r r á s se había visto agitada por toda clase de sentimientido. L o es que no haya usted olvidado en el segundo matrimonio tos mientras oía aquellas frases que la humillaban en su segundo sus obligaciones para con su hijo. L o será que ofrezca usted a matrimonio, tan seriamente contraído, y en el que había concenDios las penas que resulten del segundo matrimonio, como, por trado su orgullo sentimental. L o que no era m á s que idea para ejemplo, l a de ver que otras madres van a la santa mesa y usted el teólogo, era para l a católica una realidad viviente y sangrienta. no. Puede usted hacer méritos, en el mismo sentido, por l a obserAquel lenguaje casi científico, en el que se transparentaban el vancia rigurosa de ciertos preceptos de la Iglesia, como las vigilias profesor y el apologista, l a había impresionado profundamente al y los ayunos. H e comprendido que su marido de usted está mucho recordarle innumerables conversaciones sostenidas por su marido m á s lejano de la religión... Sería en usted muy meritorio, sobre delante de ella, y ese recuerdo del hombre cuyo nombre llevaba todo, que lograse traerle... había sido una molestia, m á s en aquel minuto. S u marido se hubiera quedado cruelmente sorprendido si la hubiera visto en con- ¡Ñ o me pida usted eso, padre! -exclamó la de D a r r á s cuversación con aquel sacerdote, escuchando sin protesta tales m á x i yas facciones se habían descompuesto. Y r e p i t i ó- ¡N o me lo mas y sufriendo una influencia tan contraria a l a unidad moral pida usted! Para hacer méritos, como usted dice, no me costará de su matrimonio. E l mismo le había ponderado la superioridad trabajo nada del, programa que acaba de trazarme; pero n o p o d r í s de entendimiento del padre Euvrard, sin sospechar que aquellos hablar de cuestiones religiosas a mi marido ni mostrarle mi verelogios dirigidos al matemático contribuirían a aumentar su autodadero modo de pensar. H á g a s e usted cargo, padre; ni siquiera ridad sobre una mujer que nunca había apoyado sus necesidasospecha mis tormentos respecto de l a primera comunión de núes. des religiosas m á s que en razones sentimentales. P o r primera vez, un sabio se las sugería intelectuales. A l mismo tiempo, ciertos t é r (Se continuará. f