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N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO V I G E S 1 M O C TAVO. 5 5 ¡S ABC ál que ame más entre todos sea el de Hohlusdiwangau, allá en el alto país de los cisnes. E l doctor Gietl le reprende su inacción, sus paseos melancólicos bajo los abetos centenarios y sus largos éxtasis ante los muros adornados con- la historia del caballero Lohengrin. ¡Qué modo de perder el tiempo! -le dice- ¿P o r qué no se entretiene S u A l teza en lecturas agradables, en lugar de buscar la penumbra de estas salas para pasarse horas y horas aburrido... ¡O h yo no me a b u r r o! -l e contesta- ¡Imagino cosas muy bellas y eso me distrae! E l primer torrente en que se quiebra aquel N U M E R O EXTRAORD 1 N A R 1 0 20 C E N T S AÑO V I G E S I M O C Sombras: Hamlet, rey de Baviera S T E príncipe vino al mundo muchos s i glos después de que en Dinamarca muriera otro príncipe, loco. L o s días son hoguera en que se consume el v i gor de las razas, y parece que esa horrible manera de conservar cabezas humanas, empleada por los salvajes de América, no es sino el símbolo de que en el fuego de los años el hombre se achica y empequeñece... E l segundo Hamlet no tuvo la grandeza del primero; hasta se le encogió el nombre, que vino a quedarse en la rilaba única dé L u i s E l príncipe L u i s de B a v i e r a nace en tiempos de revuelta. S u abuelo el Rey L u i s I ha provocado al pueblo de M u n i c h con los desenfados de su favorita, L o l a M o n t e s y su corona cae, lanzada al aire por la española en un gracioso ademán de bolero. N o es esta revolución el dramático fin del Rey Claudio de Dinamarca. L u i s I resigna el Poder y va a encerrarse en sus castillos bávaros, por cuyos parques pasea, apoyado en el brazo de un chambelán, mientras recuerda, con voz que los años y la emoción hace balbuciente, la graciosa desenvoltura de la venus morena. E n la revolución dinamarquesa puede inspirarse un Shakespeare; en l a bávara, sólo un Strauss; l a primera, en un drama magníficamente sombrío; l a segunda, en una opereta. L u i s pasa por la niñez y llega a la adolescencia- sin conocer las dulzuras de esas edades. S u padre, el Rey M a x i m i l i a n o es minucioso y frío. E n él el niño príncipe no encuentra nunca al padre, sino al Soberano; ningún amigo de su edad viene a distraer sus horas, y la única palabra que sé le acerca con emoción de cariño es la de su profesor Gietl. E l carácter del futuro Rey se hace reconcentrado; su palabra es lacónica. su gesto, vago y somnolientol S u mayor placer, acaso el único, son los días de libertad en los grandes bosques que cercan los castillos reales de B a v i e r a acaso E LUIS II, R E Y D E BAVIERA LA EMPERATRIZ ISABEL DE AUSTRIA LA. P R I N C E S A SOFÍA D E B A V I E R A remanso de sus horas no lo produce una mirada de mujer, sino una tan. violenta i m presión de arte, que llega al espasmo do loroso. E n 1861 se canta, en M u n i c h por vez primera Tatinhauser y Lohengrin; el príncipe recuerda los frescos del palacio que se alza en el país de los cisnes y quiere contemplar con vida estas figuras que le hicieron soñar m i l veces, hundido en un r i n cón de sombras. L a música, el espectáculo, las. ideas del poema le hieren en tal forma los sentidos, que su ayudante dice después: ...Su estado era tan violento, que temí por un instante una crisis de epilepsia Cuando, en 1863, muere M a x i m i l i a n o y L u i s agrega a su breve nombre de príncipe esos dos caracteres que lo colocan en relación dinástica- -zancos en que se alza su grandeza, para mostrarse sobre las otras grandezas humanas- aún no ha olvidado la noche de Lohengrin. Su primer acto de autoridad es, como en los cuentos de hadas, enviar mensajeros en busca del cantor desconocido que le hizo gratas las horas de su cautiverio. L u i s II sube al T r o n o en marzo, y en abril Wagner se presenta ante el Rey. D e aquella primera entrevista salen los dos con las lágrimas en los ojos, porque el príncipe ha creído encontrar su amigo único, el corazón, que lo comprenda, el padre de su espíritu, y Wagner expresa estas mismas impresiones en una carta dirigida a sus amigos d e- Z u r i c h E l me. comprende como mi misma alma... del encanto de su mirada no os podéis dar una idea exacta Y más expresivo aún- con Bülow, termina de este modo sus confidencias: Y o creo que si él muriese moriría yo un momento después Se aman desde aquel instante con sentimientos tan extraordinarios, que no son comprensibles para espíritus de volar sereno. Como vuelan nuestros pensamientos igual a las aves, mirando hacia la tierra, no vemos de esos vuelos de águila más que su sombra entre las sombras, y las creemos aletazos de murciélago. W a g n e r y L u i s se aman con todo amor, y. el amor está hecho de abandonos, de confidencias, de celos y de olvidos. Con W a g n e r se instalan en la Corte bávara su cortejo de. artistas: H a n s Bülow, el famoso jefe de orquesta; el compositor Cornelius y, sobre todo, L i s z t con su h i j a Cósima, de la que dice R i c h a r d E s una joven dotada de prendas excepcionales, la imagen maravillosa de L i s z t pero superior intelectualmente a su padre E l maestro tiene al fin, como el niño del poema, encerrada entre sus párpados la estrella con que. soñaba en sus días de amargura. La- tertulia íntima, del Rey es la de sus amigos artistas; El anillo de los Nibehmgos ha sido, pagado espléndidamente por- cuenta del Tesoro real, y Semper, el arquitecto suizo, ha venido a trazar los planos 3 e un gran teatro wagneriar