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f i. DE LA VIDA ESPIRITUAL DE CASTILLA NA vez aquí- -recuérdelo el l e c t o r- -mostré con curioso detalle l a v i d a maravillosa de aquella venerable m u jer de Valladolid, M a r i n a de E s c o bar, que en el reinado de Felipe I V llenó Castilla y España con l a fama de sus profecías y el prodigio de sus videncias, una de las cuales, l a resurrección gloriosa de D R o d r i g o Calderón tras la infamante horca, tuvo resonancia universal. Releyendo ahora l a vida de l a virgen v a llisoletana hallo en su muerte un suceso extraordinario, por no decir, mientras la Iglesia no lo diga, milagroso, y muy de tener en cuenta, sin prejuzgar nada, para cuando, llegado el día, la Venerable culmine, si así Dios lo quiere, la cima de l a santidad... Y voy a referirlo. Pero antes, facilitando el relato, recordemos que la venerable M a r i n a de Escobar, aun siendo su vida, puede decirse, un éxtasis continuo, vivió siempre en el mundo, quiero decir que no fué religiosa. Conocidas son aquellas palabras de Santa Teresa cuando en Valladolid, con motivo de su fundación- -la cuarta de la S a n t a- -se l a presentó la m o z a ...Anda, hija; no has de ser monja, que Dios te quiere en el rincón de tu casa para cosas grandes... ¿E r a acaso otra profecía la que se enredaba en estas palabras de Santa Teresa? N o fué, en efecto, M a r i n a de Escobar religiosa, pero fundó una casa de religión: las Brígidas, donde hoy se guarda, con l a u n ción que puede suponerse, el brazo aquel que dio vida al dedo misterioso, origen, en su maravillosa aparición, del peregrino su- U EL D E D O M I S T E R I O S O DE L A VENERABLE M A R I N A DE E S C O B A R monio, ilustre por sus blasones como por su fe, doña Catalina Fernández de Córdoba y D L u i s de H a r o Hasta aquí el sucedido natural. A h o r a el extraordinario, que paso a relatar. Ocurrió en M a d r i d el año 1656, veintitrés más tarde de la muerte de M a r i n a de Escobar. Y lo conocemos por un documento coetáneo, auténtico e irrefragable, escrito por el mismo a quien l a protagonista del suceso acudió en esclarecimiento del misterioso caso, no conociendo, como no conocía, Valladolid, y no teniendo, comoi no tenía, noticia alguna de la persona n i de l a vida de doña M a r i n a de Escobar, circunstancia a favor para acrecer el prodigio de todo aquello. E n esta corte- dice ese documento- -hay una mujer de bien probada virtud, paralítica de un lado. Durmiendo una noche se le apareció una venerable matrona, cuya figura ella nunca había visto, y la d i j o S o y M a rina de Escobar, y de parte de D i o s vengo a darte la salud. H e aquí este dedo mío, que el obispo de Valladolid envió a doña C a talina Fernández de Córdoba, mujer de don L u i s de H a r o y que, engastado en oro, se libró de las llamas que destruyeron su casa, todas sus joyas y el engaste de oro. Todo se quemó menos este dedo, y yo te lo traigo para que por él, Dios, que es el autor de la salud, te la dé, y tú, de aquí en adelante, me seas devota. Mi cuerpo está enterrado en el Colegio de San Ignacio, de Vaüadolid. Después de las últimas palabras atribuidas a doña M a r i n a añade la vieja relación que la visión- desapareció súbitamente, y que la vidente, en estado perfecto de vigilia, s e gura de no soñar n i alucinarse, sintióse, t ¿V je ggsgSB U yi fll CK Vlf MAKJNA OÍ A N D A H I J A NO HAS D E SER MONJA, QUE DIOS T E QUIERE E N E L RINCÓN D E T U CASA PARA COSAS G R A N D E S (A N T I G U O GRABADO Q U E R E P R O D U C E L A IMAGEN D E MARINA D E ESCOBAR) D E S C A N S O E N L A PAZ D E L S E Ñ O R (SAN IGNACIO, E S C U L T U R A D E H E R N Á N D E Z E N L A I G L E S I A D O N D E ESTA E N T E R R A D A M A RINA D E ESCOBAR) ceso que voy, sin otro preámbulo, a referir. E l día 9 de junio de 1633 descansó en el Señor la señora doña M a r i n a de Escobar. Nunca más exacta la palabra descansar. L a vida de doña Marina- -más de cuarenta años en la cama- -fué un apretado abrazo de su cuerpo con el dolor, sin mitigación n i a l i vio, mantenido, según el parecer de su médico, el célebre Mercado, por una causa sobrenatural. Aquella mujer predijo, como tantas otras cosas, muchas del más alto interés para E s paña, su muerte. A n t e s de morir- -afirme) -tendré una suspensión tan grande, que todos me juzgarán por difunta, aunque no lo estaré, porque volveré en mí de ella. Y poco después moriré. Y a sabía ella cómo había de morir. A su espíritu había sido revelado con estas palabras, que ella pone en el libro de su v i d a Dígote que este tránsito será en breve, después de haber tenido una larga suspensión en el Señor. E n volviendo del éxtasis, la majestad de Cristo, con suma grandeza, se abrazará con tu alma. De esta manera, c r i a tura, será tu postrimería dichosa ¿Y se cumplió el vaticinio? H e aquí la carta del jesuíta Oreña, confesor de dona M a r i n a al conde- duque de Olivares, escrita poco después de morir aquélla, postrero trance que varios testigos presenciaron: Desde las nueve y media de l a noche del miércoles hasta el jueves, poco antes de las diez del día, comenzó a suspenderse en un rapto esp i r i t u a l L a venerable enferma volvió luego en sí. Y unos instantes después murió. Apenas muerta doña M a r i n a o cuando l a llevaban a enterrar, según otra versión, un devoto suyo en vida, Pedro Ganes, hermano de la Compañía de Jesús, cortó al cadáver un dedo, que fervorosamente guardó él obispo de Valladolid, y después el ilustre matri- A L A SOMBRA D E E S T O S A R C Á N G E L E S
 // Cambio Nodo4-Sevilla