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tos no eran otros que aumentar el número de ficheros y llenarlos hasta los topes de documentos perfectamente clasificados. E n su cargo de presidente hizo verdaderos alardes de organización: clientes, clasificados por nombre, provincia, antigüedad, importancia, solvencia; facturas ordenadas según cifras, beneficios o b t e n i d o s tiempos de pago, géneros servidos; cartas archivadas por ortografía, clase de papel, extensión del t e x t o etcétera, etc. A q u e l presidente sólo quería que la W tuviera tanta importancia en los ficheros como la A y que Barcelona no tuviera muchos más documentos que Cercedilla en sus correspondientes espacios. E l Gobierno de la nación se vio obligado a recompensar los méritos excepcionales de aquel hombre, que había impulsado a límites, desconocidos la industria nacional, y, al efecto, le concedí 3 la placa del M é r i t o Mercantil... Una linda joya de oro y esmalte, con una balanza desequilibrada en pedrería. Se celebró ¡a fiesta con gran solemnidad en los locales de la Compañía, repletos de un público ansioso por escuchar al h o m b. r e mañoso el secreto de sus é x i t o s Tras de imponerle la condecoración el representante del Gobierno y de r e c i b i r un ramo de flores de manos de las mecanógrafas, ante la estupefacción de todos y ante el desconcierto de su escasa familia, aquel hombre se explicó asi: -La experiencia me ha demostrado que el secreto de todos los negocios consiste en tener muchos ficheros repletos de clientes y muchos archivadores colmados de cartas y facturas. H e d i c h o señores. SAMUEL R O S (Dibujos d Barbero.