Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
imperiosa necesidad de elegir el continuador de C a l v o Asensio yo no veo otro que aventaje a Sagasta. E n aquel instante me sentí más satisfecho, más envanecido y más orgulloso que én ningún otro de m i larga vida política. ¿Verdad que es un rasgo digno dé admiración? ¿H a y nada más sentido, más romántico n i mas noble? Sagasta ¡había rogado á M a r i a n o que no entrase nadie en el estudio mientras posaba, porque temía que, sabiendo que allí pasaba las tardes, alguien que deseara hablarle intentaría verle, cosa que le violentaría, mucho- y le haría perder l a apacible tranquilidad, que 4 aquellos ratos disfrutaba. E n vista de su deseo l a consigna fué dada a la servidumbre de una manera terminante. Pero el hombre propone y lo imprevisto dispone. N o bien había concluido el relato que tanto cautivó nuestra atención, cuando Un criado ¡entró a comunicar a Benlliure que una señora deseaba verle con urgencia. Salió, y ¡a los pocos minutos entraba para decir a Sagasta que l a duquesa dé D e n i a se encontraba én l a habitación inmediata y rogaba, además de saludarle, ver el trabajo del artista. A g r a d a blemente Sorprendido, le contestó: P a r a l a duquesa Angela, m i buena y antigua amiga, no hay puerta cerrada donde y o me halle y salió seguidamente a recibirla, y reunidos entraron en el estudio. N u n c a había y o tenido ocasión de ver de cerca a la ilustre dama, aunque conocía muchas de. sus cualidades por las continuas referencias de Mariano, a quien ella quería con maternal afecto. A pesar de su ancianidad, se notaban en su semblante vestigios y remembranzas de hermosura, y en su porte una distinción y una elegancia verdaderamente nativas que los años no habían logrado desterrar. E n su conversación mostraba singular ingenio y una cultura general de más superficie que intensidad, que es patrimonio- de las personas inteligentes, que suplen l a lectura con los conocimientos que ofrecen los continuos viajes y el trato frecuente de los hombres de ciencia y de los grandes artistas. Podía decirse que era un ejemplar escogido y selecto de l a vieja grandeza española, que ha tenido el talento de adaptarse a las costumbres dé l a vida moderna. S u amistad con Sagasta, que era muy antigua y cordial, rebasaba los límites del afecto amistoso, completándose con una fiel y fervorosa adhesión política. H a y que tener presente que las tres casas d u cales de más esclarecido abolengo, Medinaceli, A l b a y Fernán N ú ñez, fueron siempre sagasfinas, y que el jefe liberal cuidó con esmero y gran habilidad que tales vínculos fueran cada día más estrechos. Quedó interrumpido el trabajo por una amenísima charla. L a duquesa felicitó a Sagasta, a quien hacía algún tiempo que no veía, por encontrarle bien de salud, y le habló en unos tonos de tal franqueza que solamente por ser ella quien era no resultaban indiscretos. Reurante ULTIMO RETRATO D E LA DUQUESA E N E L A Ñ O 1891 DE MEDINACELI cuerdo que le dijo con gran cariño: S a g a s t a y a somos viejos y necesitamos en l a medida posible alargar la poca vida que nos resta. Abandone usted. ya. de una vez la política. España y la libertad no pueden pedirle: más sacrificios que los que hasta ahora lleva realizados. Deje que yo me encargue de organizar sü vida en lo futuro. E l verano viviremos en m i residencia de L a s Navas, rodeados de aquellos hermosos pinares, cuyo saludable ambiente refrescará nuestra vejez, y los inviernos los pasaremos en Castillo de A n z u r a l abrigo de aquél, sol de Andalucía, que entona el cuerpo y regocija el alma. Y para que el partido liberal continúe su labor, aunque usted es insubstituible, instituya usted en vida heredero de su jefatura a Moret. N o creo que le asombre este consejo que yo me permito darle, porque ya sabe que, después de usted, es el personaje liberal que más a d m i r o Sagasta sonrióse bondadosamente ante; aquella atrevida petición, que nadie habría tenido la osadía de dirigirle, y le respondió r A n g e l a lo que usted acaba de decirme le ruego que no salga. de este círculo íntimo. S i yo siguiera su consejo surgiría repentinamente Un cisma en el partido. B i e n sabe usted, que conoce las luchas internas, de la familia liberal, que en bien de ella tengo yó el deber de sacrificarme y seguir dirigiéndola Cambió la conversación y hablaron ele tiempos pasados, recordando episodios yanécdotas, no sólo de carácter político, sino también de escenas de. la sociedad madrileña, demostrando los dos Una feli- r císima memoria, al traer o colación tantas y tantas cosas como ambos habían vivjdo. Aquella página de historia retrospectiva hubiera sido digna de ser copiada por un taquígrafo. N o quieroi ¡marcharme- -manifestó l a duquesa- -sin aplaudir el gran acierto que ha tenido usted al presentarse ante el artista para posar, conservando su aspecto natural y diario, sin cuidar de acicalamientos n i preparaciones. D e esa manera l a obra de arte reproducirá el verdadero Sagasta, tal como es y sin afectaciones de ninguna clase. L u i s (aludía; a su marido) fué más coquetón y presumido, porque días antesí de hacerle Mariano el busto tuvo la ocurrencia dé hacer un rapidísimo viaje a París para que el mejor peluquero parisiense le arreglara el cabello y l a barba. NATALIO RIVAS -DON PEDRO CALVO ASENSIO, FUNDADOR DE L A IBERIA Y DIRECTOR i
 // Cambio Nodo4-Sevilla