Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
UN DI V O R C POR PAUL BOURG T (De la Academia Francesa. (CONTINUACIÓN) la de los condes de Chambáult. Esas influencias diversas se havoz de su marido. Creyendo aplazar el momento de verle, le había bían manifestado en Darrás, áspero temperamento de plebeyo, hijo adelantado; pero elque estuviese al lado de su hija era encontrar de plebeyo, por un esfuerzo constante a fin de aumentar sin cesar desde el principio un asunto de conversación y evitar así la tursu fortuna, para que creciese el lujo de Gabriela. Esa incansable bación de. las primeras frases, cuyas revelaciones temía. Además, abnegación, pródiga en mimos y ardientemente tierna, se represurgió en ella una nueva inquietud, que paralizó de pronto la otra. sentó en la mente de la que había sido su constante objeto. Y sus Recordó que era viernes, día de análisis para Juana, que debía reemociones de esposa pasaron de pronto a la primera fila de su sumir, pluma en mano, la lección de catecismo del día anterior. sensibilidad y se sublevaron contra la inflexible ley católica. ¿Qué motivo habría tenido Alberto para ir a la sala de estudio No, no es posible- -se dijo- Dios no sería Dios si nos conprecisamente aquel día? denase a Alberto y a mí por habernos amado como lo hemos heCuando entró sin llamar, vio que su marido tenía en la mano cho... Acabo de sufrir una pesadilla. -No veré más a ese sacerdote, el papel en que Juana había empezado a escribir. L a luz de la que, con sus maneras dulces y su aspecto de bondad, es peor que ancha ventana iluminaba igualmente las caras del padre y de la el otro. Si la Iglesia fuese lo que ellos le hacen ser, no sería la hija, inclinadas juntas, y la madre se quedó admirada de su sedel Evangelio. N o yo no he hecho nada malo. No; esti amor tan mejanza, que no era siempre tan completa. L a nervosidad de la leal y tan fiel rio está maldito. Quiero encerrarme en. él y. vivir muchacha se conocía en que su movible fisonomía se había modeen él de nuevo por completo. Quiero que él me baste como desde lado instintivamente sobre la de sti padre; tanta era la emoción hace tanto tiempo. Lo quiero... que le producía su insólita presencia. E l ingeniero era un hombre No había acabado de pronunciar estas palabras de firmeza, de cuarenta y siete años, en otro tiempo moreno, como atestiguaba cuando una impresión del orden más humilde le probó qué poco su bigote negro, mientras que el cabello estaba ya blanco. Los aplas- capaz era de fijar su sensibilidad enferma en una resolución estatados pómulos de su cara casi aguda dejaban adivinar una osable. Le. bastó ver en el vestíbulo el sombrero, los guantes y el gamenta fuerte, la de una raza de montañeses, y la llama sombría bán de su marido colocados en la mesa con el meticuloso cuidado de sus ojos, así como la delgadez de la silueta y la tez mate, deque Darrás empleaba en todas sus acciones. Había salido después cían que aquellos montañeses eran del Mediodía. Aquel cuerpo de almorzar, para ir a la oficina, de la que nunca volvía hasta las esbelto, de finas extremidades, tenía algo de árabe. L a familia de cinco. Y eran las tres y media. En el tumulto de sus pensamientos los Darrás era originaria de Sisterón, antigua plaza fuerte muy contradictorios, Gabriela no había previsto que iba a encontrarse lejana del mar. Pero la Provenza ha sufrido tantas invasiones delante de Alberto todavía vibrante de emociones, que debía oculsarracenas, que se encuentran por todas partes esos tipos a los que tarle a toda costa, y sin haber tenido tiempo para serenarse. Nc no falta más que el albornoz y el turbante para que aparezca ei pensó en preguntarse la causa de aquella vuelta inesperada. La idea beduino en el hombre civilizado. Acaso el ardor fanático que hade que dentro de un minuto iba a encontrarse con él y a sufrir cía de la incredulidad de Alberto una religión al revés provenía, sus preguntas sobre el empleo de aquellas primeras horas de la como sus facciones, de ese antiguo atavismo. Acaso también hatarde la alteró de tal modo, que su voz temblaba al decir al criado: bía heredado las pasiones de algún antepasado que tomó parte en- ¿Hace mucho tiempo que el señor está en casa? las guerras de la Liga, que fueron terribles en aquel apartado rin- -Diez minutos, señora. cón de Francia. Semejantes hipótesis son tan aventuradas, que ¿Me habrá visto salir. de la calle de Servandoni? -pensó- apenas se atreve uno a enunciarlas, pero dominan, sin embargo, Si se me hubiera acercado, ¿qué hubiera yo respondido? ¿Qué voy en las porciones inconscientes más profundas y más efectivas dp a decirle cuando vea mi turbación? Leerá en mis ojos que nuestro ser. Juana tenía esos mismos ojos ardientes y íma cabemiento... Y llera negra de reflejos azulados. Una sangre del Norte, la de su En aquel matrimonio de tan completa intimidad durante tantos madre, corría bajo su transparente cutis, y, excitada por la timianos había la costumbre de que el que volvía a casa después fuese dez, teñía sus mejillas de una púrpura sonrosada. E l padre, con a ver al otro. E l primer piso del hotel, reservado para ellos dos, la fácil costumbre de un hombre de oficina, seguía con el dedo, estaba dispuesto de tal modo, que casi necesariamente tenían qr; e- línea por línea, la lección de la niña y hacía observaciones cuyo oírse ir y venir. Se componía de cinco piezas: una gran alcoba, carácter hubiera debido tranquilizar a Gabriela, pues se referían un vasto tocador para ella, una habitación en la que él se vestía y a detalles de un orden material. dormía a veces en un canapé transformable en cama, un saloncillo- -Ten cuidado de no hacer las como las n- -decía- pues es y una biblioteca y cuarto de fumar, en la que él estaba casi siemimposible distinguirlas. Juzgue usted misma, fráulein. pre. La gran escalera, guarnecida de alfombras y de plantas, terY entregó el papel a otra persona que estaba en pie detrás minaba en una antecámara abierta, a la que salían las diferentes de Juana y cuyos rasgos revelaban un origen germánico. La señopiezas. Allí se detuvo Gabriela, cuyo corazón palpitaba apresuradarita Mina Schultze, tan intimidada como su discípula, respondió: mente... Alberto estaba allí, detrás de una de aquellas puertas, y- -Es que Juana escribe mucho en alemán, señor Darrás, y acaso conocía su presencia por el ruido de la campanilla... A l ver ya sabe usted cuánto se parecen nuestras n a nuestras u... que la puerta no se abría, quiso aprovechar aquel respiro para que La entrada de Gabriela serenó al mismo tiempo la fisonomía mediase un poco más de tiempo entre su emoción y, la entrevista, de la pobre institutriz y la de la muchacha. E l marido no pudo y pensó en subir al segundo piso a dar un beso a su hija, que dedisimular cierta mojestia. A aquel hombre tan leal como sectabía de estar estudiando. L a madre había obtenido de Alberto que rio le repugnaba el que pareciese que vigilaba una instrucción no enviase a Juana a un Liceo de señoritas y que la dejase trabareligiosa que se había comprometido a respetar. L a frase con jar en casa bajo la dirección de una institutriz. Un profesor d que acogió a. su mujer fué como un protesta contra esa supouno de los grandes colegios universitarios iba cada ocho días a sición. poner en armonía sus estudios con los de la clase que debía ser- -He subido a preguntar a Juana si sabía cuándo volverías... la suya, y a esto se limitaba toda la injerencia del librepensador en una educación abandonada a su mujer, pues así lo había pro- -Y yo, he dicho a papá- -añadió la niña- -que no podías tarmetido. Era muy raro que entrase en la sala de estudio; por todo, Sy continuaré- ello Gabriela quedó muy asombrada- al llegar a la. puerta f oír l a
 // Cambio Nodo4-Sevilla