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La colonia belga ha obsequiado con una comida de despedida al embajador de su país en Madrid. (Foto Portillo) El ministro de Marina, Sr. Giral, ka marchado a Ginebra para asistir como delegado de España a la Conferencia del Desarme. (Foto Albero y Segovia. deben tener un c a r á c t e r personalísimo, i n delegable e intransmisible l Y qué culpa tienen, sobre todo, los anunciantes y los lectores? Cualquiera que esté enterado de lo que son periódicos de gran circulación sabe de sobra que sus lectores no tienen entre sí ni con el periódico una forzosa solidaridad ideológica. U n periódico bien hecho circulará siempre mucho, cualesquiera que sean sus ideas. Y la mayor parte de los lectores no leen los artículos n i los sueltos políticos. H a y quien compra un periódico para ver las esquelas de defunción (empezando por los cocheros que brindan sus ser vicios en las casas mortuorias donde se suplica el coche) otros sólo leen los crímenes y los sucesos; otros, los mercados; otros, las cotizaciones de B o l s a otros, las revistas de toros; otros, las de fútbol... ¿E s justo que la imprudencia de un escritor o el descuido de un director o redactor jefe vayan a pagarlo personas absolutamente inocentes que viven de su trabajo honrado y a quienes se condena a paro forzoso? ¿E s justo que en una democracia se prive al público del derecho sacratísimo de leer el periódico que le venga en gana? ¿Merecen el mismo trato la libertad de escribir y la libertad de leer? E s t á bien que, si lo exige la defensa de la República, se condene al escritor antirrepublicano a que no se le l e a pero ¿por qué se castiga a los demás escritores que trabajan en el mismo diario y a. los numerosos lectores que les leen? Con muy buen acuerdo el Gobierno ha humanizado, la ley de Defensa de la República en materia de deportaciones y confinamientos, y ha desistido de mandar a varios españoles a Fernando P ó o Sería también justo que humanizase ei régimen de Prensa y que no se imponga a los españoles que escriben y a los españoles que leen vejámenes inútiles que no son necesarios para la defensa de la República. ANTONIO R O Y O VILLANOVA J PROBLEMAS ÜONALES E l camino de la paz Estamos en vísperas de una nueva Conferencia del Desarme. E s p a ñ a se dispone a acudir a ella en autorizada representación, rindiendo sincero tributo al espíritu pacifista a que la convocatoria parece obedecer, más que obligada a cooperar efectivamente a su sentido libera! E s hora de que todos pensemos un poco en el siniestro destino de la periódica guerra a que la Humanidad diríase condenada en lo que v a de historia; de que nos abandonemos un momento a la dulce ilusión de una nueva H u m a nidad liberada de t a m a ñ a pesadilla... No. deja de ser curioso, como caso de psicología colectiva, lo que sucede con esta cuestión del desarme. Hasta hace unos años pasaba a guisa de aforismo axiomático, como garantía suprema de la paz internacional, aquello de Si vis pacem, para bellnm (si deseas la paz prepárate para la guerra) A despecho de su paradójico aspecto, semejante fórmula parecía encerrar la quintaesencia de la sabiduría diplomática decantada a través de la m á s sutil psicología. ¿Quién duda que el espíritu belicoso, el instinto de agresividad innato en el ser humano, individual o colectivo, brota pujante ante la perspectiva de la debilidad del adversario, de la impunidad consiguiente a los desmanes guerreros? Quien, por el contrario, vislumb e uija fuerte resistencia, quizá una reacción orensiva de superior empuje ante el gesto agresor, se m i r a r á muy bien antes de esbozarlo, de comprometer lo mejor de su vida nacional en una loca aventura. Pues bien; a l a consigna del m á x i m o armamento como índice, ¡quién lo diría! del espíritu de paz y prenda de su eficacia, sucede hoy la propuesta del desarme, inspirada seguramente en una psicología a ú n más fina que la anterior, va que sobre la sinceridad del pacifismo a que una y otra obedezcan no cabe hacer distingos. ¿Q u é mayor tentación para una nación armada hasta los dientes que la de buscar donde sea mi blanco digno de sus arrestos, capaz de poner a prueba lo arrollador de su capacidad sojuzgadora? S i en el ritmo evolutivo de los seres vivos cabe suponer que, en ocasiones, la función llegue a crear el órgano, ¡cuánto m á s ciertament; habremos de decir que todo ó r g a n o plenamente desarrollado- -en este caso l a organización bélica- -reclama periódicamente er ejercicio de su función! Y si en el orden jurídico i n tranacional el desarme de los individuos es condición normal de su pacifica convivencia ciudadana, ¿no cabrá esperar una eficacia análoga del desarme colectivo en el concierto de la vida internacional? A s i fuera, seguramente, si los resortes morales internos de la vida nacional y de la vida individual hubieran logrado análoga entonación. Desgraciadamente, el rango ético de la conciencia individual y el cíe la conciencia nacional se. muestran todavía bien desnivelados. A l paso que el valor de los individuos y aun de las sociedades se cifra en ía elevación espíritu? y en la v i r tualidad expansiva de su cultura, la grandeza de los Estados continúa sobre todo midiéndose por la extensión de sus conquistas y ia pujanza dc- su dominación. M i e n tras en las biografías de ios hombres ilustres resultaría grotesca la apología. de su vigor muscular y de sus por ventura destructoras hazañas, nuestras historias nacionales aparecen casi exclusivamente consagradas a la exaltación de las empresas bélicas. Y cuando la apelación a la fuerza es co derada en la vida de los individuos como una triste necesidad impuesta por el
 // Cambio Nodo4-Sevilla