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dos. Y o he podido observar que, pronunciando cerca de sus órganos auditivos, llegan a oír. Cómo pudo hacer tal observación? -Por un hecho que se desarrolló siendo yo profesor del Colegio de anormales del paseo de la Castellana. E r a alumno de este colegio un niño de unos cinco o seis años, apellidado Marios, de la familia del inolvidable D Cristino. Con objeto de halagar al niño para que acudiera a las clases, cosa a la que él se resistía, le daban a diario sus familiares un juguete, que él mostraba, orgulloso, a sus compañeros de escuela. U n a m a ñ a n a llevó una soberbia capa de torero, con la que dio. varios lances escalofriantes a un toro imaginario. Otra mañana- -aquí viene el hecho- otra m a ñ a n a se presentó con un puñado de detonantes, conocidos vulgarmente por garbanzos de pega y cuando sus condiscípulos se hallaban de espaldas a él, los a r r o j ó violentamente al suelo, haciéndolos estallar con gran lujo de detonaciones. E l efecto fué inesperado en una reunión de sordomudos; todos ellos, sin excepción, se llevaron las manos a los oídos para tapárselos fuertemente y prorrumpieron en esos g r i tos y voces inarticulados peculiares de los anormales de esa clase. Y o pude compro- bar entonces que la explosión no llegó a ellos por trepidación (ya que un detonante de esa especie rio tiene fuerza bastante para tal efecto) sino por conducto auditivo. ¿C r e e usted entonces que oyen? -Firmemente; y opino que debe aprovecharse esta facultad para su enseñanza. S i yo dispusiera una escuela mixta de sordomudos y ciegos, pondría a éstos frente a aquéllos en la clase y haría que los ciegos cantaran sus lecciones, como lo hacen ahora. Estoy seguro de que, por el movimiento de los labios y por lo que pudieran percibir con el oído los sordomudos encontrarían m á s facilidades para llegar a hablar. ¿Y su instrucción podría ser superior? -Desgraciadamente, no, porque su condición se lo impide. L o s sordomudos se redimen vínicamente con talleres. ¿Seguimos con el empleo de sus horas? -Encantado. Cumpliendo esta misión de enseñar a los anormales estaba hasta la una ele la tarde, hora en que regresaba a casa a comer. A las dos volvía a presentarme en la Escuela para ver cómo se desarrollaban las clases artísticas y de taller, que se daban hasta las cuatro. ¿Terminaba aquí su vida oficial? -Y empezaba la particular. Daba algunas clases privadas o en colegios. A s í llegaba a la noche. Después me retiraba a m i domicilio y me dedicaba a mis estudios particulares. ¿H a sido usted objeto d é alguna distinción en certámenes? -F u i premiado en Exposiciones celebradas en Madrid, Palencia y Bilbao. ¿H a n logrado destacarse algunos de sus alumnos? -H i c e maestros a los ciegos Domingo Rodríguez, Valentín Riera, Isabel González y Matilde Pando. Riera fué el primer ciego que se examinó de m e c a n o g r a f í a hice excelentes copistas, que hoy se ganan la vida con su profesión; algunos han copiado obras para Bemvente, los Quintero, F r a n cos Ro clríguez, Azorm, Salaverría y algunos m á s Creé enseñanzas en la Escuela, que luego han copiado las similares de P a rís, tales como joyero engaitador y mecan o g r a f í a inspiré las cantinas escolares y ejercí la acción postesc olar con mis alumnos, buscándoles colocación en talleres... P a r a terminar, el Sr. M o l i n a nos muestra el aparato llamado pauta, que se u t i l i- za para la escritura con punzón, que invent ó L u i s B r a i l l e nos enseña diversos modelos de escritura Mascaró para ciegos, realizada con trazos y puntos, y del sistema Lloréns, que se verifica con trazos solamente. L a s letras en. relieve de este sistema son inteligibles también para videntes. -Escribiendo en la pauta a golpes de punzón y de derecha a izquierda- -añade- se hicieron los m i l volúmenes de l a Biblioteca para ciegos. ¡C u á n t o s afanes para l o grarla! Muchas veces traje conmigo a casa seis o siete ciegos y les dictaba seis o siete obras al mismo tiempo. A s í se logró la B i blioteca, y así he conseguido algunas felicitaciones, y sobre todo la satisfacción de haber cumplido con m i deber. Y el viejo maestro adopta el gesto sereno del que supo cumplir su misión y ha recibido el mejor premio: el aplauso de su propia conciencia. L a compañera de su vida, la virtuosa señ o r a doña Marúi Feliú- Badaló Gómez, que compartió con él las horas de amargura y las horas de triunfo, sonríe ante el objetivo de Duque... LEANDKO BLANCO Clase general de la Escuela. En la educación del sordomudo hay que desterrar, en primer términoj los signos con las manos. El ideal en una escuela mixta sería que los ciegos cantasen siembre sus lecciones ante los sordomudos. Estos, por el movimiento de los labios y por lo que pudieran percibir con el oído, encontrarían más facilidades para llegar a hablar. Clase de música. (Fotos Duque.
 // Cambio Nodo4-Sevilla