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í ABRAQUE. SÁNCHEZ O C A X A PRESENTACIÓN D E CISNEROS A I S A B E L L A CATÓLICA POR. E L C A R D E N A L MENDOZA Ü B O un tiempo en que E s p a ñ a se preocupó de- engrandecerse... Tocaba el medievo a su confín. Resplandecía el horizonte con los barruntos de una etapa venturosa. U n x ü ó g r a f o de M a guncia empezaba a usar tipos movibles para imprimir libros. Constituíanse las grandes nacionalidades sobre las ruinas del feudalismo humillado. L a invención del astrolabío y de la brújula cambiaba el arte de navegar, y gracias a ello un Nuevo Mundo i n corporábase a la civilización europea. Los Reyes Católicos habían reunido bajo su cetro la totalidad de E s p a ñ a basta entonces dividida en multitud de ranerillos. A r d u a labor, que la inconsciencia, andando siglos, debía destruir. L o s nobles turbulentos estaban domeñados, y Boabdil el Cinco gemía al abandonar para siempre la A l c a zaba granadina, donde ya tremolaba, orgulloso, e! pendón castellano. Para premiar los méritos del confesor de la Reina, Fernando de Talayera, le fué conferido el arzobispado de Granada. I m p o n í a- se la precisión de substituirle en. su cargo anterior; ditic. il empeño, porque la Soberana quería que el rector de su conciencia reuniese condiciones nada comunes. Consultado sobre el particular el cardenal Meadoza. arzobispo de Toledo, recomendó como substituto de T a l a v e r a a un fraile franciscano de cuya ciencia y prudencia respondía. L l a m á b a s e Gonzalo Jiménez de Cisneros, si bien al ingresar en la Orden h a b í a trocado su nombre por el de Francisco. H i riéronle presentarse en la Corte, y fué preciso para lograrlo que se lo maridasen terminantemente, pues su modestia y desprecio del mundo inducíanle a no salir del retiro en que vegetaba, dedicado al estudio y la oración. D e s p u é s de breve entrevista con el fraile, la Reina quedó admirada. N o fu ¿injusto en sus elogios el cardenal Mendoza. S i de algo pecaron sería de pálidos é insuficientes. Desde aquel momento fué a d m i t i d o como confesor- de doña Isabel, quien, no sólo- le abría su conciencia, sino tambi én le consultaba los m á s a r d u o s negocios de Estado, en busca de consejos, que siempre siguió, como inspirados, que estaban en la m á s estricta justicia. A l morir el cardenal Mendoza, los R e yes designaron p a r a sucederle a fray F r a n cisco. Mas, conocedores de su modestia, no quisieron c o n t a r con él, y dirigiéronse F J O V E R L A C O N Q U I S T A D E O S A N (F O T O KTJIZ VEKNACCl) n- ii- irn- r r- MÍ r: r r n r ir ir l r
 // Cambio Nodo4-Sevilla