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ABRIGO D E TERCIOPELO NEGRO, ADORNADO D E ZORRO PLATEADO. MODELO PREMET C R Ó N I C A DE PARÍS. EL ARTE DE SER ABUELA UE los manes de Víctor Hugo se tranquilicen, porque no se trata de plagiar esa parte de la obra del poeta titulada L art d étre grand frbre. N o este título se me ha ocurrido porque una abuelita verdadera, es decir, una señora anciana, es una rareza en nuestros días, y para procurar la resurrección de estas figuras desaparecidas es preciso elogiar sus encantos y hablar del arte que se puede desplegar; quizá así se decidan a no volver a teñirse el pelo, a renunciar a sus ricillos locos, a ves- Q (Dibujos d e C a r l o s S. de T e j a d a tirse como conviene a su edad y a convertirse en lo que son, encantadoras viejecitas de pelo blanco, elegantes como cuando tenían veinte años, pero vestidas de obscuro, con trajes severos. E l objeto de mi charla es entrar en razón a las recalcitrantes. Señoras, estamos solas, nadie nos escucha; permítanme que las mire en el espejo, no para admirarlas, sino para criticarlas; la cosa será fácil si ustedes suponen que están contemplando a su enemiga; entonces descubrirán ridiculeces llamativas, y de ahí a descubrir lo que conviene a su situación no hay más que un paso. Pronto se arrepentirán de! pasado y. desearán ser esa encantadora viejecitá que todas admiran, y respetan. Llega justo en el momento en que ustedes vacilan; no saben adonde dirigirse, y yo les traigo su- moda. Hela aquí. Primero hablemos de la línea general. Nada de cuerpos ajustados, nada de cintura ceñida; ésta debe indicarse con el cinturón