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de, se gana, se desvaloriza, sufre cambios y vicisitudes; pero el trabajo de un hombre que puede producir... ¡ése es. un capital, mi amigo, que la ley no previene y... que se le escapa a E s paña! ¿Ño lo cree usted así también? E l oficial de Carabineros no me da su opinión. Hace bien. E l está allí para que la ley se cumpla. A l cumplir él a sii vez con su deber ha puesto a salvo su responsabilidad. E l- Cristóbal Colón. E l capitán Fano. Timbres. L a sirena. E l barco avanza por la ría. Pasa la barra. Y a está en el mar. D i choso aquel que tiene su casa a flote... A l internarse en el Ccéa- no se percibe una sensación de libertad, de liberación. Desaparece la pesadilla obsesionante que en tierra asfixia. Agua. Cielo. E l azar. L a vida, meciéndose sobre las olas. E n derredor, el misterio. Atrás, España, con sus interrogantes. Delante, d. mundo, con su cabalística eterna canción de porvenir desconocido. L a noche. Los pasajeros van surgiendo. Todos nos miramos con curiosidad creciente. Vamos catalogándonos. Primera. Dos o tres figuras interesantes. Muchas familias de españoles que pasaron el verano en E- spaña y se van a pasar el invierno a Cuba. Allá hicieron su capital. También ellos, como el- señor del tren, salieron de España un día porque en España no encontraron el calor afectuoso de la madre Patria. Y si sirvieron fuera de España para hacer dinero, ¿por qué España los dejó marchar? Segunda. Familias más modestas, pero también con la fe en el porvenir, visto y vivido desde fuera de España Añoran todos s u Cuba su Méjico y, ¡eso sí! todos quieren mucho a su España Tercera. Emigrantes. Saben que C u b a está m a l y que en Méjico también hay crisis; pero allá tienen tocios parientes, y España ¡está tan mal con eso de las huelgas... ¡N i un solo aventurero que vaya en pos del Eldorado de espejismo que América representó para España desde la conquista! Esos tipos van desapareciendo. Se conocen demasiado las historias de los que tienen que repatriarse por no poder v i v i r allá E n un rincón de l a última categoría del barco, una polizona U n a mujer que v a a unirse a su marido, que está en Cuba. L l e v a un hijito en brazos. Se deslizó en. el buque en Gijón, aprovechando el tumulto de la huelga y la vigilancia de hombres que se estableció en derredor del puerto. Conocía a una pasajera de a bordo. Entró al barco para despedirse de ella Y se quedó. Pasan los días. E l mar, agitado, va inmovilizando a los pasajeros. Los camarotes están repletos de mareados. L a orquesta de a bordo comenta musicalmente el rumor de las olas y el ritmo lúgubre de las arcadas. Nochebuena. E n el comedor del buque se cena silenciosamente. Se balancea el vapor, dando la sensación de la insignificancia humana ante las energías poderosas de la Naturaleza, más fuerte que la voluntad del hombre y, sin embargo, dominada por su inteligencia. Las doce de la noche. E n el hall moruno del barco se ha instalado un altar. V a a celebrarse l a misa del gallo U n a cam- El Sr. Madraso, seguno oficial del Cristóbal observa la altura del sol científicamente. Colón, pana anuncia a los pasajeros que el oficio divino comienza. E l buque vibra cuando la hélice salta en el aire porque una ola lo lleva en el espacio. V a n surgiendo desde todos los camarotes los pasajeros. Se colocan silenciosamente ante el altar, que resplandece. U n a imagen de la V i r g e n rodeada de lucecitas, reconcentra la atención de todos. E l capellán de a bordo, revestido para la misa de medianoche, pronuncia las primeras frases del rito. U n marinero le ayuda. Hombres y mujeres, con recogimiento exaltado, asisten a aquel acto emocionante, que se rea a con gran sencillez y sublime expresión. Detrás del altar la orquesta de a bordo toca melodías suaves. E l sacerdote v a desarrollando todo el proceso de la misa. E l barco salta sobre las olas bravamente. Zumba el viento con tonos armónicos de impresión feroz. L a campanilla del marinero indica a los fieles los momentos destacados de la misa, como guión espiritual entre la pauta del rito. H a y un silencio solemne. Nadie habla. L a voz emocionada del capellán murmura las frases l i túrgicas. Fuera el viento compone el contrapunto potente de la Naturaleza, que recuerda a los hombres su pequenez. Se oyen algunos sollozos mal contenidos. Y veo lágrimas deslizarse por rostros curtidos, que el trabajo de muchos años endureció. E s toy seguro de que en aquellos instantes todos estamos sujetos a un mismo pensamiento. Todos pensamos en los nuestros que allí o allá también piensan en nosotros, 1 La misa del aaüo a bordo. 9 ADELARDO F E R N A N D E Z A R I A S A bord -del Cristóbal Colón, -diciembre, 193
 // Cambio Nodo4-Sevilla