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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E S IM OCT AV O 10 CTS. N U M E R O f XLJ J II J MmmJ W 1 L m DIARltO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SIMOCTAV O 30 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i. D E J U N I O Í E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A P E R O ¿PODÍA S E R O T R A COSA? Muchos son los. que con el filósofo y retórico por antonomasia (quien, por cierto, podía reeditar con oportunidad y éxito su bello ensayo Bajo el arco en ruina) j a. vista de la desagradable realidad repiten defraudados: -i No era esto... ¡Nó era esto! En los que: viven en las nubes o en el. Olimpo es explicable la sorpresa: el mundo con sus impurezas; guarda esas decepciones para los que candidamente creen que un sistema político puede tejerse con nieblas de fantasías y jirones de sueños. E n los que pisan tierra no tiene justificación el desencanto. Lo que es, es como es... porque no podía ser, de- otra manera. No fuimos pocos los que, sin don de profecía, vaticinamos lo que iba a ocurrir, inexorablemente, si se cumplía el deseo revolucionario. E l fruto corresponde al árbol; el efecto, a la causa; la suma, a los sumandos, y la mezcla, a la calidad y dosis de las substancias que la íorman. Sería, más que una injusticia, una tontería extender nota infamante de impericia y depravación sobre todos los elementos afectos al régimen hoy dominante. Se puede ser republicano y ser un ciudadano intachable, que por encima de conveniencias de partido, prejuicios de secta e intereses de gremio o de persona ponga siempre la defensa del ideal y; él culto de la Patria. Ejemplo de republicanos puros e integérrimos son Castrovido- y Unamuno. Del primero se ha divulgado, recientemente un rasgo, que debiera pasar a la Historia y- enseñarse en las escuelas como lección de civismo y de austeridad. Del. segundo, los que le veneramos por maestro y. amigo y hemos gozado el regalo de su conversación y de su trato, sabemos todo lo que en su alma hay de misticismo: esto es, de ardor combativo y abrasadora fe. Como esos. dos hombres representativos hay, sin duda, muchos esparcidos por ciudades y aldeas. Pon dignos de respeto. Como lo son en su convicción honradísima los republicanos históricos, los buenos republicanos de tiempos de Salmerón y Costa. Legítima, y bien legítima, es la alegría de esos hombres algunos de los cuales han estado medio siglo esperando con paciente lealtad el triunfo del régimen que amaban. Pero la observación enseña que 1: 0 son estos elementos los que imperan. Los desinteresados van quedando un poco al rüai gen, alejados de la dirección y la influencia. Y las plazas que, para bien de España, debieran ocupar son asaltadas por lá legión innúmera y voraz de los menos deseables, operándose así esa selección al revés que no puede imputarse como vicio peculiar a la República, porque antes, con la Dictadura y con el llamado viejo régimen, acontecía lo mismo, como acontecerá siempre que rio haya en las alturas un firme propósito depurador al elegir el personal que ha de nutrir los cuadros de gobierno y gestión, y en el país una opinión vigilante, pronta a denunciar y rechazar a todos aquellos a quienes sU. conducta pasada haga sospechosos de apetito, ineptitud o fanatismo. Y J cuál fué la conducta pasada de una considerable porción de los factores que contribuyeron al advenimiento dei régimen? profesionales e la rebeldía, que hacían de la I propaganda subversiva un lucrativo oficio. 1 sedicentes sociólogos, que, como ciencia au- moroso de la vida agitada, hemos de elevar xiliar de la sociología, dominaban otra pro- los ojos al cielo para encontrarnos con la vechosa disciplina, que les permitía simultaserenidad de la iglesia en el monte, asentanear su apetencia revolucionaria y la man- da sobre un pedestal de flores, encuadrada sa y retribuida colaboración con la aborre- entre verdores perennes, como el verdor de cida Dictadura; acreditados mencars, agita- la esperanza, y se nos figuran apoyadas sus dores o sosegadores, según los casos, cuya torres en el cielo para sostenerse en un afáti autoridad sobre las masas engañadas hubiede pureza azul. ra- merecido un adecuado, epígrafe en las. taMuchas veces nos había ofrecido, ál pasar ñ í a s de la contribución industrial; arribis- junto a ella, los brazos tendidos de su doble tas de toda laya- -upetistas ayer, liberales o escaleta, pero se halla tan alta la Trinidad conservadores anteayer, vividores siempre- en el Monte que nunca nos habíamos atreágiles en echar su anzuelo en las aguas, re- vido a intentar el camino. Llevamos dentro vueltas prometedoras de la ganancia fácil: de nosotros un ansia de elevarnos, de asintelectuales extravagantes, en quienes el cender por esta escala o por aquella verprurito de originalidad era una comezón de tiente, y citando hemos puesto el pie en el su orgulloso afán exhibicionista; jovenzue- primer peldaño o la piedra primera, nos asuslos irresponsables, prontos a dejar que se ta el esfuerzo aúri no realizado. Pero, algufascinase su inexperta e inquieta juventud na vez no es en nuestra misma. voluntad por los espejuelos de todas las novedades donde nos apoyamos para emprender, la suy a dejarse arrastrar por el trompetazo de bida, sino que. es una mano lá que líos emtodas las audacias... Con ellos el político tai- puja desde abajo, o un señuelo lo que nos mado y rencoroso, Capaz de disimular el atrae desde lo alto. Y hoy fué cebo dé nuesagravio recibido, mas no de perdonarlo; tro deseo este dulce sol. de invierno tendido y el que, habiendo logrado para su servien la colina. cio o su proeza los máximos honores, aún E l torrente de la escalera, al compás de se tenía por menos recompensado de lo que nuestra fatiga, se va deteniendo en remandemandaba su soberbia; y el descontento que sos de gradas anchurosas, donde hay un achacaba al régimen político el malestar amable revuelo de pájaros y de niños. Lledel que acaso era él el único responsable; y gamos a cada descanso con la intención de el snob de todo género, enfermo de noyele- que sea el último de nuestra subida y con tería, fatigado de todo lo conocido, curioso el propósito de que nuestra ambición, se ha de algo que calmase su morbosa ansiedad de contentar con aquella altura, y siempre de sensaciones ignoradas. -como en otros caminos y, otras ascensioCon todo esto, ¿cómo iba a resultar otra nes- -ya, desde el primer paso dado, sentimos cosa que la que ha resultado? Pasiones, un inquieto afán de subir y hubir. Ahora intereses, despechos, rencores, odios, fana- es el sol. de invierno, que nos parece más tismos, prejuicios de partido, intransigen- cálido al besar las copas de los mirtos que cia de secta: petulancia, ánarmalidad, neo- Coronan el monte, el pretexto de nuestros latría, irreflexión, frivolidad... ¿Agria y deseos. triste la segunda República española? Sí... Y ya en la cima, desde la baranda en qué ¡Coii la acritud y la tristeza de todas esas se cierra el parque, vemos estelo! aureolantertulias de café en que se disuelven los do a R. oma con sus rayos últimos. Está la males humores nacionales! ciudad tendida a nuestro pies; a la izquierPedir que con tales componentes se forda, la mole del coliseo y más distantes las mase un régimen de paz y de ventura era tan termas, ya envueltas entre brumas de lejaabsurdo como pretender que, mezclando nías; casi enfrente, la cúpula de San Pehiél, ajenjo y acíbar, no resultara una pó- dro... Adivinamos, más que vemos, los viecima amarga. ¡Lo, n 1 al 0. es que los que no jos signos de sú grandeza pasada, porque dimos al barman la receta nos vemos obli- todo, lo envuelve la caricia luminosa del gados a tragar el poco apetecible cock- taü sol poniente, y nuestras pupilas se ciegan FEDERICO S A N T A N D E R de sol. Hay alguien que desde esta altura, creyendo dominar la grandeza de Roma, extiende su índice pretencioso al señalar un punto distante; pero el astro, que líos mira A B C E N ROMA frente a frente, ha cubierto la urbe con sus resplandores y las pupilas ciegas bus- So) de invierno canden vano, el punto que señalóla niano Esta plaza de España se rompe por el costendida. tado de Oriente, como las imágenes de CrisLa caricia del sol nos hace grata la estanto en la cruz, en un rojo cuajaron de flores. cia en el monte, coronado, de torres y de Los peldaños, que rampah hasta la iglesia de mirtos, y envuelve a la ciudad en Uña gasa la Trinidad en el Monte, son mercado de sutil. Nos parece que estos rayos en que rosas, y de dalias, y de claveles, y en todos se destrenza la luz surgen de la ciudad mislos tiempos del año ofrecen á los ojos complama, y que es su gloria- -distante y cansacidos el milagro, de una primavera invariada como este sol de invierno- -la que no- s ble, que brotó de sus piedras gastadas. Es obliga a cerrar los ojos si pretendemos mitan. grato el aspecto de la escalera, que quierarla frente a frente. re imitar a! arco celeste en el iris, y en sus MAEIAXO T O M A S artsias de altura y en el terminar a do. s pies de lo divino, que no llegó pintor con propósito de tomarle a Roma sus rincones más amables sin que fuera éste de la. plaza de CRÓNICAS D E PARÍS España el primero trasladado a, sus lienzos. Arriba está lá Trinidad en el Monte, con Auto la gracia candida de siis torres gemelas, recortándose, sobre el azul, y a su lado el verE l célebre ce dor ohscuro de los arrayanes que fueron un set lia dado 1; día consagrados a Venus y hoy forman cer- cia en el Tírci, co de honor a una iglesia de Cristo. Desde curioso el ele la aplaza, por donde discurre el torrente ru- el aplaudido r 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla