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A E C. J U E V E S 4 DE F E B R E R O D E 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 23. dor que el amor libre ha conducido al ruso a una monogamia voluntaria. Y Sanchiz achaca a que las rusas encantadoras, los hechizos de leyenda... ¡se han acabado! ¡S e han definitivamente concluido! Los niño? H a y relatos enternecidos de la vida de los niños en los reformatorios y e. n los asilos. E l director de uno de ellos dice a Sanchiz que allí son tratados los niños como hombres, y con verdadera abnegación. Sanchiz encuentra que ya España tenía precursores de estos maestros. Cuando el director- -el camarada director- -pregunta quiénes han sido, contesta: Los hermanos de San Juan de Dios U N VIA E POR LA RUSIA D E L O S SOVIETS Segunda charla de García Sanchiz en eí Fontalba También hoy no hay billetes para l a función de esta tarde También le duele al charlista la muñeca, como recuerdo del resbalón en la nieve. También hay griposos en el teatro para disgustar a los que no quieren perder palabra. Pero si el público es tan numeroso como en la primera charla es, en cambio, hoy menor el número de los catarrosos y muchísimo menor el miedo del conferenciante a un resbalón ante el auditorio. Esto último queda evidenciado en seguida, porque en el tercero o cuarto párrafo de su oración resuena ya la primera ovación de l a noche. Tres cosas- -nos enseñó Fabio Quintiliar no cuando estudiábamos sus Instituciones Oratorias- -debe hacer el orador: enseñar, dar gusto y mover- -nos explicaba el escolapio, era mover los afectos- -emocionar el alma... pues esas tres condiciones del orador son también indudablemente del charlista perfecto, ya que las tres se hallan en García Sanchiz, quien en su discurso enseña, complace y emociona. persistente olor a sardinas. Expliquemos esto someramente. Cuando el orador describe los calabozos, la represión que se hace bajo los Zares en San Pedro y San Pablo, da una visión terrible de horror, que llama el espanto quieto, y cuando describe el miedo de los dominados a los perseguidos por esta otra t i ranía roja también aparece el espanto quieto. Es el horror de la avecilla paralizada polla fuerza fascinadora del reptil. Congelada de espanto E l color rojo aparece asimis. mo por todo el discurso, porque ios comunistas hacen verdadero derroche, profusión y alarde de él. Rojos los carteloaes, las banderas, las colgaduras, las máximas, los pañuelos de las mujeres... Y el olor a sardinas. H a y un olor particular que satura todos los edificios de la Rusia soviética, que el viajero notó en las ropas limpísimas del hotel, en los trineos, en los Centros oficiales, en los teatros... A l fin asimiló ese olor, ese fuerte olor de las sardinas como más parecido. Pues ese olor está en Rusia por todas partes. Y en la charla de Sanchiz, el espanto quieto, el color rojo y el olor a sardinas aparecen hábilmente en todos los pasajes en que pueden dar matiz pintoresco, sin robar dignidad ni altura a las bellas descripciones. Ei proletariado en la Opera N o puede el conferenciante describir todos los teatros por falta de tiempo, pero va a decir algo del teatro Imperial. Este gran Teatro de la Opera está lleno de proletarios, vestidos de blusa. Y el palco imperial está ocupado por proletarias, con pañuelos encarnados. N o obstante, el teatro vive con igual lujo que en tiempos de los Zares, y el director de aquella orquesta viste de frac. Se ha representado un bello cuento de Poskin, con música de Rimski Korsakoíf. Espléndido, a todo lujo... Cree el orador que aquí hay que aplicar la apotegma que vio escrito en el muro de K r e m l i n La Religión, es el opio de pueblo A un teatro a s í en un pueblo lleno de estrecheces, hay que aplicarle este otro aforismo: E l teatro es el opio del pueblo es la válvula de escape de unos ciudadanos tiranizados y esclavizados. En San Petesburgo N o en Leuingrado, ni siquiera en Petrogrado; es en San Petesburgo, en l a antigua, opulenta e invariable San Petesburgo de los czares, a donde primeramente nos ya a llevar el viajero de la República soviética. Para ello vamos en un tren que sólo tiene segunda y tercera- -se acabó la a u t o c r a cia- -y llegamos a Ostroff, en la frontera letona. Empiezan las máximas de M a r x y de Lénin por los muros; aparecen ios soldados rojos y hay que cambiar el dinero en rublos; dos rublos por un dólar. Luego se devana un paisaje nevado y el orador llega a la capital del ex imperio. Ahora se van concertando (como en una sinfonía los diferentes instrumentos de una orquesta) las distintas impresiones geográficas, históricas, artísticas, sociológicas. E l orador es maestro en lo que Aristóteles llamó paráfrasis y que Jos latinos conocieron con el nombre de disgresión. García Sanchiz, como dominador de la charla, pasa de una disgresión a otra. Y a es una ratería en el cambio de moneda, que no quita un tono general de honradez en el pueblo ruso de hoy; ya es una asamblea graciosa de cocheros de trineos, únicos obreros que no han podido sindicar los Soviets; ya son los deslumbrantes panoramas arquitectónicos, pues allí, más que edificios aislados, hay panoramas de edificios; ya es la nueva organización de los Museos soviéticos, por órdenes políticos, más que por órdenes de escuelas o de estilos; ya es la terrible fortaleza de Pedro y Pablo, donde ahora se exhiben, en figuras de cera los dolores de la represión zarista... Hermosa descripción la del Museo de L E r m i t a g e documentada versión sobre las conspiraciones, conjuras y atentados del s i glo x i x contra los Emperadores; interesante historia de Lenín y T r o s k y en Smolny, el colegio antiguo de doncellas nobles; emocionante descripción de Shakoie- Selo, el palacio de los Zares; terrorífica visión del martirio de Nicolás II en Ekarimburgo... En Moscú De Leningrado pasa a Moscú. O a Moscowa, cuyo nombre brinda el charlista a algunos académicos que le escuchan. Después de todo, así se llama el río que lo atraviesa. Los coches- camas son ya mejores y el personal viajero se ha depurado también. E n Moscú- -cuatro millones de habitantes- -se vive muy estrecho. Las calles hierven de vida, y tanto. los hombres como las mujeres han prescindido de fórmulas corteses que hacen perder ed tiempo. Todo M o s c ú da la sensación de un pueblo apercibido para la lucha. Mas no son jabalíes solamente (risas por esta evocación de los jabalíes) sino que pueden llegar a ser alacranes, con su uña preparada para herir venenosamente al primer temor. E n la propaganda antiburguesa que hacen los soviets son zaheridas todas las naciones occidentales. H e aquí a España, criticada en tres grabados de una dementalidad aplastante una cofradía en Sevilla, una procesión en Madrid y otro dibujo con tres frailes gordos. Las gentes que circulan por Moscú, regularmente portadas, prosaicas, grises. Sólo van bien vestidos los soldados, los hombres y las mujeres- soldados. v La G P. II. Y de aquí parte el charlista para buscar la coda final de su oración. ¡Esclavizados, t i ranizados... L a vigilancia de la G. P U la política tremenda que castiga despiadadamente, que espía todos los pasos, que deporta y íusila cómo en tiempos del Imperio, otro Imperio, éste: siquiera sea de blusa y galochas. L a G. P. U que es el terror de los rusos; el espanto quieto, la fascinación por el miedo. Termina Sanchiz cerca de las nueve y media. Las ovaciones se suceden, nutridas ensordecedoras. 1 EL PANTANO CHORRO DEL Mujeres y niños De entre el kaleidoscopio que va mostrando el mago, escogemos estos dos cuadros: U n a boda. Los contrayentes concurren ante un funcionario- -que en este caso es funcionario- -que ha de casados- E l marido y la mujer firman. L a mujer ssnríe, mirando a otra pareja que los: acompañan como padrinos. Y a es bastaiiiei ¿pa. ra dar por celebrada la ceremonia. L a mujer, iguales derechos que el hombre. Más derechos que el hombre, por lo que toca a- divorcio. Gran facilidad sexual. N o obstante, aclara el ora- Tres leit morivs Pero en todo este proceso geográfico e histórico de Rusia, hay tres conceptos fundamentales, que aparecen en la charla de Sanchiz, remitiéndose en momentos escpgidos como tema de ritornello. E l primer concepto figura como título de la charla de hoy: E l espanto quieto. Los otros dos motivos son el color rojo y el 1 Don J o s é Silyda nos ruega la publicación de la siguiente nota: E l señor ministro de Obras Públicas, en el informe que ha sometido al Consejo de ministros, como resultado de las impresiones recibidas en su reciente viaje a Andalucía, y que hoy publica la Prensa, hace varias afirmaciones respecto al pantano del Chorro, que no están justificadas. Como seguramente no está en el ánimo del señor ministro extraviar a la opinión ni agraviar a nadie sin motivo, me atrevería a solicitar de su buen criterio que esas impresiones de un viajé rápido y que forzosamente han de ser superficiales, fueran contrastadas por un informe técnico, de su departamento, pues no es justo queden flotando en el ambiente insinuaciones que afectan a la honorabilidad, al crédito y al prestigio de entidades y personas que siempre han obrado con la más estricta pulcritud, teniendo siempre a gala que todos sus actos puedan ser examinados a la luz pública, sin temor de que en ellos se encuentre la menor tacha. Por esta razón, y aunque soy naturalmente reacio a enviar rectificaciones a la Prensa, me veo obligado a ello en Cumplimiento cíe mi deber, como presidente de la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, y como las r ectificaciones, para que surtan efecto deben ser N K r i i
 // Cambio Nodo4-Sevilla