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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SI M O C T A V O 10 C T S N U M E R O DIARIO I L U S T R A DO. A Ñ O VI G E SIMOCTAVO 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A MAQUINISMO El mito del maqumismo, que hace bien poco tiempo parecía tan hermoso, está próximo a morir. (H. D 15 VAKIGNY, en Jowrnal des Débats. LAS REINAS D E U N O S D 1 AS Miss España en París. es muy festejada Los periódicos. JUGANDO CON FUEGO E n torno a Marruecos. Sin proponérselo, Mauricio de Waleffe Uno más que se va. Diríase que el s i ha abierto a la mujer nuevos horizontes. glo xx- -no ciertamente por modos espiriSuya es la idea de estos Certámenes intertualmente refinados- -se ha propuesto acabar nacionales de belleza que movilizan todos los con todos los mitos q ue para entretenimienaños a las mujeres que se tienen por m á s to de nuestra fantasía o halago de nuestra bonitas; en cada país las ponen en relación vanidad hubo de crear el que le precedió. con los periódicos y las hacen sentir una breY a la ha emprendido con el maquinismo, y ve aura tíe popularidad. Ese fugaz período con sólo ello puede dársele entre los d i de agitación, que empieza en el hogar y acafuntos. ba en el tren, las encanta. L a mujer, aun Y sin embargo, en ese mito había mucho la m á s modesta, es un poco exhibicionista. de razonable. Digámoslo con valentía, ahora Consciente de su misión, presiente que, dánque las gentes se apartan de él. E n el maquidose en espectáculo, mantiene viva la llama nismo no había de mito m á s que lo que era del amor entre los hombres. Aparte eso, una ajeno a la máquina. ¿Cómo podría ser otra mujer bonita es, como emoción estética, sucosa si ésta no es más que la culminación perior a la que nos puedan producir el Partede la herramienta, sin la cual el hombre non o l a Capilla Sixtina que no resuenan apenas obtendría rendimiento de su fuerza m á s que en nuestra inteligencia. U n a silue- de trabajo? ta femenina tiene efectos m á s intensos y L o recuerdo perfectamente. Cuando coduraderos que un monumento artístico en menzaba a iniciarme en los estudios que en nuestra sensibilidad. Y o no encuentro entre nuestras Universidades se llaman económilas obras de Dios ninguna tan interesante. cos por: llamarlos de alguna manera, el mito ¿Para qué andar con hipocresías? Envidio del progreso indefinido los dominaba despóa Mauricio de Waleffe, que ha encontrado ticamente. Quien no creyese a pies juntillas el medio de vivir, por lo menos una vez al en él era menos estimable que. los publícanos año, en una especie de h a r é n internacional, entre los judíos. Y el gran argumento en en el que, por desgracia, su autoridad no que se lo apoyaba era precisamente l a m á puede ser decisiva. quina. ¡Con qué místico fervor se cantaba su asombrosa evolución y cómo se extasiaH e tenido el placer de asistir, por inviban las gentes ante el descubrimiento de tación amistosa del ilustre escritor, a uno fuerzas naturales que con docilidad de anide esos Certámenes. Se celebraba en uno mal doméstico iban a ponerse al servicio de los salones de Le Journal, y eí gran diade aquélla! A h í estaba el gran instrumento rio parisién hacía todo lo posible por dar del progreso sin márgenes ni orillas, sin brillo a la fiesta. L a s mujeres estaban como retrocesos ni detenciones. locas. E l ambiente de P a r í s suavemente A l a máquina, pues, se incorporó lo que afrodisíaco, el incienso de los periódicos y la. fiebre del triunfo posible acentuaban era e x t r a ñ o a su condición. U n a cosa masu desasosiego. terial, medio de satisfacer las necesidades humanas, se tornaba en símbolo de una ideoE n aquel momento nos acordamos, con logía. Y esa ideología aspiraba a ser algo envidia, de Salomón, no porque fuera saparecido a una teología. Se convirtió con bio- -más sabio es Unamuno- sino porque ello a la máquina en una especie de ídolo fué dueño y señor del h a r é n más poblado chino o japonés. A s í se engendró el m i t o d e l del que tenemos noticia. Mauricio de W a maquinismo que tantos espíritus avasalló. leí- íe, poseído de un vago sentimiento de sultana je, nos iba presentando los atrayentes Y hay que confesar que había que ir muy ejemplares femeninos importados de todos estribado en los eternos principios de la F i los países. M i s s Grecia M i s s F r a n c i a losofía para no perder el equilibrio espiri M i s s H u n g r í a Miss- Italia y el simtual ante los primeros triunfos del mito. pático escritor nos los designaba con la ufaLas máquinas cada vez producían m á s el nía inteligente con que pondera el amateur mundo iba a llegar pronto al período de sasus colecciones artísticas. Y o no pude meturación de sus necesidades materiales. L a s nos de pensar: ¿Qué será en lo futuro de máquinas, de día en día, exigían menor esestas flarnitas que ahora están bajo la i n fuerzo del obrero; a éste se le acercaba el fluencia del dulce mareo que produce la glomomento de su emancipación. Y el centeria? Sus destinos posibles no me inquietalleo del comentario cegaba. ron, porque el de una mujer bonita, si tiene L a máquina no ha sido un mito; el enun poco de tacto, está siempre asegurado g a ñ o ha partido de lo que a la máquina temeraria e irreflexivamente se agregó. L a por cualquiera de los caminos del amor, sipo su estado de ánimo. Cada una de estas criam á q u i n a es el instrumento m á s eficaz de turas- -pensé- -tiénese por la m á s bella del ennoblecimiento del trabajo manual y de concurso; pero, como la designada para el bienestar social; los niales que se le impupremio excluirá de él a las demás, ¿qué sen, tan se deben. al sentido extramaquinista que tirán al verse postergadas? S e r á lo de siema la máquina se ha dado. Varigriy tiene rapre; la decepción con que expía el ser huzón cuando ante la muerte- del mito dice: mano toda ilusión. A l producirse la des Hay que, restablecer un equilibrio; hay que bandada, todas ellas, recordando que tuviesubstituir una civilización política y cualiron unas lloras de soberanía, pretenderán tativa a la civilización material y cuantitativa de los Estados Unidos. O, en otras reinar sobre alguien o sobre algo, y el hombre que se las encuentre será su esclavo o palabras: hay que restablecer en la vida la cu subdito, lo cual, en el hogar, es lo mismo. natural condición de l a máquina. Da miedo leer lo que se dice de Marruecos. D a miedo ver que, después de dolorosas experiencias, vuelve a tratarse Marruecos con ligereza imprudente, en- tono menor y cicatero, en polémica personal, que ofusca el ánimo y d a ñ a la autoridad. D a miedo pensar que vuelva a atarse Marruecos a la cola de la política, para hacer ruido, como esos muchachos que atan tina lata a la cola de un perro. Inoportunas declaraciones e imprudentes debates fueron, cerca de veinte. años, la m á s fuerte resistencia de Marruecos a nuestra labor de Protectorado. Vencida la rebeldía y encauzada la gestión, vuelven a enzarzarse las polémicas, descaradas y pasionales, sin aquella censura moral que debieron imponernos nuestras desdichas. A un pueblo donde la autoridad es todo hemos sabido impresionarle con la rebeldía continental. M a l a traza para un país con designio de protector. E n lo m á s minúsculo se advierte la incomprensión ocultada con eso que llaman conquistas de la democracia. Leemos que para imponer al comercio moro la jornada mercantil, un grupo europeo recorrió el barrio moro de, Tetuán, para obligar a cerrar las tiendecitas indígenas. L a tiendecita del moro, el bakalito, es algo que no tiene parecido con el comercio europeo. Hasta los ricos tienen un bakalito para su recreo m á s que para su negocio. L a tienda es un nido familiar. Muchas veces un casinito. P a r a el moro, la tienda es todo. E n ella vive, y casi en ella mucre. Cuando va a la mezquita, pone en la puerta una cuerda o una cortina, y ello dice al cliente que el dueño está ausente. N o es preciso cerrar. Y todos la respetan. A h o ra se le ordena que cierre a la una de la tarde. Pues bien, los días de zoco, a esa hora precisamente es cuando los cabileños que vinieron al mercado, terminadas sus ventas, empiezan a adquirir los artículos para su casa: telas, jabón, té azúcar, aceite, velas, harina... Como el cabileño encontrará cerradas las tiendas tres días que viene al zoco, se irá al mercado de T á n g e r que está siempre abierto. Es la costumbre, la tradición de muchos siglos, y contra eso n o s e puede ir de pronto, pensando en europeo. E n Marruecos hay cine JBI un poco e francesa, en Á f r i c a verán que no puede h lidad. E n fundamenta; turbar con VÍCTOR. P R A D E R A MANUEL B U E N O
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