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I m e intransferible de cada fisonomía: el encanto de un mohín o guiño, ía delicia de una dentadura, el sortilegio de una risa o de una sonrisa. Ya. que un explicable fervor admirativo vede a nuestro colega de Le Journal oficiar de intérprete y lucir, al paso, su probable dominio de las lenguas, ¿por qué no organizar un servicio, semejante al de la Sociedad de Naciones, de señoritas políglotas, a, cuyo cargo corriera distraer a las huéspedes extranjeras y ponerlas en comunicación entre sí? L a presencia este año en París del correspondiente plantel de muchachas bonitas pasó inadvertida. Malo fue ya que los diarios apenas consignaran su llegada y nada dijeran de su estancia de horas, pero peor la acogida que el público dispensó esta noche al desfile de todas y cada una de aquéllas por el puente de plata. Sea por discrepancia con el fallo de los respectivos Jurados, sea po- r el contraste con el equipo de 1931, pródigo en ejemplares escalofriantes, o por. el hastío consiguiente en la repetición de una iniciativa que se amanera y mercantiiiza, la realidad es que no hubo más que unos aplausos corteses. Sobre que no caben normas objetivas, dogmáticas, susceptibles de enseñanza y propagación en orden a la belleza de la mujer. ¡Lancinante cuestión! Nacionalista en lo político y tradicionalista en lo religioso, soy, como lo son liberales y marxistas, absolutamente irreducible a toda sugerencia o imposición ajena que actúe sobre la interpretación estética de lo eterno femenino. N i los padres, ni la sociedad, ni el régimen constituído, pueden ni deben influir en los puntos de vista de cada cual sobre el magno e incitante problema. Se resigna uno- -el que se resigne- -a soportar determinados sistemas o métodos u hombres de Gobierno, pero a propósito de la belleza de esta o aquella mujer- -cosa seria- el voto del vecino no cuenta. Soy yo, y no él, quien elige. Y a voy, ya voy... De la Señorita España no hemos escuchado sino elogios. Sus cabellos negros, sus labios finos, su tez morena, en fin, la esbeltez- -estatura, euritmia y flexibilidad- -de su figura, más dice del tipo de belleza cospolita que del tipo de belleza española, promovieron en todo el ámbito un asentimiento tácito... U n solo reparo, no de índole orPanorama de la sala namental intrínseca, sino de índole decoradurante la representivo- accidental, he de oponerle. Que no l u tación. ciera en la Opera un mantón de Manila, prenda que por ser genuinamente nuestra es, no sólo española, sino universal. U n a genialidad de Raquel M e l l e r Rosas rojas y chapines rojos; chai amarillo y traje amarillo, de volantes. Surge así madame Raquel Meller, quien, anuncia el speaker va a cantar una canción nuev a Ataca la orquesta los compases de La violetera, popularísimos aquí como ahí, mientras Raquel descubre, en efecto, la canastilla, que, ramillete tras ramillete, vierte sobre la Asamblea con una puntería aguda e incansable. Apunta sucesivamente al ex presidente de 3 a República, al jefe del Gobierno, al presidente de la Cámara, instalados con sus respectivas familias en palcos distintos. Sigue la batalla de flores y la artista posterga naturalmente el recitado de la canción ya clásica, hilada esta vez con una El público madrileño no lia ohidado el perfil ni la canción. Raquel Meller será siempre la reina del m u s i c- h a l l apatía deliberada. Cuando ya no quedan violetas en el cesto se retira, casi sin saludar. L a baja de la peseta María Dubas intercaló en una de sus canciones cómicas una referencia sobre la baja de l a peseta. Fué la única alusión a poií tica extranjera que escuchamos en toda la noche. L a recaudación ha rebasado las cifras de años anteriores: Asciende, en efecto, a 1.100.000 francos, que representan la i n mediata hospitalización, distribuida en los siete sanatorios de la Obra, de doscientos niños tuberculosos. MARIANO Después del espectáculo, el público y los artistas que tomaron parte en él abandonan el salón y se instalan en las galerías ante tina cena fría con champagne o invaden el suntuoso foyer en donde dos orquestas, una a cada extremo, alternan danzas de ritmo ultramarino y valses- -nuevamente en bogada la Vierta de ultraguerra. Lilian Harvcy, sprprendida por el fotógrafo en flagrante delito de alimentación. (Fotos Stndio futran. pARANAS París, 3 de febrera
 // Cambio Nodo4-Sevilla