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DIARIO ILUSTRADO; A Ñ O V i G E SI M O C T A V O 10 GTS, N U M E R O ABC ENTENDEDERAS Han elevado una protesta... DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VI G E SI M O C T A V O 1.0. GTS. N U M E R O F U N D A D O E L i D E JUNIO D E 1905 P O R D T O R C U A T O L U C A D E ÍENA ÍES E DIOS... A LA COLA! E l C a r n a v a l se celebra en l a Castellana. Tengo que formular una denuncia grave. E l Ayuntamiento de M a d r i d ha atropellado la Constitución descaradamente, en la faz del pueblo, sin recato. Y yo quiero alzar mi voz para acusarle. Dispongo de una Constitución y quiero que se respete esa Constitución. Por expreso mandato de ella España es u ñ a República de trabajadores. E l español debe trabajar, y el Estado otorgarle toda- clase de facilidades para que trabaje. E n E s p a ñ a debe haber palas, picos, máquinas, plumas estilográficas, teléfonos que ahorran visitas, taxis que abrevian caminatas, calles por donde ir y venir al almacén, a la oficina, -a la Redacción... S i el. Estado nos priva del teléfono, de los taxis o de las estilográficas, entorpece o imposibilita nuestro trabajo y cae en culpa ante la Constitución. S i nos suprime las calles o- acuerda dedicarlas a; cualquier fin que no sea el del t r á n sito, también. Pues el Ayuntamiento nos ha suprimido unas calles. H a destinado la Castellana durante los días de Carnaval a refugio de personas vestidas dclirantemente y consagradas a. gritar, manotear y arrojar confetti. U n caballero que se disfrace de destrozona y camine lanzando aullidos y serpentinas no puede afirmar seriamente que es un trabajador. L a República debe prohibir este derroche de tiempo. E n cuanto a los esfuerzos pulmonares de las m á s c a r a s son en verdad extraordinarios, pero inútiles. S i clamasen: ¡C o m p r e usted el jabón X! o ¡Cálcese usted en la zapatería de F u l a n o! o ¡C o n s u m a naranjas de V a l e n c i a! nada habría que objetar; la realidad es muy diferente, porque, olvidando generosamente las groser ía, s que con gran frecuencia se cree en el deber de vomitar toda persona que oculta tras un antifaz su rostro, las frases m á s repetidas son: ¡N o me conoces! y ¡Y a se lo diré a tu mujer! Ninguna de las dos enriquece en un solo céntimo la economía nacional. P a r a que estos seres dejen de trabajar tres días el Ayuntamiento nos obliga a los demás a perder también e involuntariamente el tiempo dando largos rodeos para ir al barrio de Salamanca, fque viene a quedar casi incomunicado. Los tranvías cortan sus recorridos en la plaza de la Independencia, en la Glorieta de Bilbao y en la puerta del SoL. Esas soluciones de continuidad hay que cubrirlas a pie. A pie sólo van los ociosos. Puede decirse que esto se hace una vez al año en honor al dios Momo. Otro atentado contra la Constitución. E l Estado es laico, y el Municipio también. Que sea M o m o el único dios que aquí goza de predicamento me parece u n favoritismo i m perdonable. Personalmente no tengo nada otíe decir contra Momo. Plasta confieso la amistad con muchos paganos (a mí se me antoja m á s elegante profesar el priscilianismo- por razones de paisanaje) pero odio las- injusticias y los privilegios. ¡Momo, a la excedencia, como todos los otros! j Pues, hombre... W FERNANDEZ ELÜREZ Nuestras derechas no quieren convencerse de la transformación operada en E s paña, así en los modos como en las actitudes, y a cada pisotón que reciben- -y van siendo unos cuantos- -surge y se organiza l a protesta y elévanse al Gobierno él escrito correspondiente, la comisión oportuna o el telegrama de rigor. Raro es el día en que la Prensa no hace constar el n ú m e r o de firmas que se dirige a los Poderes públicos protestando contra esto, contra aquello o contra lo de más allá. L o que no dicen nunca los periódicos es que el Gobierno haya tomado ci; consideración ni una sola de las protestas. Y lo propio acontece en plenas Cortes. Las derechas reclaman, las derechas se oponen, las derechas protestan... Todo inútil. Las derechas no representan la menor opin i ó n no son nadie; no pintan nada. ¿Q u e hablan? Que hablen. ¿Que insisten? Se Jes ahoga con barullos. ¿Que molestan sus i n terpelaciones? Se les aplica la guillotina y a otra cosa. Y con la Prensa cavernícola acaece otro tanto. ¿Q u e se lamenta? ¿Q u e insin ú a? ¿Q u e sugiere? ¿Q u e chilla... Pues como si cantara. ¿Q u e se pone tonta Pues se le suspende, y en paz. E s t á visto y revisto que las demandas de- rechistas no encuentran eco en las alturas y que sus aves y protestas merecen, cuando n. iás, un despectivo encogimiento de horii- bvos. E l como si no, morena el a mí, P r i m y el chufla, chufla... son las contestaciones democráticas que se advierten a través del silencio. Todo ello es tan perspicuo, que indudablemente responde a un acuerdo tomado en, el famoso pacto donostiarra. Algún conspirador preguntaría entonces: ¿Y las protestas que nos van a llover en cuanto empecemos a realizar nuestro programa de Gobierno? A lo que otro contestaría: ¿Vamos a no hacer caso de- ninguna, y ya se cansarán? Todos: ¡Queda acordado! Por esto es sorprendente la incomprensión de las derechas. ¿Qué necesitan ya para enterarse de que pierden el tiempo con tales embajadas? N o sirve darle vueltas: aquel 12 de abril fué decisivo, y en aquella jornada se quedaron a pie y a merced absoluta del vencedor; un adversario muy complejo, con mucho espíritu de secta, con mucho afán almacenado y con un gran deseo de hacer su voluntad sin cortapisas ni reparos de nadie. Pero ¿es que las derechas esperaban un proceder distinto? ¡Vcc viclis! Mas, ya que los vencidos han visto lo que ven, ¿a cuándo aguardan para pearse de la higuera y hacerse cargo de la realidad? ¿A ú n no se han convencido de lo inútil que es llegar al Gobierno con quejas, con interpelaciones, con juridicidades con protestas y con pliegos de firmas? ¿N o saben ya que la guitarra es ahora de l a izquierda? Basta, señores dereohícolas basta de. machacar en hierro ffib. Si es- eso todo lo que se les ocurre, si río hay ¡fuerzas para constituir uña organización c o m o l a U G T b la C. N T. mejor es aguantarse y estar duermes. RAMÓN L O P E Z- M O N T E N E G R O LA RE PUBLIC A CON SUERTE E l domingo de C a r n a v a l ha sido en M a d r i d m u y animado. mañana Este Carnaval era una prueba seria que tenía, que resistir. él. nuevo régimen. Y el p r i m e r d í a por lo menos: en Madrid, la ha resistido bien. E l domingo, con su atmósfera calma, con el pueblo gozoso por las calles, con sus mascaritas y comparsas de siempre, fué un verdadero éxito republicano. Nada tan admirable como eso: ver a la gente marchar desde la m a ñ a n a en busca de l a a l e g r í a del C a r n a v a l l o s padres t i rando de las manos de los pequcñuelos, las mamas gordas con el crío al hombro, los grupos de enmascarados dando brincos v voces incongruentes. Cuánta fe, cuánta re sistencia a las adversidades, cuánto profundo anhelo de divertirse! ¡Dios. qué buen caballero si. hubiera buen s e ñ o r! exclamaba el viejo, juglar. ¡Q u é buen pueblo, Señor, para quien quiera y sepa manejarlo... P r i m o de Rivera, el estupendo crédulo, se pasaba la vida ponderando la bondad y el pacifismo. del pueblo español; lo veía en aire de domingo, y en esa actitud, efectivamente, el español es un pueblo impagable. Pero en la hora de la necesidad, cuando P r i m o de Rivera tuvo que marcharse, ese pueblo bonachón y dominical lo dejó marchar con toda la indiferencia del mundo. Y ahora, por ahí anda tan despreocupado y contento. S í se, ve que ante, el domingo responde siempre el p a í s que el ansia de. fiesta v d i versión es inextinguible en. el pueblo. L a cuestión está en cómo nos arreglamos para entretenerle los seis días de trabajo de l a semana. Llenar con trabajo remunerador los terribles seis días de la semana larga, puesto que los escarceos de los j a b a l í e s en las Cortes se ve que no son suficientes. L a muchedumbre (la multitud espesa y municipal) no es, seguramente, lo que a uno más le gusta. Pero conquistado por la voluntad de alborozo que el pueblo manifestaba el domingo, confieso que accedí a mezclarme en la corriente vocinglera con la mejor solidaridad ciudadana del mundo. Y ¡entonces me sentí, conmovido por una emoción en que el amor y la pena andaban juntos. ¡E s a leal España, que tanto merecía ser dichosa, que- tanta convicción pone en serlo y qué no acaba; nunca de serlo por la incompetencia de unos y la malicia o frivolidad de otros! ¡Noble pueblo que, después de todo, se contenta con tan poco, que está dispuesto divertirse con cnaliwfr m sieni: arbit ción pueb tensi. que 1 riosá sar r blo despt de E ticos me d ponu