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La Tuna Escolar Cófuoésa, en la caáa de Prensa Española. He aquí a la simpática colectividad de te Coruña durante, la visita que ayer tara hizo a la casa de Blanco y Negro y A B C. (Foto Zegrí. A B C E N LONDRES La afición a Ja vida. B i o g r a f í a s L a muerte de Lytton Strachey, autor de biografías tan admirables, nos ha traído a la memoria el alto nivel que alcanza este g é nero literario en Inglaterra, país acostumbrado a conceder a las vidas de sus hijos la importancia que realmente tienen, y que gusta de guardar recuerdo del papel que desempeñaron en la tarea de labrar las múltiples y variadas facetas de la historia nacional. Lytton Strachey, m á s que historiador, era un investigador romántico y estudioso, que dedicó su existencia a la interpretación de algunas grandes vidas; y por ser romántico y concienzudo, y por tomar a broma algunas cosas que hasta entonces se habían tomado en serio, sin privarlas de la aureola de grandeza y trascendencia que en el sentir general merecían, lograron éxito inmediato y fantástico sus escritos sobre el cardenal Newman, el general Gordon y miss Florence Nightir- gale, la heroína de la Crimea; éxito que aumentó más tarde al publicar primero su vida de la Reina V i c toria, en la que supo investir de atributos humanos una figura considerada antes como semimitológica, y después su biografía de la Reina Isabel, hasta rodear a su nombre de una fama acrecentada además por el retrato qué le pintó Henry Lamb, y que ha perpetuado su aspecto de Valle lucían angloescocés, con larga barba roja, gafas de concha y piernas de trapo, que se pierden dentro de unas zapatillas caseras. L a afición de los ingleses a la literatura biográfica, que responde, no a una moda pasajera, sino a uro. tradición de firmes raíces, tanto en el libro como en las publicaciones periódicas, es una demostración m á s de la intensa afición a la vida que caracteriza a este pueblo, y que se exterioriza en este caso tanto por el empeño de cor- servar la hoja de servicios de aquellos que hicieron hechos acreedores a constituir el tema de un libro, como per el interés público en conocer la obra do los hombres más destaca- dos en Jas crónicas pasadas y contemporáneas. E n Inglaterra se publican al cabo del año Cerca de mil volúmenes de biografías, como término medio, y se edita anuaimei: te un tomo grueso, de tapas rojas y letras doradas, titulado Who s Who- -o sea, ¿Quién es quién que en la actualidad llega a contener datos biográficos sobre cerca de cuarenta m i l personas; obra de referencia de gran prestigio por la exactitud y abundancia de su información, y que tiene su complemento en otra, publicada de tiempo en tiempo, con el título de W lio Was Who- ¿Quien fué quién? que se dedica a los personajes fallecidos durante los años precedentes. N o sería posible editar toda esta literatura si no se sucediesen con frecuencia en Inglaterra vidas de personas sobre las que efectivamente vale la pena escribir, esto es, vidas que por su plenitud y variado interés son en sí mismas una demostración, y la m á s elocuente por cierto, de la afición a la vida, o si no hubiese en este país un público numeroso, ávido de conocer, para su ilustración y estímulo, las crónicas de otras existencias. Pero donde m á s claramente resalta este interés es en las biografías que diariamente publican ios grandes periódicos ingleses en sus secciones necrológicas. E l obituario del Times por ejemplo, es uno de los documentos m á s instructivos que puede consultar un hombre dado a la observación de la heterogénea actividad inglesa de nuestros tiempos. A poco que se estudie se llegará, no sólo a la conclusión de que en este país viven y mueren- grandes números de personas notables e interesantes, sino a! a seguridad de que la vida de un inglés es m á s rica en realización (achievement) en interés, en servicios eminentes a la nación- a las ciencias, a las artes o a las m á s diversas empresas, que la vida de la mayoría de los mortales. Cualquiera que lea con frecuencia las columnas a que acabo de aludir, escritas de modo desapasionado, nada sentimental, siempre bien documentadas y avaloradas muchas veces con un tributo espor- íático y anecdótico de alguien que conocía bien ¿l finado, estará de acuerdo con lo que aquí digo. Estas páginas, que son las de m á s actualidad y mayor interés humano de l a historia inglesa que se desliza ante nuestros ojos, en las que se recuerdan todos los hechos saliei: es de las vidas que contribuyen a escribirla, desde los triunfos alcanzados en las luchas deportivas durante las mocedades hasta las victorias, que, por su trascendencia, hallan cco en el mundo entero, dan a cada cesa su valor preciso y no descuidan ninguna clase de valores; estas páginas, mosaico histórico de piezas grandes y pequeñas de variada tonalidad, en las que nunca figura la frase hecha e insignificante- era un modelo de caballeros, dechado de virtudes etc. no llegarían a escribirse si no estuviesen inspiradas por el interés colectivo de unos hombres en los hechos realizados por los que les acompañan en su paso por la tierra, interés que, cuando no degenera en curiosidad malsana o en chismorreo de comadres, es una de las manifestaciones más elevadas de la afición a la vida, y constituye por sus consecuencias un estímulo para teda la nación. Son parte también del tributo que se r i n de en Inglaterra a la memoria de los que han contribuido en alguna forma a! prestigio nacional y a todos los que han honrado de algún modo los aspectos de la vida a que se dedicaron m á s especialmente. Gomo tales, responder- -a la tendencia tan inglesa de elevar y encumbrar, tanto en vida como en recuerdo, al mayor número posible de ciudadanos, si no con el elogio de sus virtudes, al menos con la mención de ellas y la relación, de los hechos que los distinguieron. Las naves de la Abadía de Westminster y las capillas de la Catedral de San P a blo están llenas de monumentos de piedra a la memoria de los más ilustres ingleses, y los pedestales en que descansan sus efigies nos recuerdan que no en todas partes se ha establecido la costumbre de situar en un pedestal a los que supieron servir a su patria. Luis A N T O N I O BOLÍN Londres, febrero, io ¿3.
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