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ABC. M I É R C O L E S 10 D E F E B R E R O D E 1932. EDÍCIOJM DK ANDALUCÍA. P A G 29, INFORMAC 1 O N ES DE MADRID M a d r i d al día Acabó el Carnaval vocinglero e indómito. Lo mismo que en la primera tarde terminó, la tercera; rompiendo el público el cordón policíaco que aislaba el paseo central, desluciendo ta fiesta más de lo que estaba y haciendo imposible el jallo del Jurado, y contra los representantes de la autoridad municipal, que había cobrado el precio de cincuenta pesetas el permiso de circulación de carruajes que no podían circular... Pero se dijo a última hora que, convicto y confeso el edil autor- de la intentona del resurgimiento de la fiesta carnavalina, del ridículo en que ha puesto a Madrid, y de lo oneroso de la carga municipal que representa el dinero malrotado, se proponía resarcir al Concejo de tal quebranto pecuniario y solicitar solemnemente perdón en la Junta consistorial de pasado mañana. Lo único bueno ha sido el tiempo, y para eso se le achaca una mayor intensidad de las afecciones gripales- conque, ¡a veri Comentario del día fué el asalto y robo en un piso de la calle de Santa Clara, con todos los refinamientos de la ultramoderna industria pistolera. El hecho ocurrió el lu- nes. No se repitió ayer; pero, gente maleante anduvo a. tiros con la Policía cerca del Hospital del Niño Jesús, -resultando herido uno de los pistoleros. ¡Y gracias a aquella recogida de armas de fuego de hace dos meses, eh! De la vida política, hubo un Consejo de ministro y una sesión de las Cortes Constituyentes; en la que para no perder la costumbre faltó número de diputados en las votaciones y se presentó una proposición para que sean multados los legisladores que no acuden a cumplir, su misión, ¡y cobran dietas! Antaño no asistirían a las sesiones los diputados, -pero siquiera eran baratitos, porque no cobraban... De la vida cultural, fué nota una conferencia en el Ateneo... La noche, de movimiento perpetuo; se bailó hasta de coronilla. -Aemecé. VIUDA SATISFECHA ¿N O L E DA A USTED P E N A? -N I N G U N A ANTES D E CASARNOS M E JURO QUE TODA MI VIDA LO TENDRÍA A MIS P I E S Varios sucesos A l ser detenidos varios maleantes, uno se resiste y es herido Madrid 9, 6 tarde. Por las calles afluentes a la Avenida de Menéndez Pelayo se realizaba esta tarde servicio de maleantes por el inspector Sr. Pichardo y varios agentes a sus órdenes. A l llegar a la calle de Ibiza vieron un grupo de cinco individuos portadores de un saco, y al darles el alto se dieron a la fuga. U n guarda de vías que oyó las vocess de ¡a esos. ¡a esos! intentó parar a uno de ellos y éste sacó una pistola y amenazó al guarda con ella. A l ver esto el agente Sr. Romero hizo un disparo y cayó herido el maleante Juan García Moreno, apodado E l Lechuga de Pardiñas. E l maleante fué trasladado al Hospital del Niño Jesús, donde fué reconocido de una herida de bala en el cuello. D e los cinco maleantes, aparte del herido, fueron detenidos tres y uno de ellas desapareció. jo, de treinta y dos, carpintero, y Tiburcio Alonso Santos, de treinta y dos, carpintero también. E l estado de los dos primeros fué pronosticado de reservado y pasaron al Hospital de la Beneficencia; los tres restantes sufrían solamente lesiones leves. DE SOCIEDAD ECOS DIVERSOS E l carnaval y los niños A mí me parece muy bien que la persona que fuere, en un exceso de buen humor, oculte su rostro tras una máscara y aperciba el registro de los agudos para disimular el tono A S la voz. Allá cada cual con sus gustos para disponer de un libre albedrío que nadie le regatea. L o que ya no me parejee tan bien es que al niño, que no dispone de un propio discernimiento, se íe haga pasar por la tortura de introducirlo dentro de un disfraz, qué generalmente le oprime, le tiraniza y le molesta. Sí, señora, que ha disfrazado a su niño en este nuevo resurgimiento del Carnaval; usted perdone si soy yo un poco rudo en, mi franqueza y disparo las flechas de mi diatriba sobre él blanco que representa su propia vanidad. Porque es la vanidad de usted, y no un deseo de satisfacer al niño, la que la llevó hasta esté término de disfraz i n fantil, más o menos historiado. Y o comprendo que su vanidad de madre- -esta vez admisible- -esté satisfecha del resultado viviente que es su hijito. Pero lo que ya no admito es que esta vanidad llegue a su límite al querer cargar el cuerpo tierno con ropas y perifollos a que aún no está acostumbrado. N i ños de dos, de tres años, que todavía titubean al andar; a mí me daría grima, si no me diese pena, al contemplaros vestidos de un modo absurdo, precisamente en el instante en que vuestros miembros, que apenas son, necesitan más que nunca de toda la l i bertad de sus movimientos. Niño vestido de militar en día de gala, con un alzacuello que le oprime la garganta; niño que representa el novio de la gran ceremonia, con su frac, su sombrero de copa y hasta su abominable cuello de pajarita. Vuestros padres os lanzarán por delante en el paseo y os hacen avanzar entre la multitud. De esta multitud parte a veces la voz de un elogífo que dice: Después de la Junta deí Colegio de Abogados l i n a carta de don Antonio G a briel Rodríguez M a d r i d 7 de febrero de 1932. Señor don José María del Sol y Jaquetot. y demás compañeros que votaron mi candidatura para decano del ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Queridos amigos y compañeros: Aunque no haya triunfado nuestro propósito de desterrar la política de nuestro Colegio, qued o a ustedes muy reconocido por la honra que me dispensaron al querer elegirme decano, y también al afecto personal que rne demostraron al votarme como representante de la abogacía, separada en absoluto de la política. Deseo hacer público mi agradecimiento a trescientos diecinueve compañeros que me votaron, pero, especialmente, a aquellos de mis amigos, antiguos colegiales, que, alejados siempre de nuestras luchas electorales, no obstante concurrieron a votar íntegra nuestra candidatura como protesta contra la opinión que ha triunfado de atender más para la elección de Junta de Gobierno a la política que a la abogacía. Siempre de ustedes afectísimo amigo y compañero, q. e. s. ra. Antonio Gabriel Rodríguez Se desprende un andamio con seis obreros E n las obras de ampliación de la Casa de Velázquez se rompió, a última hora de la tarde, una cuerda puente que. sostenía un andamio, donde- trabajaban seis operarios. Con las tablas del andamio cayeron desde la altura de unos seis metros los obreros que trabajaban en él. Trasladados a la casa de socorro fueron asistidos José Niño Pardo, de veintiséis años, carpintero; Manuel Pérez Trigo, de treinta años, albañil; Agapito Sierra Punta, de veintiocho, albañil; Evaristo Peinado Ajen- Un Adán... f algunas Evas Los capítulos finales de esta novela, original de Concordia M e r rel, se publican en el próximo número de BLANCO Y NEGRO
 // Cambio Nodo4-Sevilla