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ABC. VIERNES 12 D E F E B R E R O D E 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 19. V I S I T A D E L S E Ñ O R MUSSOLINI A SI S A N T I D A D P Í O XI Declarado el día festivo, por la visita, una gran muchedumbre invade calles y plazas para presenciar el paso del cortejo presidencial. La composición de éste. El histórico momento de la entrevista. El cárdena! Pacelli y Mussolini conversan durante veinte minutos. E l duce visita la tumba de San Pedro. El cardenal Pacelli devuelve la visita a Mussolini. Comentarios de la Prensa italiana. Gran muchedumbre en las calles. Forman las tropas Ciudad del Vaticano 11, 8 noche. (Crónica telegráfica. L a visita del Sr. Mussolinj al Papa se ha desarrollado con gran solemnidad, favorecida por haber sido declarado día de fiesta. Dada esta circunstancia, una gran muchedumbre se situó en las calles y plazas, por las que iba a atravesar el cortejo presidencial. Desde el puente de Sant Angelo hasta los confines de la Ciudad del Vaticano, formado por el anfiteatro de columnas de la plaza de San Pedro, formaron, desde primera hora de esta mañana, representaciones de los regimientos de guarnición en Roma. E n el límite de dicha plaza, los carabineros daban un concierto. L a plaza, que pertenece al territorio pontificio, está, sin embargo, bajo la administración del G o- bierno de Italia, y en ella sólo había parejas de carabineros de uniforme de gala. E n la escalinata de l a Basílica había una gran cantidad de público. Dentro de la Ciudad del Vaticano prestaban servicio de. seguridad los gendarmes pontificios, también con uniforme de gala. E l palacio del gobernador y todos los edificios del Estado Pontificio tenían izada l a bandera papal, así como en el cuartel y en el patio de San Dámaso. Con máximo rigor se hacía el ingreso en la Siudad del Vaticano, dándose paso solamente a las personalidades de la Corte, a los funcionarios y a los participantes en el acontecimiento y a un reducido número de periodistas italianos y extranjeros. E l servicio de Orden Público dentro del Vaticano estaba dirigido por el coronel de Mandato, comandante de los gendarmes. E n la sala del departamento de nobles prestaba servicio de honor un piquete de los Cuerpos armados, de uniforme de gala. Los gendarmes. iban vestidos con el kolbac napoleónico. E l ceremonial de la recepción fué estudiado en todos sus detalles por el maestro de cámara del Pontífice, monseñor Caccia Dominioni. fué recibido el jefe del Gobierno por monseñor Arborio N- ella, camarero secreto, participante en el Solio Pontificio, a quien acomnañaban los camareros secretos ae honor y capa y espada, condes Chezzi, Chiasso y Caraccilo di Prino, y los comendadores señores Wuxmes y Tudini. Inmediatamente se formó el cortejo, que iba precedido por sargentos de la Guardia Suiza, seis palafreneros con uniforme rojo, bussolanti, comendadores que rodeaban el cortejo. E l duce tenía a sus lados a monseñor Mella y al embajador, conde Devecchi. L a Guardia Suiza rodeaba todo el cortejo. E n la Sala Clementina salieron al encuentro del Sr. Mussolini el maestro de Cámara del Pontífice, monseñor Caccia Dominioni el limosnero secreto, monseñor Cremonessi; el sacristán de l a Basílica, monseñor Zampini; el caballerizo mayor, marqués de Serlúpi, y el proveedor de los Palacios Apostólicos, marqués de; Sachetti. E! señor Mussolini se entrevista con el cardenal Pacelli Se formó nuevamente el cortejo, que, atravesando los departamentos de los nobles, se dirigió a la Loggia Mantovano, donde se efectuaron grupos fotográficos, descendiendo después con el mismo orden al primer piso, donde están situadas las habitaciones del secretario de Estado. A l encuentro del jefe del Gobierno italiano salieron los miembros del séquito del cardenal. E l ilustre purpurado encontró al Sr. Mussolini en la Sala de Congregaciones, invitando al duce a que pasara a su despacho particular, E l coloquio entre el cardenal Pacelli y el duce se prolongó durante veinte minutos. Después, el secretario de Estado presentó al Sr. Mussolini a sus co- laboradores: monseñor Pizzardo, secretario de la Congregación de Asuntos Extraordinarios; monseñor Octaviani, substituto de la secretaría de Estado, y moneeñor Spada, canciller de Breves. El señor Mussolini ante 3 a tumba del primer apóstol Después el Sr. Mussolini, con su séquito, atravesó la Sala Ducal, y por la escalera regia descendió a la Basílica Vaticana. L a muchedumbre que llenaba l a plaza, apenas apareció bajo la puerta de Carlomagno, le aclamó con entusiasmo. Dentro de la basílica había contadas personas, provistas de permiso especial. Monseñor Pellizzo, ecónomo de. la basílica, le ofreció el agua bendita, acompañándole en su visita a la capilla del Santísimo Sacramento y a la tumba del primer Apóstol. A l abandonar el Sr. Mussolini la basílica por la escalera Braschi, se asomó sobre l a plaza de Santa Marta. L a visita del duce a la Cjudad del V a t i cano había durado dos horas. El histórico momento de la entrevista Pío X I esperaba al Sr. Mussolini en su biblioteca privada. L a llegada fué anunciada por el camarero secreto de servicio, y entonces el Soberano Pontífice se adelantó hasta el límite de la biblioteca. E l duce dobló sus rodillas, y el Pontífice no pudo ocultar la alegría que sentía por la entrevista. E n el aula consistorial se hallaban la hermana, la cuñada y el sobrino del Soberano Pontífice. L a audiencia privada se inició a las diez y cuarenta minutos, terminando a las once y cuarenta y cinco. E l Papa, durante ella, ofreció al Sr. Mussolini algunos ejemplares de l a medalla de oro conmemorativa del I I I Aniversario del Tratado de Letrán. E l jefe del Gobierno italiano presentó a continuación al Padre Santo las personalidades de su séquito, siendo acogidas con palabras afectuosas. Tanto el Pontífice como el duce tenían un aspecto de gran satisfacción, y. las personas presentes hacían notar este hecho como un síntoma de las eventuales consecuencias que pueden derivarse de la entrevista. Pío X I se despidió del Sr. Mussolini con palabras paternales. El regreso del cortejo Bajo el A r c o de la Campana se hallaban los automóviles del presidente del Gobierno italiano y de su séquito, formando delante de ellos y detrás pelotones de Carabineros con uniforme de gala. E l público acogió la presencia del cortejo con una gran ovación y gritos de- entusiasmo E l cortejo, siempre entre los aplausos de la multitud, recorrió el camino hasta la plaza de Venecia, Palacio Presidencial del jefa del Gobierno. E l cardenal Pacelli devuelve la visita en nombre del Papa A las doce y cuarenta y cinco se dirigió el secretario de Estado, cardenal Pacelli, acompañado de su séquito, y en varios automóviles que ostentaban el gallardete pontificio, al Palacio de Venecia, con objeto de devolver la visita al duce. A l paso del automóvil en que iba el cardenal Pacelli, por la plaza de San Pedro, y en donde los Carabineros habían dado un concierto, se tocó el Himno Pontificio. E l cardenal fué recibido en el Palacio de Venecia con los honores debidos, y de esta manera se puso término al gran acontecimiento, tan esperado por todos los italianos que han sabido unir su veneración al Soberano Pontífice, al afecto hacia el señor Mussolini, artífice de la reconciliación. El cortejo presidencial L a audiencia había sido fijada para las once de la mañana, pero el jefe del Gobierno italiano entró en l a Ciudad del Vaticano a las diez y treinta. E l cortejo presidencial se componía de. cuatro automóviles; en el segundo iba el duce, acompañado del embajador de Italia en la Santa Sede, conde Devecchi. E n los restantes vehículos iban el ministro de Justicia, Sr. Rocco; el subsecretario de la Presidencia, Sr. Giunta; el subsecretario de N e gocios Extranjeros, Sr. F a n i el jefe de la Oficina de Prensa, de la- Presidencia, señor Polverelli, y el personal de la Embajada de Italia. E l Sr. Mussolini vestía uniforme de primer ministro, ostentando sobre su pecho la gran cruz (le la Espuela de Oro y el gran cordón de la Orden de San Mauricio. E l séquito vestía uniforme de gala. E n la pensílina del patio de San Dámaso EL ARTE E N BLANCO Y NEGRO -Además de ocho páginas en las que se reproducen notables obras artísticas, entre ellas el hermoso cuadro ¡Y o soy! de Menéndez Pidal, publica B L A N C O Y N E G R O en su número próximo, tres crónicas de arte, esmeradamente ilustradas, que firman Antonio Méndez Casal, Monte- Cristo y Manuel Abril, y que estudian, respectivamente, U n retrato histórico de Washington Exposición de cuadros de Ortiz Echagüe, en París y E l Palacio- Museo de Aranjuez Onne trinun est perfectum Durante la visita del Sr. Mussolin- Basílica Vaticana, monseñor Pellizo, s e c tario de la Congregación de la Fábrica cíe San Pedro, le recordó que era la tercera vez que le acompañaba. E l duce contestó con las siguientes palabras latinas: Onne trinun est perfectum. Pero añadió gue volvería a l euna otra vez.
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