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MOMENTOS VALENCIANOS CUANDO FLORECEN LOS ALMENDROS de. este árbol surgen espontáneamente, i n esperadamente, fiándose de su propia inspiración, como, según el mismo Maragall en su teoría de la palabra viva, había de surgir la creación p o é t i c a Realmente, los mejores versos de Maragall son un, almendro en flor. Ahora bien: ¿q u é simbolismo tiene l a flor del almendro? Los hebreos la consideraban como símbolo de la vigilancia, ya que al abrirse en las desnudas ramas anuncia la proximidad de la primavera en el camino del tiempo... E n los mitos griegos la flor no tenía una significación e s p e c i a l pero el árbol, cuando estaba pelado, representaba el invierno, y cuando daba almendras amargas, el dolor... Por lo que toca a los romanos, prácticos siempre, más que detenerse en la contemplación de las flores procuraban sentar la máxima de que las almendras a m a r g a s preservaban dé la embriaguez por mucho vino que se bebiera... Pero no es preciso remontarse a la antigüedad. Aún hay voces que dan al aire un cantar que dice: E N LA TARDE YA SIN SOL, LOS ALMENDROS EN FLOR JUEGAN IMPRUDENTEMENTE CON LA FRIALDAD D E L REiMUSGUILLO. (FOTO BARBERA MASIp) i os tomáis la molestia de preguntar cuál es el árbol más valenciano, seguramente se os contestará con casi unanimidad: E l naranjo Puede ser así, pero ello no obsta para la valencianía de otros árboles, como, por ejemplo, el almendro. E l almendro, sí. No importa que tenga una procedencia oriental. E n fin de cuentas, ¿no la tienen también el naranjo y otros muchos árboles? Además, el almendro es eminentemente mediterráneo. Y por ende, ¿no se había de encontrar a su gusto en ía tierra valenciana, que si resulta estrecha lo es precisamente para ocupar más trecho en contacto con ese mar color de cielo que tiene encima un cielo color de mar? Por. otra oarte, sabido es que España- -con Argelia e Italia- -es uno de los principales países productores de almendra. Pues bien, ía provincia que produce más almendra- -al menos según Vas autorizadas estadísticas que a la vista tenemos- -es la provincia de A l i cante. E l décimo lugar entre las cincuenta corresponde a la provincia de Castellón. Y a poquísima distancia figura la provincia de Valencia... ¿Qué más? L a región valenciana, como afirmando su atención hacia los almendros, lia hecho de las almendras elemento principalísimo para dos cosas tan importantes, desde el punto de vista gastronómico, cual los turrones y las peladillas. Respecto a los primeros, baste citar los nombres de Jijona v de Alicante; respecto a los segundos, no bastará con citar a Alcoy- -la industriosa S ciudad, que sabe unir lo útil a lo dulce, como en el precepto ¡horaciano- sino que habrá que citar también a Casinos, población próxima a Liria, donde elaboran unas peladillas que los peritos en tan agradable materia reputan excelentísimas. Quedamos, pues, en que el almendro es un árbol tan valenciano como el primero. Y sería lamentable que algún lector discrepara de semejante parecer, porque con ello... se asestaría un golpe mortal a la presente crónica. Cuyo objeto no es otro que una evocación de las almendras, que florecen acá y acullá en distintos puntos de la región. Unos en severas comarcas interiores, desde donde no se ve el mar, aunque se le presienta, en tor- r no a pueblos castellonenses que conservan restos de arquitecturas ojivales y plazas porticadas; otros en suaves colinas que dominan la planicie de la huerta y que, desde lejos, saludan con su blancura la blancura de las velas latinas; otros- -ya en parajes- alicantinos- -que se deslizan por los cabos montañosos y que a veces confunden su floración con el estallido burbujeante de las espumas marítimas... Gabriel Miró, a lo largo de sus libros, evoca repetidamente, con graciosas pinceladas, la finura de estos árboles en flor. Y se explica el cariño que les tenía, porque, además de ser alicantino, su estilo, apretado y sabroso, tenía esas dos cualidades del turrón. E n cambio, el poeta de los almendros en flor fué Juan Maragall. Y también e exs plica, no ya porque Cataluña sea asimismo tierra de almendros, sino porque las flores F u e r o n mis esperanzas como el almendro: florecieron temprano, cayeron presto. Y es verdad que las flores amigdaláceas pueden ser consideradas como un símbolo de las ilusiones locas, que nacen sin atenerse a la realidad del ambiente y que, por lo. tanto, han de. acabarse muy pronto. Entre las flores del almendro, abiertas ingenuamente en pleno invierno? hay muchas que perecen al punto porque se las lleva un ramalazo de viento o porque las ennegrece una baja temperatura. Como dice Lope de Vega: Vemos, un almendro en flor- -y helado todo mañana Si no hubieran tenido tanta impaciencia, si no hubieran desafiado al ambiente, hubieran podido vivir más tiempo con alegría y colores rosáceos, acompañadas armoniosamente por las hojuelas oblongas y aserradas... Es verdad. Pero también es verdad que otras flores, a pesar de haber nacido al mismo tiempo, transforman normalmente sus pistilos en fruto. Fruto que, pendiente del árbol, hemos visto en cierto escudo que figura en un altar de la melancólica iglesia valenciana de San Juan del Hospital, sepultura de Emperatrices. Y es que el fruto del almendro tiene en valenciano un nombre que, con distiritas formas, sirve de apellido a numerosas familias. Ese nombre es Ametlla, Atmella, Armella, Almel- la y A L M E L A Y VIVES
 // Cambio Nodo4-Sevilla