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CAMINOS DE CASTILLA En busca de la iglesia más antigua de España. espesura de madrugada, más clara luz al mediodía. Promesa de buen día, luminoso y grato. En marcha. Tierras llanas y. pardas, muertas de frío. A l parecer, baldías. ¿N o tenéis nada dentro? Acaso el íalrador no echó este año en vuestros surcos la semilla. Diríase que, amedrentadas, aguardáis en triste reposo un porvenir incierto de angustia y quebranto. Es acaso por esto por lo que no reverdecéis ya, risueñamente, cuando, en los días claros de nuestro ielo, os besa el sol de Castilla? Pueblo a la vista. L a cabeza en el monte. E l pie en el llano. También se despereza tarde, esfumado en la niebla, como la ciudad. ¡Oh, madrugadas veraniegas del campo castellano, hecha la noche día para ir, antes que el alba tina el oriente, al primer acarreo lejos del lugar! Sólo se oye en la retorcida calle el paso firme del mozo que a la arada va, como siempre, con, la copla en los labios: De las hembras, la paloma es la aue no tiene hiél. L o que falta a l a paloma, eso sobra a l a mujer. Coplita amarga. L o que no puede saberse es si salió de ellos con alguna intención. Porque, a lo mejor, las paredes oyen, y, cerradas las puertas y ventanas, tras alguna de ellas hay una moza, que, al cantar del galán, ofensa para su sexo, contesta con otro, precisamente al pasar aquél junto a su casa; Cuando vengas a verme ven por lo obscuro, pa que crea mi madre que eres un burro. Malquerencias amorosas? L a réplica ha sido dura. Y tras ella, otra vez el silencio de la callecita desierta, cuyo final nos de- ENTRAD EN E L PUEBLO, ATRAV ARCO Y CALLE ARRIBA LLEGARE TIGUO PALACIO 1 AMINO adelante, en corta jornada, vamos a encontrar hoy en nuestra ruta por los llanos de Castilla algo de mucho interés, y, al final, la iglesia más antigua de España. Caminito corto, breve camino, largo en sugerencias y evocaciones, pródigo en ofrendas al viajero espiritual que lo recorre. Madrugamos. Queda atrás, medio dormida aún, la vieja villa del buen conde Ansúrez, hundida en la niebla, esa niebla que antaño cantaron con pintoresco gracejo los ingenios del Siglo de Oro, sempiterno canto de actualidad en los inviernos castellanos, para, entonado hoy, hecha verdad la hipérbole de no verse ni ios cinco dedos de la mano... Niebla mañanera, sol seguro. Y a mayor C E L PISUERGA SE REMANSA PLÁCIDAMENTE E N ESTA GRÁCIL CURVA