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es médicos le recetaron un sanatorio especial. H a y en E s p a ñ a un sanatorio especial para esta especie de enfermos: les duele el pelo atrozmente; cuando el peluquero se acerca a ellos con las tijeras y el peine ellos rugen. U n sabio alemán fué el primero que trató esta dolencia, como sabéis todos. S u sanatorio no puede ser m á s famoso. E s t á en la Pomerania. E l que existe en E s p a ñ a es menos i m portante: pero parece que resulta bastante bueno también. E l mismo m é t o d o reposo, lecturas simples, mariscos y arreglo de l a cabellera con aplicaciones de cloroformo, cuyas dosis se disminuyen, poco a poco en cada corte. E l sanatorio está en una provincia del Norte cuyo régimen de lluvias- -la humedad contribuye no poco a la curación de los enfermos- -es muy parecido al régimen de lluvias del Norte de Prusia en cantidad y calidad de aguas rayadas. Su mujer e r joven y bonita! Ojos de Marennes. N i n g u n a mujer ha cruzado nunca las piernas de seda como ella las cruzaba. E l l a era entonces una verdadera obra de arte de la nonchalance. Hicieron sus maletas y tomaron el tren que debía ascender con ellos hasta el mar Cantábrico. E l que había viajado mucho, t o m ó sus dos tickets para el v a g ó n- r e s t a u r a n t e y le dijo a ella: a L ¡V e r á s cómo nos dan de comer j u d í a s verdes! Cuando les sirvieron los j a d í a s verdes el enfermo pensó que ella debía sentirse orgullosa de él. A l anochecer el cielo se incendiaba al final de l a llanura, y él la llamó desde el pasillo del v a g ó n ¡Mira! Q u é preciosidad! E l entonces e x c l a m ó -Esto lo pinta un pintor y no le creen. Pero él estaba muy triste. P r i m e r o apareció una enfermera blanca. Luego un practicante blanco. A continuación un medico blanco. E l director vestía de negro. -Perfectamente- -dijo- Pero su señora no puede quedarse con usted en el sanatorio. E l no contestó. E l l a exclamó en cambio: -Y o quiero acompañarle, doctor. Quiero a c o m p a ñ a r l e Quiero a c o m p a ñ a r l e -Imposible, señora. L a enfermedad de su marido es nerviosa. E n estos últimos años se ha intentado desacreditar a los nervios. Todo inútil. E s nerviosa... Su marido seguramente es hombre de una imaginación extraordinaria. Necesitamos domar, reducir esa imaginación, aislando su cerebro por a l g ú n tiempo. Y o tengo que hacer en torno de él un poco de vacío. E l director, sin embargo, admitió que ella visitara a su marido todos los días durante cinco minutos. E l l a t o m a r í a una habitación en un hotel de l a ciudad, en el mejor y m á s confortable hotel de l a ciudad: H a bitaciones sobre el mar, trato de familia y coche a l a estación -Que c ó m o sigue usted, de parte de don Juan... L a enfermera blanca ofreció esta pregunta con una sonrisa y se llevó l a respuesta de siempre, echa un, paquetito con cintas; -B i e n ya sabe usted... como siempre (paquetito) y que le agradezco mucho, que un millón de gracias (cintas) E l e n í e r m o monologaba inmediatamente ¿D o n Juan? N o le conozco. Llevo aquí seis meses y desde hace tres meses don Juan pregunta todos los dias cómo sigo. N o le conozco. Y o creo que el pelo rae duele m á s ahora. Este sanatorio es carísimo. N o comprendo cómo el enfermo de al lado está calvo totalmente. S i estoy en un sanatorio para dolores de pelo, ¿p o r q u é está calvo ese s e ñ o r? M i mujer viene cada vez m á s elegante. ¿D o n Juan? N o caigo. N o recuerdo. N o le conozco. Cuando esta alegre historia se proyecte en l a pantalla los espectadores, llegado este trance, leerán las palabras temblorosas que
 // Cambio Nodo4-Sevilla