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mucho antes que Cicerón, con acertada y sobria exactitud, llamó a l a H i s t o r i a maestra de la vida y luz de la verdad, ella no ha cesado de ejercer su alto ministerio docente, empleando como instrumento de sus enseñanzas el lenguaje de los hechas, que es el más elocuente de todos. P e r o l a madre Clío no tuvo presente, y es de esperar que nunca se curará del error, porque es nativo y. congénito, que el hombre, el homo sapiens, rey de la creación, es el único animal de la escaja zoológica que con incurable y extraña tozudez olvida los- obstáculos que la suerte le presentó en su camino, volviendo torpemente a tropezar en ellos. Y ese fenómeno sucede con más frecuencia en el orden político que en otro alguno, y muy singularmente cuando el siijeto acHvo es l a colectividad. E n el proceso d e todas las revoluciones que han agitado la vida de los pueblos, como en la generación de todas las dictaduras que los han oprimido, se comprueba este principio, que yo reputo verdadero axioma. L a s propagandas políticas, en su aspecto externo y espectacular, casi siempre fueron vistosos ropajes con que se disfrazaron propósitos diferentes y a veces contrarios a los que aparecían perseguir los evangelistas del ideal. L a s muchedumbres, lo mismo de derecha que de izquierda, h a n sido en todos los tiempos instrumentos dóciles e inocentes que, arrebatados por fervorosos entusiasmos, nunca se enteraron de esos recónditos manejos hasta que la realidad les abrió los ojos mostrándoles el engaño. Y a pesar de ello, la inconsciencia de las masas fué tan incorregible, que de nada le aprovecharon las lecciones, de l a experiencia. E s t a manera de juzgar los acontecimientos y los hombres no nace de una opinión que me haya sugerido el capricho. E s el producto de una observación constante conseguida en el estudio de tes- limonios auténticos, que me enseñaron cosas realmente peregrinas. Como botón de muestra, allá v a u n episodio cuya veracidad es indiscutible. E l docto ingeniero- geógrafo D A l f o n s o Cisneros, m i excelente y caballeroso amigo, que conoce mis aficiones al estudio de la H i s t o r i a tuvo l a bondad de regalarme todos los paneles eme le legó su ilustre padre, D E n r i q u e Cisneros. E l gran ñi erés de tan curiosos documentos está en armonía con la posición que en ei mundo ocupó su dueño. L i t e r a t o- ilustre, poeta inspirado, autor dramático notable y brillante periodis a. fué. además, actor importantísimo en la v i d a pública. Desempeñó el cargo de subsecretar i o del ministerio de U l t r a m a r en el Gobierno, provisional de iíí 8, a las órdenes de D A d c l a r d o López de A y a l a su amigo entrañaESDE D UNA PAGINA INÉDITA DE LA REVOLUCIÓN DE SEPTIEMBRE DON FRANCISCO SERRANO- DOMÍNGUEZ, DUQUE DE LA TORRE, PRESIDENTE D E L GOBIERNO PROVISIONAL I) OIf ENRIQUE CISNEROS. DE ULTRAMAR SUBSECRETARIO D E L MINISTERIO EN E L GOBIERNO PROVISIONAL ble, y más tarde el de consejero de Estado. Durante el período revolucionario representó también, en el Congreso a la provincia de Ciudad R e a l pero, la empresa política que con más empeño acució su actividad fué la de ayudar con incansable ahinco el t r i u n fo de la candidatura de la infanta L u i s a Fernanda para el T r o n o de España. A m i g o íntimo de los duques de Montpensier, puso al servicio de su causa toda su voluntad y toda su alma. Inteligentísimo, culto y decidido, echó sobre sus hombros el peso abrumador de una tarea que por su magnitud era casi imposible rematarla. Poseedor de la confianza de los infantes, fué desde meses antes del triunfo de la revolución, hasta que llegó la hora de ser elegido el Monarca, el más activo agente de enlace que mantuvo la comunicación entre los duques y los caudillos revolucionarios que se pronunciaron en Cádiz con el secreto y exclusivo deseo de sentar en el T r o n o a l a infanta. E n la conspiración que dirigió P r i m desde tierra extranjera cooperaron, además de los republicanos, que entonces se llamaban demócratas, los progresistas y los elementos procedentes de la Unión L i b e r a l E l propósito que les unía aparentemente era derribar la dinastía de Borbón, y, para conseguirlo, laboraron todos, sin especificar el programa ni establecer previamente condiciones. S i n embargo, cada agrupación tenía puesta la vista en su finalidad, que sigilaba cuidadosamente. L o s republicanos trabajaban cotí la mirada fija en la proclamación de la República; los progresistas anhelaban que las Corte- Constituyentes restauraran la M o narquía, pero con exclusión de todos los Borbones, y los unionistas perseguían el fin de que, una vez votada la Monarquía como forma de gobierno, ciñeran la C o r o n a los duques de Montpensier. T a n diferentes criterios no se exteriorizaron, porque a ninguno le convenía provocar disidencias, que hubieran entorpecido el camino de l a revolución, pero cuando llegaron a la bahía de Cádiz P r i m Sagasta y R u i z b o r r i l l a procedentes de Londres, en la noche del 28 de septiembre de 1 B 68, y reunidos con Topete a bordo de la fragata Zara- goza- trataron de cómo había de redactarse l a alocución al pueblo español, como programa del movimiento, la discrepancia surgió en el acto. Topete y P r i m únicos caudillos militares presentes en la reunión, pues el duque, de la T o r r e Serrano Bedoya y D u k e no arribaron de Canarias hasta el día s i guiente, mantenían una opinión diametraknente opuesta. Pero, como sucede siempre, triunfó la superior capacidad, El conde de Reus echó en la balanza todo el enorme, peso de su gran talento político y logró hábilmente que Topete aceptara la solución a m bigua, que a nadie comprometía, de someterse todos a la soberana voluntad de las Cortes, y que por lo pronto el lerna de la pro-
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