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A B C. M A R T E S 16 D E F E B R E R O D E 1932. EDICIÓN DE ANDALUCÍA. P A G 25. ACTOS PÚBLICOS CELEBRADOS E L DO- MINGO E N M A D R I D Y PROVINCIAS E n M a d r i d E l señor Lamamie de Clairac contesta al discurso del señor A l b o r n o z sobre la disolución de la Compañía de Jesús. E l m i nistro de A g r i c u l t u r a en T o r t o s a E l ministro de Justicia habla, en M á l a g a de L a Justicia en España E n Madrid A y e r en el teatro de la C o m e d i a el señor Lamamie de Clairac c o n testa al discurso del señor A l b o r n o z sobre la disolución de la C o m pañía de J esús M a d r i d 15. E n el teatro de la Comedia se celebró ayer mañana la conferencia del diputado a Cortes Sr. Lamamie de Clairac para contestar al ministro de Justicia en la interpelación guillotinada por la Cámara. U n a hora antes de dar comienzo la conferencia, la sala del teatro aparecía ya casi llena de público. L a presidencia La indefensión c i u d a d a n a Presidieron el acto, con e l Sr. Martínez de Velasco, jefe de la minoría agraria, los diputados a Cortes Sres. Beunza, Orios, Gómez R o j i y A r r o y o y los Sres. Pradera, González, Amezúa, Rodríguez de Setien, Tornos, Danvila, Fuentes P i l a Cobián y conde de Vallellano. D i s c u r s o del señor L a m a m i e d e Clairac Comienza el orador exponiendo el motivo de esta conferencia, que ha sido el de haber guillotinado en el Parlamento el debate planteado por su interpelación al Gobierno sobre el decreto disolviendo la Compañía de Jesús. E n su interpelación, han ocurrido dos hechos- extraños; uno, el retraso en concederla, y otro, el fenómeno insólito de que el ministro de justicia no contestara en el acto a su discurso, dejando que intervinieran otros oradores y esperando tres días para hablar, porque así le convino. Hace notar que la proposición hecha a la Cámara para aplicar la guillotina a la interpelación llevaba también la- firma del señor Martínez Barrios, lugarteniente del señor Lerroux. (Ovación. Esta proposición se aprobó por 189 votos contra 45. Durante la votación, un diputado radical- socialista se acercó a su escaño y aludiendo a la insinuación del Sr. Beunza sobre los diputados masones, le d i j o ¿Quiere usted saber cuántos diputados masones hay en la Cámara? Somos 183. E s decir, que tenemos en la Cámara mayoría. Añade el orador que mayoría no tienen los masones en el Parlamento; pero se la da la tontería do los que forman la campaña de los partidos. L o que sí hay analogía es en el número de votantes de aquella proposición y el número de. masones. Guillotinado el debate, a pesar de las alusiones del ministro a los defensores de la juricidad, sólo quedaba la protesta. A l siguiente día, los juristas elevaron al presidente de la Cámara un escrito de protesta contra lo sucedido, aunque al final proporcionaban al presidente de las Cortes ocasión para una respuesta fácil. N o era cosa de presentar otra proposición estérilmente para rectificar al señor Albornoz. Entonces surgió la idea de contestarle en una conferencia pública. Aunque enemigo del parlamentarismo, dice el orador que el Parlamento, una vez aceptado el principio, es de diálogo, y esta característica fué anulada por la mayoría de la Cámara. Dice que el decreto que combate es anticonstitucional, impolítico, injusto, y alude a la declaración de D. Melquíades Alvarez, condenando también en este aspecto la incautación de bienes, sin indemnización, Pero- -añade- -estos juristas no se sumaron a nuestra protesta. (Grandes aplausos. Afirma la indefensión en que están los ciudadanos, víctimas de las demasías del Poder, por no existir aún el Tribunal de Garantías Constitucionales ante quien apelar. Pasa a examinar los puntos principales del discurso del ministro de Justicia y hace notar que, cuando alegó la bula de julio IIÍ, en la constitución de la Compañía de Jesús, la parte que se refiere al cuarto voto, cambió las palabras, donde dice cualquiera de nosotros el ministro dijo todos nosotros dándole carácter de generalidad. (U n a v o z eso es mala fe Grandes aplausos. Añade que la obediencia es, en efecto, el nervio y fundamento de fa. Compañía de Jesús, y éste es el motivo que tienen para haber disuelto a los Jesuítas la masonería y el judaismo, de quien es el propósito de matar la hija, para después matar la madre Iglesia. (Gran ovación. E l Sr. Albornoz dijo con respecto a la obediencia debida al Papa, que los católicos le prestan en conciencia y los Jesuítas de modo personal. Como si hubiera dos obediencias distintas. Y o exclama, tengo que prestarle obediencia con mi persona. (Ovación entusiasta. L a incautación d e bienes Examina las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y dice que en este momento es cuando hay intromisión del Estado en la esfera religiosa, legislando sobre materias como el divorcio. Todos los católicos, como tales, debemos obediencia al Papa y al promoverse estos conflictos de jurisdicción los Jesuítas y los católicos, a quien tenemos que obedecer es al Papa. (Grandes aplausos. S i a todos cuantos prestan obediencia al Sumo Pontífice hay que expulsarles, que nos expulsen a los católicos españoles, y se verá cómo queda España. (Gran ovación, que dura largo rato. Examina el aspecto jurídico de incautación de los bienes de los Jesuítas, y aplicando el artículo de la Constitución, demuestra, que, según ella, no se habla más que de bienes socializados. L a nacionalización y la municipalización, no son más que formas de esa socialización de que habla el artículo 44, y para socializar, hay que indemnizar, como la Constitución establece, salvo el voto de la Cámara, requisito que tampoco se ha cumplido. Esto es lo que da carácter anticonstitucional al decreto. E! i m p e r i o d e Ja lógica Recuerda la? teoría de Campomanes sobre la desamortización, en la que no prefería et despojo, sino la limitación de adquirir y añade que el Estado reconoce la propiedad en el Concordato, al establecer l a tributación sobre ella. Y otra cosa no puede ser, porque si prospera lo que se llama dominio eminente del Estado nadie podrá estar tranquilo, pues invocando ese dominio eminente, la propiedad quedará en manos de ese Estado. Invita a considerar la teoría del Sr. A l bornoz, quien dijo que al disolverse la Compañía, los Jesuítas no existen, y, por tanto, no hay sujeto de propiedad. Por cierto que el diputado socialista Sr. L a Serrana, médico, que días antes había atacado duramente a la V O. T. exclamó. E x a c t o (Grandes risas. E l orador pregunta: ¿E s que disuelta una sociedad se pierde la personalidad jurídica? Pues aplicando esa teoría, mañana el Estado puede declarar disuelta la Compañía de Teléfonos, y apoderarse de todos los bienes, sin darle ninguna indemnización. Recuerda que el Sr. Albornoz decía que los Jesuítas, una vez disueltos como Congregación, tampoco pueden tener propiedad particular, con arreglo al. voto de pobreza. Se aceptan los principios católicos para negársela, y no se aceptan para disolverles. L o menos que se puede pedir al ministro es un poco de lógica, porque si el Estado no tiene en cuenta la situación religiosa, tiene que respetar la condición de ciudadanos. Y o- -añade- -tengo un hermano jesuíta que heredó de mis pavlres, con el mismo derecho que yo. Pues bien, ¡j lo suyo rio es sagrado, mis bienes tampoco pueden serlo (Grandes aplausos. H e aquí el peligro mayor que amenaza a las clases conservadoras, las cuales deben recordar que cuando el Estado despoja a la Iglesia de él aprenden las ¿nasas el ejemplo para despojar a los que a la Iglesia persiguen. (Gran ovación. Acusa el ministro a los Jesuítas de que aspiran a conquistar el Poder temporal, y dice que si se van a Inglaterra y a los E s tados Unidos- es porque saben que allí no pueden lograrlo. (Grandes risas. L a ilógica de este discurso se acentúa en la apología que el Sr. Albornoz hace de perseguidores de la Compañía, como el marqués de Pambal y el conde de A r a n d a el primero, un déspota, un verdadero tirano, que condenó a centenares de personas sin formación de proceso, y el segundo, un anticrata que encarcelaba sin que a veces volviese a saberse nada de los encarcelados. A estos dictadores son a los que admira el señor Albornoz. (Enorme ovación. U n acto de dictadura fué la expulsión de los Jesuítas, acatada por Carlos I I I al que se engañó, calumniando a la Compañía i n i cuamente por los volterianos conjurados contra ella, que ejercían el Poder en E u r o pa, y de ahí que, como los motivos de la exposición no pudieran explicarse, se dijera en la Real pragmática que Su. Majestad guardaba las víctimas en su Real pecho También ha dicho el Sr. Albornoz que la pragmática de Carlos I I I está en v i gor, siendo así que está perfectamente anulada por el concordato aún vigente. Afirma que los diputados católicos seguirán protestando constantemente, no sólo contra el artículo 26, sino contra todos los artículos sectarios de la Constitución, hasta lograr, no que sea revisada, sino que sea derogada. (Grandes aplausos. Nos acusó el Sr. Albornoz- -añade- -diciendo que la religión nuestra era una i n vocación sacrilega. Rechazamos la injur a. porque nosotros en todas nuestras propagandas decimos qué hay que ajusfar las obras a las palabras, terminando con el concepto, del disfrute egoísta de los bienes- que Dios nos ha dado, y acordándonos de miestros hermanos y de nuestros deberes para con ellos y para con la sociedad. Nosotros rechazamos el concepto socialista de que el trabajo és una mercancía. Ese es un principio del liberalismo, porque el obrero es
 // Cambio Nodo4-Sevilla