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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SI M O C T A V O 10 CTS. N U M E R O DIARIO ILUSTRA D O A Ñ O VI G E SI M O C T A Y O 10 CTS. N U M E R O F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E TEÑA UNA DIMISIÓN Y UN DlSÉURSO E s insostenible l a s i t u a c i ó n de inseguridad, p u b l i c a que estamos atravesando. LERROUX El, Sr. TJriamuno, refiriéndose a las ú l t i m a s declaraíciones del Sr. Ijerroux, dijo a los periodistas que le parecieron muy bien, pero que m u y bien. ¿Q U E S E P U E D E DECIR E N GINEBRA? E n l a Conferencia del Desarme, los oradores se suceden en l a t r i buna. E l director general de Seguridad ha pre sentado la d i m i s i ó n c o n carácter, irrevocable. H a hecho bien en presentarla, y el g o b i e r n o hace bien en no admitírsela. Hace bien si, en efecto, son ciertos los motivos que para justificarla ha expuesto el dimitente en su explicación oficiosa, y si n o l o son, como sospechan algunos maliciosos, mucho mejor todavía. L o menos que puede hacer el director de un organismo público cuando advierte que sus subordinados son objeto de críticas injustas es solidarizarse con ellos y aceptar la responsabilidad. del acto censurado con el mismo e, spíritu de abnegación y sacrificio con que l a acataría si l a censura fuera directamente contra él. T a l vez los que alardean de prácticos, y en el fondo no son m á s que unos cucos, sonrían despectiva- mente ante tal actitud, que t a c h a r á n de, demasiado susceptible, pero no cabe duda de. que es la nías correcta y l a m á s digna. E n cogerse de hombros, consentir que la responsabilidad se diluya por el engranaje de l a organización, que yaya descendiendo pollas escalas hasta recaer en el último mono, será cómodo, pero es poco gallardo. H a hecho muy bien el director de Seguridad en dimitir si, efectivamente, considera injustas las censuras- que- sé dirigen a l a Policía por la indefensión en que. se encuentra la tranquilidad ciudadana, víctima en estos días como nunca de los profesionales del delito. Cierto que como nunca en estos días se repiten los robos, y menudean los atracos, y estamos todos á merced del primer malhechor que se lanza al asalto a cara descubierta, como en los viejos tiempos del bandolerismo; pero esto, más que a deficiencias de la Policía, ¿110 se deberá al estado de indisciplina social que estamos padeciendo, a la falta de apoyo colectivo y de cooperación del propio público? Algunas veces se ha referido el caso de. algún ratero que, perseguido por la Policía, se tiraba al suelo y se ponía a g r i t a r ¡Q u e yo no soy l a d r ó n soy anarquista! convencido de que esta enérgica protesta le a t r a e r í a la simpatía de las masas y hasta le libraría del castigo. Esto, que aisladamente no deja de ser más que un arbitrio pintoresco, digno de nuestra clásica literatura picaresca, generalizado corrió sistema es un síntoma muy grave de descomposición social, contra ci cual nada pueden la pericia de la Policía ni los resortes de la ley. N o son únicamente leyes de represión ni aumenta de las fuerzas guardadoras del orden Lo que se necesita para asegurar la tranquilidad pública, sino, sencillamente, respeto a Jos encargados de garantizarla. Pasa con 1 a tranquilidad pública lo mismo que sucede con la paz universal. Nuestro ministro dé- Estado acaba de decirlo en Ginebra, entre los. aplausos de los concurrentes: L a condición primordial de 1 a paz es reforzar el respeto a los Tratados; es inútil dotar á la Sociedad de, las Naciones, de fuerzas materiales si le negamos la fuerza moral indispensable para que pueda emplearlas Nadie d i r á que esta teoría es reaccionaria. Pues, ésta es, sencillamente, la que se debe; aplicar. PEDRO MATA B r ü n i n g debía haber pronunciado el discurso de Grandi dicen los nacionalistas alemanes, descontentos con la moderación y la brevedad del primer delegado del Reich. Y así ocurre que, aunque el canciller hava expuesto con suficiente, claridad el p. into de vista de su pueblo en la cuestión de los armamentos, la controversia habrá de desarrollarse alrededor de dos tesis: la francesa y la italiana. Esta última más p r á c t i c a la primera, más completa, pues no sólo piensa en reducción de los armamentos, sino también- en la manera de prevenir futuros conflictos armados, mediante un poder coercitivo conferido a la Sociedad de Naciones- Después de la exposición de estos dos puntos de- vista, los demás deleyadob no- pueden sino repetir m á s o menos- los mis- mos conceptos, inclinarse hacia u n- l a d o ü- -otro- o buscar entre ilas dos tesis- e l- i u s t ó medio, como To hizo hábilmente Zuiucra. L a naturaleza; de l a Conferencia no admite ¿Asistimos, entonces, a- un fenómeno como mucha originalidad. el d e T r i g o y e n en la Argentina, aquel hom- Para. ser original habría que p i o n u n e i i r bre decrépito que se ocultaba, que no habla- se en contra de la reducción de los aimaba, que se convertía en un mito, y que arras- mentos ¡i- pero ¿el representante de qué íaobiernó se. atrevería a hacerlo? Cicrta- nlentraba detrás, sin emba- rgo, a una masa forte, él general Ludendorff, en su respuesta midable, de, adeptos fervorosos? Pero el insdada a la encuesta del Journal des Natwnx, tinto de- laS muchedumbres; puede ser a vede Ginebra, condena cualquier limitación ces una cosa seria. Y e n este caso (aun sabiendo lo peligroso de lo que voy a decir) de los armamentos como una cosa inmoral ya que cada pueblo tiene el deber, 1 la una enorme cantidad: de, españoles han visto realización de su voluntad de autoconser. en L e r r o u x eso: tro rectificación. Porque vación, de utilizar plenamente sus fuerzas Lerroux, por m á s que no diga, nada o diga de defensa y, por consiguiente, s i el pue- lo que quiera, cu este momento de l a Repúblo se limita en sus arm. atríientos, cometeblica representa una actitud de rectificación. un atentado contra las leyes; m á s sagradas y Y espontáneamente van adhiriéndose a él m á s divinas Sí, -pero Ludendorft no destodos los desengañados de la Revolución empeña n i n g ú n cargo público y puede ha- O sea todos los que observan que la R e p ú Mar cuanto le guste, sin que sus palabras blica ha tomado un tono. un rumbo y un tengan consecuencias notables. aire distintos de los que ellos esperaban. Cabría también oponerse a una reduci- i, S i ustedes hablan del- ciervismo por ción radical de los armamentos invocando ejemplo, como- de una forma política periclilos peligros internos de orden social -v. el tada, es posible que se equivoquen de medio problema de los obreros parados. En- efeca medio. E l ciervismo es un. movimiento to, no sólo hay guerras entre pueblos, natural y consecuente de la sociedad españosino también guerras civiles, en las que el; la. Y en este momento ¡oh, suceso sorprenE j é r c i t o está llamado a defender- el orden. dente! Lerroux, para esa; -sección de la sosocial establecido. N o es necesario pasar ciedad española, se ha convertido en el pro- las fronteras de E s p a ñ a ni remontar en pió Cierva. Las fuerzas- vivas de todas las los tiempos para convencerse de la utilipoblaciones vuelven a L e r r o u x la mirada dad de disponer de fuerzas armadas, aunanhelante. Vuelven hacia él la mirada los que ninguna potencia extranjera amenace amantes de la tradición (el caso de Unamual país. Finalmente, resultaría interesante no) L e ofrecen, en fin, sU simpatía aquellos conocer estadísticas fidedignas acerca del innumerables españoles que se fueron alen ú m e r o de los ingenieros y obrerqs erfipleagres y confiados con la República y que desdqs en las Empresas que fabrican- arpias y pués desearían que todo eso no hubiera sumuniciones. ¿E n qué proporción aumentaría cedido, l- ero que, ya que. h a ocurrido, que el n ú m e r o de los huelguistas forzosos si mase pudiera rectificarlo. Que las cosas pudieñ a n a se votara en Ginebra- el provecto ruso ran volver a como estaban antes aunque de desarme absoluto? Algunos objetarán que prescindiendo del rey. Y el hombre que los obreros quei. se dedican- hoy a producir creen que puede realizar t a m a ñ a empresa es artículos mortíferos podría emplear su acLerroux. -Y ahora. se le. acumulan a L e tividad a fabricar artículos útiles, como ararroux ingentes dificultades, porque poco a dos o zapatos. L a objeción seria justa si poco l a n a c i ó n ha ido transformándolo en en todos los terrenos no existiera ya superun m i t o e n u n a especic de superpolítico caproducción o sub- consumo. N o pretendemos pte de enormes hazañas, d c milagros; y el Dios nos libre! -n p 1 n- n o i i, de seguí- mayor milagro que exigen de él (el hombre que se pasó cincuenta años proclamándose sólo des grandes: radical entre la plebe) -es el de hace. r que las cosas volvieran ¡a estar como estaban plicada mentó, antes géneros; J. pss M S A L A V E R R I A Nosotros tenemos, que agradecer a l a fortuna- el que tíos permita- presenciar un caso cómo é s t e el caso; Lerroux. E l político estupendo que va engrosando en forma casi fabulosa l a masa de sus partidarios sin apenas ejecutar, un esfuerzo; que va aumentando su prestigio de gobernante sin decir apenas esta boca es m í a que se lleva detrás a los elementos más recelosos. y difíciles sin pronunciar un, diácurso. que valga la pena. ¡Y cuando dice algo, tampoco se cuida de hacer demasiadas concesiones. Y o no soy católico afirma, y los católicos han puesto en él sus esperanzas. Yo quiero colaborar lealmente, con los socialistas agrega, y se le unen las clases capitalistas del país. Y o no pondré ningún obstáculo a la Constitución y l a respetaré cuando sea sancionada por la soberanía nacional exclama, y todos los adversarios de esta Constitución se convierten de una manera tácita, al lerrouxismo. N
 // Cambio Nodo4-Sevilla