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camente el ¡rigantcsco E j é r c i t o francés tjuccia suprimido, como parte, l a m á s importante, del E j é r c i t o internacional. L a L i g a h a b r í a de recurrir a los de los demás E s tados. U n a ojeada a los contingentes m i l i tares de Europa continental (excluida R u sia, que no forma parte de la Sociedad de Naciones) nos demuestra que l a L i g a no alcanzaría fácilmente a reunir elementos m i litares para oponerlos a los de Francia. (Sin contar con que las naciones de l a constelación francesa pudieran oponer resistencia a entregar sus armas para una acción conjunta contra Francia; ¿C u á l seria la situación de la L i g a privada del principal factor para imponer l a sanción a F r a n cia? S u fracaso aparece evidente. T e n d r í a mos, pues, que si un Estado de menos cuantía- -desde el punto de vista militar- -violaba el pacto, la L i g a dispondría de medios coercitivos proporcionados en l a mayor por Francia. Pero si F r a n c i a era el agresor, l a L i g a se vería obligada a declarar s u i m potencia. Se objetará que si Francia es invulnerable o poco menos con el armamento de que dispone (y que conservaría si l a Conferencia de Ginebra aceptara la proposición de M Tardicu) no deja de presentar flancos y puntos débiles donde hacerla sent i r l a fuerza de la L i g a en el caso de l a segunda hipótesis. Se dirá, por ejemplo, que las escuadras b r i t á n i c a s son bastante fuertes para bloquear a Francia y separarla de sus bases de refuerzos coloniales, Pero, s i admitimos la posibilidad de que Inglaterra no sea aliada de Francia para una política agresiva, también aceptaremos l a otra posibilidad de que lo esté, y en tal caso desparece la otra fuerza militar en que fiára mos para obligar a Francia a respetar el pacto. De otra parte, sería iluso quien creyera en que se desvanecerán las alianzas, ententes y acuerdos que forman grupos ele naciones y de los que son ejes determinadas grandes potencias. Pero aun si se llegara a ía demostración de que estas constelaciones políticas no tenían r a z ó n de existencia, siempre nos encontraríamos con grupos como el formado por el imperio británico, que, si bien sus componentes aparecen como distintos Estados miembros de la L i g a tienen un común interés nacional. Queda, por último, l a influencia de todo orden que las grandes potencias ejercen sobre las pequeñas. Con frecuencia oímos decir que los pequeños Estados no a c t ú a n en el seno de l a Sociedad de Naciones frente a los intereses de ¡as grandes. L o s que tal dicen conceden un valor de importancia extrema al estatuto jurídico que equipara a la Gran B r e t a ñ a y P a n a m á en el Consejo de la L i g a Pero no somos tan. inocentes que ignoremos los medios coactivos que tienen las grandes potencias para imponer su voluntad a los Estados de importancia secundaria en el plano internacional. Sus economías y sus regímenes políticos dependen directa o indirectamente de las naciones clasificadas entre los intereses ilimitados A h í puede encontrarse la explicación de l a actitud pasiva de las pequeñas potencias, que se limitan a la asistencia. Y cuando desplegaron una acción fué al dictado de un E s tado que no podía dar la cara. L a negociación de un empréstito, l a necesidad de mercados para sus producciones, la. demanda de créditos paralizan cualquier veleidad de los pequeños Estados para hacer valer la igualdad j u r í d i c a que el pacto reconoce a todos. E l resumen de lo que antecede es: la fuerza militar de que se dotara a la Sociedad de Naciones podría ser movilizada a condición que no hubiera de emplearla contra los E s tados militarizados, que la tienen de una manera efectiva. H a b r í a un gendarme para E u ropa; pero, si el gendarme delinquía, ¿quién podría arrestarle! ANTONIO A Z P E I T U A El cuarto poder én la escena. La compañía del teatro- Beatris estrenó anoche la adaptación de la famosa novela de D, Armando Palacio Valdés E i cuarto poder a la escena, realizada por el barón- de Mora y Salas Merlé. Un momento de la obra, que interpretan Camila Quiroga y sus huestes, (Foto Zegrí. Banquete en honor del Sr tama mié de Claírac. En el. hotel Victoria ha sido obsequiado con un banquete el diputado a Cortes Sr. Lamamié de Clairac, Los comensales- -algunos de los cuales rodean en la foto al agasajado- -pasaron de cuatrocientos, y a! final se pronunciaron entusiastas discursos. (Foto Duque. Miss Carabanchel Ginebra. En el baüe de máscaras organisado por el Club de los Solteros, de Carabanchel, hasido elegida M i s s Carabanchel 1932 la señorita Carmen Villena, de diecinueve años, que aparece aquí rodeada de otras bellas muchachas. (Foto Zegrí.