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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI GES 1 M O C T A V O 10 CTS. N U M E R O DIARIO ILUSTRAD O J V Ñ O VI G E S 1 M O C T A V O 10 CTS. N U M E R O PÜNDADO E L i. D E JUNIO D E 1905 POR D. TORCUATO L U C A D E T E N A en los Tratados. de paz, y, en el que, con manifiestan buena fe, se introdujo toda suerte de g a r a n t í a s p r e s u m i b l e s para evitar los conflictos y asegurar el fraternal concierto entre los Estados, Para el difícil ejercicio de sus funciones l a Sociedad. tiene un Consej. o, formado por un corto número -de representantes que se reúne frecuentemente, y es un organismo encargado de estudiar, informar, proponer y a veces, ejecutar; -y una- Asamblea que celebra sus reuniones ordinarias todos los años, inaugurándolas el primer lunes de septiembre en Ginebra. Nótese bien que esta Asamblea, constituida por delegaciones de cuarenta y tantos países del mundo, no se ha congregado nunca durante- los once años que lleva de existencia, en ocasión extraordinaria, fuera de las reglamentarias septembrinas. Así se comprenderá mejor la i m portancia de la iniciativa tomada inesperadamente por China. Hace cinco meses que el Consejo empezó a intervenir en el asunto enojoso de Manchun a, en virtud del artículo n del Pacto, que le confiere el encargo de velar p ori: que no se turbe la paz en caso de amenaza de guerra, y de poner en práctica cuantas- medidas crea convenientes a fin de que su. gestión conciliadora, sea útil. L a importancia del conflicto aumentó con los sucesos deplorables- de Shanghai que sugirieron a China- la idea de llevar hace días el asunto al Consejo de la Sociedad, apelando a otro artículo del Pacto, el arWellingtah Koo. tículo 15, una de cuyas prescripciones tiene el serio inconveniente de poder condu admisión de solicitudes como las de China, cir al Consejo a una especie ele callejón no señala ninguno para la reunión de la sin salida con sólo que a cualquiera de las Asamblea extraordinaria, con lo cual queda dos. partes litigantes le pase por las mientes el propósito de enredar m á s el pleito sine die la convocatoria en cuestión. E l otro, un tanto forzado, sería el de considerar a sangriento. -la- -República china en condiciones de, desY hete aquí eme el tal propósito se le organización política, y, por. lo tanto, un ha- ocurrido al Gobierno de N a n k í n H a y poco al margen de las funciones que incumen ese artículo i s un p á r r a f o 9 que faculben a la Sociedad. C o n una cosa y con otra ta al Consejo para llevar asuntos: como el se g a n a r í a tiempo, y ya es sabido que el chinoiaponés al seno de la. Asamblea plcnatiempo es el gran amortiguador de, las paria si lo cree conveniente; cosa que, en- siones humanas. Pero por lo visto China tre paréntesis, se ha cuidado mucho de no aprieta e insiste, y es posible que de un mo hacer con cautelosa prudencia, por los pelimentó a otro se convoque por primera vez gros a que expone el avivar el fuego couna Asamblea extraordinaria en Ginebra, ra m populo en vez de procurar extinguirllevando al difícil pleito a más señores, sin lo, antes de acudir, a tal extremó, Y as si reparar en los riesgos que la autoridad y el el Consejo no lo hace, puede pedirlo en vircrédito de la Sociedad de Naciones puetud del citado p á r r a f o 9 una de las partes, den correr. como acallo de decir, siempre que la petiDifícil creo juzgar la conducta del Goción, se formule sin que se acaben los cabierno chino en esta ocasión. E s sobrada torce días después del momento en que el mente perspicaz Wellington K o o ministro asunto se: sometió al Consejo. chino que era todavía hace poco de NegoA éso se ha acogido China, la- que, n i cios Extranjeros, para no saber que la efitarda ni perezosa, se ha dirigido por concacia de lo que l a Asamblea plenaria hicieducto de su- delegado, W Y e n a la secre- ra no sería mucho mayor que la que putatúa general de la Sociedad pidiendo la diera obtener el Consejo con sus trabajos convocatoria de una Asamblea extraordiconciliatorios. Wellington K o o conoce bien naria a fin de que el peligroso conflicto se la Sociedad de Naciones. E n Ginebra le traestudie allí, se discuta, se aquilate, y acerté en 1021, siendo delegado de China en la ca de ello se tome acuerdo; añadiendo que Asamblea, y pude apreciar en él dotes nada r e t i r a r á su petición en el caso de tpie el vulgares. Consejo haga p o r su propia iniciativa la De esperar es que el buen juicio se i m convocatoria de la Asamblea extraordinaria. ponga venciendo dificultades capaces de em H a s t a la fecha, y a juzgar por las úl- peorar la situación. -Asuntos de índole enotimas noticias recibidas, no ha sido posijosa se han resuelto otras veces gracias a ble hacer que China rectifique su propósi- -la decidida voluntad de personalidades sa to, y el Consejo, reunido bajo la presidenlientes en la política internacional y a la cia de Pablo Boncour, ha tenido que tomar discreta intervención de sir E r i c D r u m en consideración la petición china por vermond, de. capacidad clástica para cobijar la ajustada a las prescripciones del Pacto, recursos er casos extremos. pero dejando al Gobierno de N a n k í n toda la responsabilidad. P o d r á preguntarse algún lector por qué Dos medios habría para eludir el comprose habrán de agravar las diferencias chinomiso. Es uno el que proporciona el mismo japonesas llevándolas a la Asamblea en pleartículo 15, que, al fijar el plazp para la no. Difícil es decirlo en un artículo como 1 Sir Eric Drummond. C U L T A D E N GÍNEB Tiempos son- éstos en que domina io i n esperado. Estuvimos siempre a merced de lo imprevisto, pero nunca como ahora tan a diario. E l- t e l é g r a f o nos ha traído de G i nebra, centro hirviente de la política internacional, una noticia de marcado interés, y no quiero, decir de cierta gravedad para que los muchos españoles a quienes apenas preocupa lo que sucede al otro lado de las fronteras no subrayen con ironía el apelativo. Dígplo porque impensadamente acaba de tomar nueva fase el conflicto chíuojaponés; fase que, por lo peligrosa quizá, no podrán ver tranquilos y menos indiferentes cuantos deseen que se mantenga el prestigio de la Sociedad de Naciones, que han puesto, en duro trance los últimos sucesos. Nadie desconoce los difíciles trabajos de su Consejo, que, reunido actualmente, no encuentra cómoda salida, a pesar ele su buena intención, para resolver el conflicto. E n cuestas penosas, negociaciones que por lo estériles son desesperantes, notas que multiplican sin descanso las Cancillerías, obstinación que el amor propio japonés agranda y resistencias chinas explican lo infructuoso de tanto esfuerzo; pero, por si todo, ello no bastara, c 1 antiguo Celeste Imperio, que con la República h a b r á dejado de ser celestial, ha arrojado al fuego, difícil de extinguir, un cartucho que, si estalla, va a dar que hacer. E l viernes por la m a ñ a n a el delegado chino presentó al secretario general, sir E r i c Drummond, una nota, que ha debido conmover a ú n m á s los centros de la vida internacional. Pocas palabras para explicar lo sucedido. L a Sociedad de Naciones, la célebre League o í Nations con que en- tiempo lejano soñó Bourgeois, y que al terminar la guerra eng e n d r ó Wilson, se rige por un llamado Convenio q Pacto c ie figura como frontispicio
 // Cambio Nodo4-Sevilla