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Carnaval romano De aquella marea de locura- -canciones, danzas, rostros y voces disfrazados y, acaso, intenciones también- -que nos describe Goethe en sus Viajes por Italia, invadiendo las calles ele Roma, ya sólo queda el recuerdo, y aun éste, por lejano, se esfuma en las memorias del pensamiento para quedar ú n i camente en las memorias escritas. Pero estas memorias de los viajes de Goethe, como aquellas otras de su vida y las de sus conversaciones conservadas con tan meticuloso amor por Juan Pedro Eckerman, las lloraríamos si, conocidas, las hubiéramos de perder, y en las páginas de sus viajes ninguna con tanto aroma de entusiasmo corno en las que describe, el Carnaval romano. A h o r a no queda m á s de este Carnaval que los recuerdos de quienes aún pudieron alcanzar alguna de sus horas de locura y las páginas del poeta alemán. E l Carnaval romano se ha escondido en los teatros y en los salones de danza o se marcha hacia el campo y l a playa. Y no es el Carnaval de Roma el que muere, sino el Carnaval mismo, Y a es sólo M a drid la única gran ciudad que lo festeja en las calles; acaso porque a ú n esta vieja E s paña nuestra es la m á s infantil de todas las naciones del globo. A Viena, P a r í s y Roma, los tres vértices con que un día se cerraba el triángulo de todos los placeres, se les hizo viejo el espíritu en obra de pocos años, porque el tiempo anduvo muy de prisa. L a tierra ya no se complace con el espectáculo de las piruetas y los cánticos, sino que se entrega a números v a comadrees de vecindad, como vieja al fin. Y esta m á s c a r a j a ponesa, queasoma su mueca t r á g i c a por los cielos de Oriente, le espanta hoy, en vez de hacerle reír o soñar como otras veces. Pero a ú n hay rincones donde se refugia la locura. U n día vendrá en que a los hom bres de m a ñ a n a les emocione o les e x t r a ñ e la descripción de estas postrimerías del Carnaval, arrojado como a chico travieso en un rincón ciel huerto o de la sala, de la misma manera que nos distrae hoy y nos consuela de las graves horas presentes el relato dé las viejas horas vividas sin cuidado por los hombres de ayer. Y a en los tiempos que. con tan asombrado entusiasmo describe Goethe otros hombres se lamentan de que en Roma y F l o rencia el Carnaval no es sino un remedo burdo del Carnaval de otros días, y en los Museos de Italia queda inmóvil en los lienzos de Pedro de 1 a Francesca, el tiempo de sus esplendores, cuando se viste con las galas que le prestan aquellas compañías de caba- llerós florentinos, rivales en sedas, gemas y donaires, que se llamó la una el Diamante, acaudillada por Julián de. Médicis, hermano del- Pana León, y la otra llamada del B r o n cone, que tiene por capitán a, Lorenzo de Piero, y una v otra la ayuda de tan claros ingenios como Andrea del Sarto, Pedro de V ¡nce- -padre de Leonardo- -y Jacobo N a r d i L a relatividad de las grandezas y miserias de las cosas humanas las vemos reflejadas en este reflejo del mundo que se llama G naval, y que envejece porque envejece el mundo. Sentían los romanos contempor á n e o s del poeta alemán la lejanía de los Carnavales del Renacimiento, olvidados del espectáculo que entusiasma a Goethe, y otros días han de venir en que alguien rememore con dulces añoranzas la última pirueta que nosotros desdeñamos, vuelto el recuerdo hacia las páginas de Goethe... Y aún será bien si no se hace memoria, como de horas de vida m á s grata, de las de estos Carnavales de hoy, en los que asoma por los cielos de Oriente un gesto trágico de máscara japonesa. MARIANO TOMAS Otras notas g r á f i c a s de la c a t á s t r o f e de S a n t i a g o de C u b a La fuerza del terremoto se aprecia muy bien en la presente fotografía. ese edificio no queda ni el esqueleto siquiera. De Esta foto fué llevada en aeroplano desde Santiago de Cuba a Atlanta (Georgia) y desde aquí se transmitió por telefotografía a Nueva York. Reproduce el estado en que quedó otra calle de la población. De un grupo de casas resta únicamente ese informe madera. (Foto Vidal. montón de piedras
 // Cambio Nodo4-Sevilla