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g u í r formas estables de la propiedad, que a través í k t n p o perdurasen el esfuerzo consti activo de la civilización. A s í cimentada la economía de las naciones, quedaban en p xler de una sola persona el propietario, dos de los factores de la producción, tierras y capital, mientras el trabajo actuaba en an aislamiento perjudicial, que era propicio a desencadenar nuevamente la lucha por la posesión de la tierra entre las masas trabajadoras y las clases capitalistas. Ú n i c o medio de evitar estas luchas fratricidas que ahora perturban la marcha del progreso rural era la coordinación de las fuerzas productoras del campo, iigando trabajo y capital por vínculos tan estrechos. s ¡ue el trabajador no pudiera considerarse asalariado ni el propietario llamarse solamente rentista, sino consocios de l a empresa agrícola y. partícipes en términos justos del producto obtenido. Siguiendo esta acertada orientación, nacieron los contratos de aparcería en sus variadas modalidades, según l a importancia de la ayuda del dueño, y otros no menos i n teresantes, que, m á s acordes con el sentir de la época, conciben la explotación agrícola como una Sociedad a la que aportan trabajo los obreros, tierra y capital el dueño, entregando la dirección a. quien esté capacitado para- llevarla y hacer, a fin de ejercicio, un reparto de las utilidades proporcionalmentc a sus aportaciones. A u n dentro de esta tendencia puede llegarse a estrechar m á s las relaciones entre capital y trabajo cuando la intensidad de. los cultivos permite dar preponderancia a la mano de obra sobre los medios mecánicos v subdividir el trabajo en forma que cada obrero, convertido en colono, tome a su cargo una parcela oe extensión proporcional a los brazos disponibles en su familia. Tal es el caso de una finca ribereña del. Tarama. E l Porcal, en cuyas cuatrocientas hectáreas se ha implantado la m á s sensata organización de empresa que puede apetecer la clase trabajadora campesina. A l l i se ha empezado por dotar al obrero de todas las comodidades indispensables a quien trabaja desde el amanecer, alojándole en v i viendas espaciosas y creando a su alrededor el ambiente de cultura que debe preceder a toda obra colonizadora. Después ha elegido tierra. Cada familia lleva a su cargo las pocas hectáreas que puede cuidar en t ¡n regadío de normal intensidad. L a s recibe labradas racionalmente, con tractores y aparatos de gran cultivo, que de otro modo no podría utilizar; abona, siembra y recoge las cosechas sin zozobras económicas, porque el propietario le abre desde el primer momento un crédito a ínfimo interés y sabe que su jornal está asegurado en todo momento por el dueño, cuya constante atención a las necesidades de la finca le hace fácil descubrir a diario mejoras donde emplear asalariados los colonos en las cortas temporadas de paro estacional. L a aportación del dueño no está sólo l i mitada a dar la tierra y el dinero para cultivarla; incluye todos los elementos mecánicos que requieren las labores: abundante ganado de trabajo para ponerlo al servicio de cada colono, medios de transporte, almacenes- espaciosos donde conservar las cosechas hasta la hora de venderlas; participa, en fin, -con el gigantesco capital de explotación que, bajo sus más complejas- formas, es necesario en las lincas extensas de regadío, E l mecanismo del crédito se reduce a una sencilla cuenta abierta a cada cabeza de familia, en la -cual figuran todos los anticipos que retira durante el a ñ o para la atención de los cultivos y de sus necesidades domésticas, hasta que, llegada la venta de los productos, reintegra las cantidades retiradas y crea, si llega el caso, un saldo a su favor, que mientras subsiste en el ejercicio siguiente le devenga análogo interés al estipulado para los anticipos. L l propietario a- sume- la dirección- técnica y administrativa de la Empresa, toman- do a su cargo las gestiones de compra de sus tierras y sacar las cosechas con vías primeras materias y la venta de cosechas portátiles, que j a m á s él podría comprar; cuando juzga ios precios remuneradores, buscando, en fin, toda la economía que las evitando, con el crédito- que otorga, el malmáquinas aportan para triunfar sobre el haratamiento de los productos y las escaenvilecimiento de los precios. Como Coopeseces, que tanto abaten el ánimo de los rativa ele venta, sus ventajas son. incalcumodestos agricultores desamparados. lables, porque clasifica los productos y consigue revaíorizarlos, lanza las cosechas al L a remuneración del propietario se estamercado cuando los precios son remuneblece de antemano, englobando lo que le radores, -y suple la ignorancia comercial de corresponde en concepto de director y duelos colonos en el momento final del negoño de la tierra para constituir la primera cio. Pero todos estos aspectos de la coopepartida de gastos del colono, dejando ínración se empequeñecen ante la decisiva tegro a favor de éste el beneficio neto que fuerza de! crédito cooperativo que les sirresulte de la explotación, y si no existiese ve de enlace. A h í está lo que para muchos pasa la pérdida a cuenta nueva, o la toma aún parece secreto; en esa buena adminisel dueño a su cargo como partida fallida tración del propietario, que deja de mecuando el colono desiste de continuar en recer el nombre de dueño para hacerse sola finca. cio de sus obreros, es donde deben buscar E l sistema tan brevemente expuesto enlos repartidores de tierra que están al cierra la m á s sana orientación que puede uso el porvenir de la obra colonizadora que sugerirse en estos momentos, porque crea anuncian, si no quieren entregar el patridentro de la finca un régimen cooperativo monio nacional a un alegre ensayo de reforperfecto, mucho más eficaz que el consema agraria fatalmente condenado al fraguido en organizaciones análogas, puesto- caso. que forzosamente lo aceptan todos los coEntren los que van a trazar el porvenir lonos, y se someten a la directriz marcada por el- propietario, cuyo interés y conocí- de nuestra agricultura por los anchos caminos de E l Porcal recorran sus canales, micntos técnicos son la mejor g a r a n t í a del abran las puertas de cualquier casita y preéxito. E l régimen cooperativo se extiende gunten cómo viven y cuánto ganan sus moa todos los aspectos de la producción, maradores, si no basta para decírselo el amnifestándose en las compras, que, hechas biente que se respira dentro de ellas. Así para todos los colonos, permiten conseguir se convencerán de cuánto puede alcanpara cada uno la mejor calidad a menor zarse con la cooperación de capital y traprecio; en el cultivo y la recolección, utibajo cuando van unidos por una estrecha lizando medios mecánicos fuera de su a l coincidencias de ideales, y tendrán que pacance individual, que le permiten labrar rarse a recapacitar antes de seguir- adelancon potentes tractores, en el momento m á s te en sus propagandas de discordia. oportuno- a profundidades difícilmente logradas por otros procedimientos, nivelar EEADIO A R A N D A H E R E D I A i DE Y D E ADORNO Grandes viveros del arboricultor. J O S É A R E V A L O S a b i ñ á n (Zaragoza) P i d a n c a t á l o g o s i les i n t e r e s a RE RUSTICA Dos publicaciones Granja Agrícola de Zaragoza. -Su cincuentenario. -A fines del a ñ o anterior conmemoró la Granja A g r í c o l a de Zaragoza el cincuentenario de su creación, que tanto ha influido en el progreso económico de A r a gón. Las representaciones de. la Agricultura e Industria, en homenaje de gratitud, han editado un folleto tan atractivo por su esmerada impresión como por los notables trabajos que plasma y que son digno acicate para prosecución de la benemérita labor que tiene su m á x i m a probabilidad en estar dirigida por el ingeniero Sr. Lapazarávi, quien traza de modo magistral su plan de trabajos. Destacan entre éstos los ensayos de nuevos cultivos, de alguno de los cuales hemos de ocuparnos en breve; los de variedades de remolacha, fertilización, ensilaje, terapéutica vegetal, riegos, etcConsigna también tan valiosa publicación otros trabajos de honor a los fundadores de la Granja y de cariño a éstos y a sus sucesores, y que forman los inspectores del C o n sejo A g r o n ó m i c o ¡Sres. G Verdejo y Díaz Alonso, del eminente químico D r G Rocasolano, del director del Canal Imperial de A r a g ó n y destacadas personalidades de la economía aragonesa, Cámara- Sindicato Agrícola de Lorca. Memoria correspondiente a J O J -L a C á m a r a Agrícola de Lorca, al reseñar su gestión durante el ejercicio 1931. en interesantísima Memoria que acaba de publicar, dedica frases amables a A B- C, con motivo de l a acogida que en estas columnas han tenido en varias ocasiones los intereses de la agricultura de dicho pueblo. Agradecemos el juicio que merece a la C á m a r a Sindicato de Lorca el que concedamos desinteresada acogida a estas manifestaciones de las colectividades agrícolas, que siempre han merecido en nuestro diario preferente atención, y el reconocimiento- consignado nos anima a perseverar en nuestra actitud. (El Fénix Austríaco. C o m p a ñ í a a u s t r í a c a de S e g u r o s s o b r e l a v i d a P r e c i s a m o s a s e n t e s locales. E l e v a d a s c o m i s i o n e s A p a r t a d o 60, M á l a g a en industria, g r a n p o r v e n i r e s t a b l e c i d a h a c e quince años, toda g a r a n t í a pudieiidj tomar p a r t e a c t i v a en el d e s a r r o l l o y a d m i n i s t r a c i ó n de l a m i s m a Sr. D Í A Z- P É R E Z C a l l e R e c o l e t o s 5 Participación con 5O.O0 Q ptas,
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