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DIVORC P O R P A U L B O U R G E T, (De la Academia Francesa. X (CONTINUACIÓN) de decir, y ella vencida al verle sufrir, y sintiendo ceder su resistencia ante la apasionada abnegación de su amigo. A su alrededor seguía soplando la brisa de la. mañana de marzo, cantaban: los pájaros y el sol resplandecía en él circo. Los restos de la antigua Lutecia romana daban un deeorado casi solemne a aquel extraño debate de dos hijos del siglo x x que. no comprendían la muda lección que se desprendía para ellos de aquellos escombros aún visibles de una ciudad enterrada. De ese modo las costumbres dé los antepasados deben servir de base sólida y durable a nuestros pasajeros destinos. E l hijo de la divorciada y la estudiante anarquista profesaban precisamente el principio contrario. Y sin embargo, la realidad, esa gran enderezaddfa de sofismas que no adapta sus leyes eternas a nuestros razonamientos, obligaba a aquellas dos almas revolucionarias en una hora de crisis a buscar su punto de apoyo en un poco de vida tradicional, puesto que discutían un matrimonio que no era la unión libre. Luciano, sin darse cuenta de ello, le quería para estimar su amor. Berta se lo agradecía infinitamente, como una burguesa que era, cuyas herencias de sangre habían sido paralizadas, pero no anuladas por. una educación al revés. Cuando se volvió hacia su generoso amigo, su corazón había ya cedido, pero hizo todavía una objeción: -Usted habla como si no lrubier- a más que el mundo y yo ¿Y su familia dé usted? ¿Cómo quiere usted que me admita cuando sabe usted lo que su padrastro piensa de mí? ¿Mi padrastro... -respondió ei joven con un acento en el que se revelaba todavía el rencor de la escena pasada- Xo, no creo que mi padrastro se oponga ahora a este matrimonio. En nuestro altercado no se ha tratado sólo de usted. En esos momen tos salen cosas que habían estado guardadas en el corazón, toda la vida, y después de lo que nos hemos dicho no seremos nunca lo que éramos el uno por el otro... Su mayor deseo debe de ser ya que yo viva fuera de. su casa... A pesar de esto se opondría a mi casamiento si creyera de usted lo que ahora cree; pero le conozco, y cuando sepa de usted lo que yo sé la juzgará como yo la juzgo. He podido tener celos del lugar que ha tomado en el corazón, de mi madre, pero siempre he venerado en él el carácter más recto y más incapaz de un abuso. Es de esos hombres que quieren dar a nuestra democracia una moral de acuerdo con la razón, y su principio absoluto es el de la justicia y el derecho de cada cual de hacer lo que le dicte su conciencia. Odia y desprecia las hipocresías mundanas. Es partidario de ia igualdad de los sexos y cree que las clases superiores deben apresurar, en vez de retardarla, la evolución de la familia, de la propiedad y de la patria. Odia la mentira y la calumnia, y admira a los que buscan la verdad... No, no dudo de su respuesta, y lo que él. diga lo dice mi madre... Si la ley me obliga a pedir el consentimiento de mi. verdadero padre, que sería suficiente- -r ¡qué ironía! ese consentimiento no significa nada mí... Pero sí el otro, el de mi madre... Berta, si vuelvo con su consentimiento, ¿se negará usted a ser mi mujer... mo. Ya verá usted... Voy á ser una mujer muy monótona, pero muy feliz- -dijo con una sonrisa que nunca le había visto. -Y yo- -respondió Luciano- -tengo prisa por hablar con mi padrastro. L a idea de que él y mi madre la juzgan a usted mal me. hace daño ahora. Creo que cada minuto de retrasó es un crimen contra, usted ¡Con tal de que. le crean a usted... -exclamó Berta con temor. -Me creerán- -afirmó el joven con la convicción de un devoto de anior que se siente con fuerza para, disipar las dudas- En seguida iré a la calle Raeine, y, si nó está usted allí, a su casa... Tenga usted confianza... Y añadió estas palabras tan sencillas, pero que fueron para ella una caricia dulce, hasta el punto de no poder resistirla: -Adiós, mi adorada prometida... T, A HERIDA ABIERTA -No- -dijo Berta- -r, no me negaré. Y le dirigió una mirada en la que Luciano pudo ieer ei aon de su alma entera. E l enamorado la atrajo hacia él y sus bocas se juntaron en un beso, que esta vez no resucitó el fantasma- del antiguo amante. Cuando salieron, instantes después, del jardinillo, la joven vio alejarse: a Luciano, haciendo un ferviente voto por el éxito de su empresa. Ella fué la que se desprendió de los brazos de su amigo, diciéndole: -Tenemos que separarnos, Luciano; es la libra del hospital y necesito un poco de paz después de tantas emociones. Nunca, la he encontrado más que ciñéndome a mi tarea modesta y regularmente. Para estar en equilibrio necesito hacer siempre lo mis- En aquella conversación, tan importante para el porvenir de su amor, Luciano no había contado a Berta el detallé de ías febriles, treinta, y. seis horas que había pasado discutiendo consigo mismo el proyecto de su matrimonio ni por qué procedimiento casi brutal había suprimido toda intervención de sus padres en sus acciones. X o dudando que su madre estaba al corriente de todo, le. horrorizaba tanto volverla a ver a ella como a Darrás. Había alquilado un cuarto; en un hotel cualquiera del barrio Latino y enviada- desde allí dos letras al criado de su casa que se ocupaba en su servicio, diciéndole que entregase al dador una maleta con ciertos efectos para un corto viaje. Sabía que aquella orden. sería comunicada a sus padres y que de este modo se tranquilizarían respecto de él. E l egoísmo del amor le había impedido pensar en la inquietud moral que debía de devorar a su madre. Esta negligencia tenía, además, otra causa: el secreto despego que los segundos matrimonios crean entre el hijo del primero y el padre o la madre que sé han vuelto a casar. Luciano no había nunca v i vido con su madre en esa plena y entera intimidad que hace a. dos seres tan presentes el uno al otro, que se sienten plenamente unidos. Siempre había encontrado a Darrás entre ellos, y aun en la época en que creía querer más al marido de su madre, esa presencia de un testigo en todas sus efusiones le había hecho replegarse un poco. M i madre me quiere. po. r añadidura. No le soy necesario hubiera podido decir el joven para dar forma a su pensamiento; pero se hubiera equivocado. Su madre había sufrido muchas veces a causa de su indiferencia, y su silencio en aquel momento había sido la peor de todas. Se recordará que había pasado la tarde en la mayor angustia, preguntándose dónde estaría Luciano. A las nueve de la noche, en el momento en que estaba pidiendo a Darrás que fuese a la Prefectura de Policía, para hacerle. buscar, llegó la esquela de Luciano ai criado. -Quiero ir yo misma- -dijo la madre- Ese enviado me conducirá, veré a mi hijo, le hablaré y me le traeré. -No harás tal- -respondió Darrás. Y por primera vez en su matrimonio, añadió en tono imperativo- Te lo prohibo. Luciano acaba de faltarte gravemente al no escribirte, despuéo de haberme faltado a. mí Á él le toca venir... Y a con. mas dulzura, siguió diciendo: -Por otra parte, razona un poco. Como he previsto, debe de estar haciendo averiguaciones, E l pedir la maleta. indica que quiere cgntinuwá. a s
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