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A- B C MARTES 23 D E P E B R E S O D E 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A pasiones que con una sencillez arcaica se han extendido por el campo, con l a hoz, con el puñal, con la pistola en la mano, tratan de hacer un reparto que, aun realizado, no significaría el enriquecimiento de nadie, sino en definitiva la miseria de todos. (M u y bien. Afortunadamente, aunque el mal se haya producido y no se remediara sino con mucha lentitud, afortunadamente el Gobierno ha venido rectificando principios de aquella primera ponencia de la reforma agraria y se dice- -aunque todavía no las conocemos- -que el proyecto que ha de presentarse a la discusión de las Cortes tiene ya otras posibilidades que podrán ser, una vez discutido, corregido y enmendado, iniciación de una reforma agraria verdadera. Pero nadie se haga ilusiones. L a reforma agraria es una cosa que se puede expresar con el corazón alegre, como tantos otros postulados de los ideales democráticos y republicanos, que nos encaminan hacia la justicia social, pero la neforma agraria es una cosa en el fondo tan compleja, tan llena de dificultades, que no podrá ser obra n i de un Parlamento, n i de tres, n i de una generación, n i de varias, porque lleva aparejada una porción de reformas que afectan a las modalidades de la propiedad misma, porque en nuestro pah, por la variedad del agro, de su suelo, de sus condiciones de todas clases, tiene que adaptarse de diferente manera en cada región, porque necesita ir acompañada de un estado de nuestra Economía en que, desgraciadamente, no nos encontramos; porque necesita ir acompañada de un estado de confianza moral, que nos consienta levantar un em- prestito para acudir a las justas y legítimas indemnizaciones de aquellos terrenos que se expropien; porque necesita l a organización del crédito agrícola; porque necesita la organización de la enseñanza agrícola, por instituciones fijas y por instituciones ambulantes porque todo esto implica una obra que ahora sí que pudiera llamarse obra de romanos, que no se puede realizar por la ponencia át un Gobierno, n i por la ponencia de unas Cortes Constituyentes. E l partido republicano radical, que quiere ver por el primer Gobierno, por el primer. Parlamento de la República consagrado el compromiso de realizar la reforma agraria, se ha de interponer entre la ilusión excesiva y la realidad, para qué lo que se acuerde no sea después letra muerta en la Gaceta, o en el Diario de Sesiones, sino preceptos de posible realización, a los cuales se allanen las clases interesadas, porque en él vean reflejada perfectamente la justicia, y no solamente la justicia, sino una manera de cooperación a la misma, como en los contratos de Seguro los asegurados pagan una parte de su propiedad para asegurarse contra cualquier siniestro el resto de la misma. (Gran ovación. PA 3. í porque creemos en la necesidad de que libre de esas complicaciones la Iglesia, depurada, cumpla la. misión espiritual que ha tenido en l a H i s t o r i a y que tiene en los pueblos. Xcordó l a Constitución la disolución de una. de las Ordenes religiosas. Ya. está disueíta. Inclinétnosno respetuosos delante de los hechos consumados. N o hablemos de oportunidades. Y a está hecho, acatarlo y cumplirlo. Pero persecución religiosa, n o no más. (L a frase, dicha por d orador con gran energía, levanta una oración ensordecedora. Nosotros, los hombres sinceramente laicos- -se lo he dicho a dignidades eclesiásticas de todas clases, se lo he dicho a l nuncio, hablando con él, cuando en el ejercicio de m i cargo ministerial tuve el honor de conferenciar en varios casos con el representante de l a Iglesia- M i vida personal y de mi hogar, por ventura, es absolutamente laica. Pero es que yo creo que los hombres que llegan a desprenderse del prejuicio de la religión, o del fanatismo religioso, o del sectarismo, no pueden a l a vez desprenderse de aquella unción que a las horas de aflicción, a los unos les hace levantar los ojos hacia el cielo, a- los otros levantar el pensamiento hacia el Dios que han definido en el fondo de su alma. (M u y bien. Y o digo que los hombres que hayamos perdido la fe religiosa no podemos haber perdido la obligación de respetar aquello que en la conciencia de nuestros semejantes tiene un culto n i podemos tampoco perder el respeto que merecen aquellas instituciones que en el pasado contribuyeron a la obra del progreso espiritual, aunque contemporáneamente, como todas las instituciones humanas, sobre todo en aquellos países que no han sabido por el Estado subordinarlas y someterlas a l a ley, se hayan visto comprometidas por corruptelas que otros países, que en otros E s tados, como Suiza, como Alemania, donde se han sacudido esas tutelas. (Grandes aplausos. s obligada de la ley, van a contribuir, sacando de la tesorización en- que han escondido sus medios económicos o repatriándolos del extranjero y que vuelva a ponerse en circulación el capital nacional, que. hoy está retraído, que hoy está restringido. (Grandes aplausos. A n t e el Estatuto de Cataluña N o quisiera cansaros (voces: no, no) y a la vez estoy cansándome yo. Pero permitiréis que dedique algunos momentos al Estatuto de Cataluña. U n o de mis deseos al elegir como tribuna para este acto que estamos realizando en Madrid, la de Barcelona, fué hablar allí frente a frente, no digo contra, sino al lado y en colaboración con aquellos elementos que propugnan por- el Estatuto. Y o ya no traigo la bandera española, que con gallardía de juventud ceñía mi frente sobre el sombrero en las horas de lucha apasionada en Barcelona. ¡A h! ¡A h! Pero yo no he renunciado a todo aquello que significa unidad espiritual superior de mi patria. (Muy, bien) Que no es incompatible, n i lo considero en modo alguno incompatible con aquellos Estados de autonomía en que es necesario que vivan aquellos pueblos que, teniendo por su historia, por su idioma, por su derecho, el de que se les considere como una personalidad no. aparte, sino ensamblada en la totalidad de aquellas regiones de pueblos que constituyen la patria peninsular. N o se ha de envenenar el problema, alguna vez había que discutirlo, y esa vez creo que ha llegado. Sí por un azar cualquiera suspendiesen las Cortes Constituyentes o se disolviesen sin haber discutido ese problema, tened entendido que las Cortes que les sucedan tendrán la obligación de ponerle sobre el tapete. Porque esa es una herida abierta en el costado de l a patria española, y lo que hace falta no es envenenarla con odios, Con desconocimiento, con animadversiones; lo que hace falta es sondearla, conocerla y curarla. Y se cura con libertad. L a libertad no es el separatismo, la libertad no es que se odien los unos a los otros, la libertad no es que se excluya a aquel idioma, sin el cual, dentro de las fronteras, tendrán lo necesario para comer, pero no tendrán lo necesario para ganar lo que comen los catalanes. Cuando en la reunión de San Sebastián llegaron los catalanes con sus pretenc- iones y su ponencia, allí adquirimos todos, y sentiría no estar de acuerdo con a l guno que, ofuscado o desmemoriado, no lo recordase, el compromiso de facilitar la dis- cusión d Estatuto de Cataluña. E s cierto que, a su vez, los catalanes, los que tenían allí l a representación de esas aspiraciones, adquirieron el compromiso de someterse a lo que las Cortes Constituyentes republicanas en definitiva acordasen. ¿Qué podría suceder? Que en l a discusión el desconocimiento, la pasión, un exceso de patriotismo mal entendido, regatease, castrase alguna de esas aspiraciones. ¡A h señores! V i vimos ya dentro de la legalidad, por la cual hemos propugnado tantos años, y en el camino han caído tantos mártires, y se ha vertido tanta sangre, y se han muerto tantas ilusiones, todo en holocausto al triunfo de esa legalidad, y ahora que la tenemos, ¿qué pueblos de la patria peninsular de España serán osados de levantarse en armas cuando tengan libre el sufragio, los Municipios, las provincias, las Mancomunidades, las Cortes para venir aquí a propugnar, a fin de que se completen aquellas aspiraciones que, no siendo incompatibles con la unidad espiritual superior de la patria de España, del Estado españolj ningún demócrata, ni ningún re. bublicano las negará, ni las hará obstrucción? M i posición es esa. Se adquirió un compromiso en San Sebastián, mediante el cuaJ una región puso al servicio del ideal rcro- E n la reforma agraria el partido radica! se ha de interponer entre la ilusión excesiva y la realidad Se está discutiendo en el seno de l a Comisión, y parece haber llegado a ser aprobación del Gobierno, la reforma agraria. (Sensación. N o hay, estoy seguro de ello, una sola conciencia individual que niegue la justicia, l a legitimidad, l a necesidad y aun la urgencia, de una reforma agraria en nuestro país. Estoy seguro de que no hay propietarios hacendados, que merezcan el nombre, que no estén dispuestos a hacer la parte de sacrificio proporcional necesaria para que la reforma agraria lluegue a vías de ejecución. Pero, señores, es que cuando la reforma agraria se anuncia sin más que el epígrafe, e inmediatamente unos cuántos postulados, es cuando van a ser, o se anunciaban que iban a ser, i m puestos los dictados de una ley imperativa, levantaban el clamor de todas las conciencias como una protesta universal. No hay manera de creer que se puede tener el asentimiento del país para una reforma en esa manera anunciada, sin que se produzca inmediatamente una perturbación económica que pone en peligro los más altos intereses de la Patria. Porque toda esa situación que se ha creacío en casi todo el agro español, que se ha manifestado con mayor agudeza en aquellas provincias donde el estado de la propiedad está reclamando más urgentemente la reforma; todo ese decaimiento del valor de la peseta; para ese encarecimiento del precio de la vida, para esa inquietud de los espíritus, para ese desbordamiento de las pasiones de la muchedumbre, que cuando es pueblo, creyendo que hace uso de su derecho pacíficamente trata de ponerlo en ejercicio; que cuando es plebe, excitada torpemente por L o s presupuestos tienden de una manera formularia a la nivelación Están ya presentados los presupuestos. A mí me parece que se ha tendido formulariamente a la nivelación por un aumento ciego y a voleo. Se ha excluido a las empresas del impuesto de utilidades, porque ha habido manera oficial de comprobar que no las tienen. Pero, ¿y los demás? ¿Las tienen? N o se puede presentar así una nivelación que no va a ser posible y que. puede quedar reducida, como ha dicho el propio ministro de Hacienda, en un discurso elocuente y franco, a una columna de números y sin correspondencia con la realidad. Se trata de una obra de confianza. Necesita la pacificación de los espíritus y una política, recta, sin perturbaciones, ni persecuciones; la confianza, en fin, de que todos los españoles, los unos, adheridos por conveniencias los otros, sometidos por sumisión
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