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A B C MIÉRCOLES 24 D E FEBRERO E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. 28. DE ECOS SOCIEDAD DIVERSOS mucho más nacionales, desde luego, otie é! sombrero de Francia. Y se dirigía usted siempre a una mujer que no sabíamos quién era, pero a la que se presentía debía usted querer mucho. Y le decía haberla visto con su veiillo, y pintaba con lindas frases l a emoción que había experimentado al verla... E r a un artículo sentimental, que a mí me gustaba leer. Yo. B a h Impulsos de juventud. Ella. -Pero, ¿del año pasado a éste se ha vuelto usted viejo... Yo. ¿Por qué no... E n un año ocurren hechos que varían ocasionalmente l a marcha de una nación o d d otro mundo entero. S i esto ocurre con todo un mundo, ¿qué no podrá ocurriría una sola persona... EUa. -Si va usted a hablarme de política, me retiro. Yo. Dios me l i b r e Y o he sido, soy y seré apolítico hasta que deje ds existir. N o recuerdo haber lanzado nunca vítores al aire, n i haber deseado l a muerte de nadie, n i de nada entre dps signos de exclamación. Pero hoy, en honor de usted, voy a pronunciar un viva... Ella. -Cuidado que pudiera usted emprender un viaje de recreo a nuestras posesiones de Guinea. Yo. ¡N o! M i v i v a es inofensivo. Óigalo usted: ¡V i v a el veiillo de t u l -G i l de Escalante. iálogo sin importancia La muchacha del velito. -Estoy muy ofendida con usted. Yo. ¿Y eso... Ella. -Porque llevamos y a más de una quincena de Cuaresma y aún no ha dedicado usted a m i veiillo de tul el artículo de todos los años. Yo. -Es verdad. ¡Qué cabeza la mía... M e había olvidado completamente de l a Cuaresma y, por tanto, de su veiillo. Perdóneme. Ella. -Hereje. Pero, ¿será posible esa total amnesia... ¿N o come usted siquiera de vigilia una vez por semana... Yo. -Sí. Ella. ¿Entonces... Yo. -En casa comemos hombres solos y no reparamos casi nunca en lo que comemos. Cada uno coge su periódico y se enfrasca en la lectura mientras come. Ella. ¡Bonita educación... Yo. -Muy mala. ¡Cierto! U n poco tarde para remediarla. S i n embargo, ya ve usted: el más joven de la casa soy yo. Ella. -De todos modos usted debe un artículo a m i velo. ¿Para qué cree usted que me lo pongo cada mañana? Yo. -Para i r a l a iglesia, digo yo. Ella. -Claro... que sí... para i r a l a Iglesia. Yo. -Ahora que esto aparte yo la, encuentro muy graciosa y muy bonita con su veiillo. Ella. ¿De veras... Yo. ¿Qué interés iba yo a tener en engañarla... D e veras. Encuentro que el vetillo favorece a la mujer. L e da un aspecto iuvenil más pimpante... Ella. -Un aspecto u n poco... modis, ¿no? Yo. -Un poco mgdis, como usted dice, aunque en este tienipo de abstinencias no debería usted comerse n i siquiera una sílaba. Pero en esto es lo de menos y lo de más que usted funda grandes esperanzas en la trama de su velito. Ella. ¿Esperanzas espirituales, se entiende? Yo. -Y de las otras, ¿no? Ella. -De las otras estoy muy desengañada. Los hombres no merecen l a pena de que se ocupen de ellos. Yo. -Tiene usted razón, y yo, por mi parte, no me ocupo en absoluto. E n cambio, cuando la presiento a usted con su velito, me entran unas ganas... Ella. ¿De qué... N o ponga usted esos ojos... parece que me va a comer. Yo. -No se asuste. Desgraciadamente, tengo ya las digestiones un poco difíciles Ella. ¡Bah... Los velillos constituyen una comida ligera. Yo. -No lo crea usted. Tienen demasiado apresto. Ella. -Pero son bonitos, graciosos... Hace un minuto acaba usted de reconocerlo. Yo. -Y lo reconozco todavía, una cosa no quita la otra. Pero lo reconozco con l a m i tada nada más. También gastronómicamente me atrae l a langosta a l a americana, y, sin embargo, me sienta como un verdadero tiro. Ella. ¡Qué poco poético... M i r e usted que comparar una mujer con una langosta... Yo. -En efecto, confieso que el símil no fué muy lucido. P e r o ¿qué quiere usted... E s hasta posible que l a culpa sea suya. M e ha hablado usted en Cuaresma, de vigilia. Ella. -Otros años era por Cuaresma también cuando usted pulsaba la lira en honor de los velillos mañaneros. Decía usted que con ser tan poquita cosa resultaban simpáticos, meaos pretenciosos que la mantilla y MES DL F E B P E R O Noticias Madrid. E l embajador de Cuba, doctor García Kolhy, recibirá hoy miércoles 24, a las doce de la mañana, a la colonia de su país, con motivo del aniversario, patriótico que conmemora dicha fech a. E l próximo- día 28, en la parroquia de l a Concepción, se celebrará la boda de la encantadora señorita E m i l i a Tordesilías y C a l betón, hija del conde- de Patilla, con el oficial de Caballería D José María Muguiro y, Frigola. Con este motivo los futuros esposos están recibiendo muchos regalos de sus amistades. L a hasta ahora embajadora de Méjico, señora de Pañi, con motivo de su próxima marcha está recibiendo muchos agasajos. E n la residencia del primer secretario de Cuba y de la señora de A r c e se celebró ayer, un almuerzo en su honor. H o y l a condesa viuda de Fuenteblanca ofrecerá otro almuerzo a la señora de Pañi, en l a hostería de Alcalá de Henares, y el embajador de C h i le, Sr. Bermúdez, obsequiará también a l a ex embajadora con un nuevo almuerzo el próximo c n h n í t r E l conde de Bagaes ha marchado a Sevilla. L a marquesa de Cartagena ha regresado de San Sebastián. (1) Camisa noche de nansú, surtálás en colores, con finas aplicaciones en Maneo, desde Ma 10,85. (2) Camisas día nansú, surtidas en colores, con elegantes bordados, desde pesetas, 4,40. Pantalón haciendo juego, desde Pías. 4,50. (3) Camisa día para hiña, de cambray en blanco, clase superior, con finos bordados a mano, desde Ptas. 4,25. Pantalón haciendo juego, desde Ptas. 5,60. Combinación haciendo juego, desde Ptas. 5,75. (i LACA 5 AQUEVE fóS DAR A T O NOTICIAS Y DE LIBROS REVISTAS Informaciones y juicios Los problemas d e l divorcio t e m p o r a l a n t e l a l a l e g i s l a c i ó n c i v i l (c o n indicación de l a e x t r a n j e r a) d e l d o c t o r T. G o n z á l e z C o u r e l C i n c o pesetas. Librerías: Suárez, M a d r i d Boscn, B a r c e l o n a Martín, V a l i a d o l i d U n divorcio novela, p o r Paül Bourget, de. l a A c a d e m i a F r a n c e s a C i n c o pesetas e a librería FRANCOS IO Y í o A A i nl
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