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francés (V c dar con la obra maestra, la cncontrari. tarde o temprano. E l otro reproche, de no haber creado la cinematografía nacional que formula aquel crítico, se me figura a ú n m á s injusto. ¿Q u é debemos entender por cinematografía nací nal? ¿E l aprovechamiento de las realidades indígenas, con exclusión de todo lo exótico? ¿L a inventiva para la fabulación plástica o la simple habilidad en. el concierto y ajuste de las imágenes luminosas, de modo que causen en el espectador l a m á x i m a emoción? E n el primer caso el cineasta se confinaría en los límites de lo típico y de lo pintoresco, abandonando todas las posibilidades de carácter universal de su arte. E l autor iría pasando de una región a otra con sus aparatos de filmar, y con poner un texto al margen de los cuadros reconstruiría, si no el alma colectiva francesa, su equivalencia en fragmentos m á s o menos bien soldados. ¿E s eso lo que se pretende? N o lo creo. Tiene el crítico aludido demasiado talento para i n currir en t a m a ñ a puerilidad. Entonces hay que suponer que su pretensión es más modesta y que lo que pide es una estilización puramente francesa de los métodos cinematográficos que dé a su país una evidente superioridad sobre los otros. ¿P e r o es eso posible? ¿S e puede nacionalizar estéticamente la cinematografía? ¿H a b r á medio de diferenciar, esencialmente, un estilo de otro? Y o la verdad, no me alla- no a creerlo. S i trie presentan una serie cls films sucesivos sin ninguna marca de origen, no me comprometo a distinguir el americano del alemán y el francés del italiano. Todavía en el teatro las fronteras que separan unas obras de otras son más claras y es difícil confundir una comedia inglesa con una comedia italiana. Pero en el cine, que es, como arte, menos escrupuloso en l a utilización de lo convencional, los linderos entre obra y obra son menos visibles. ¿Por qué empeñarnos en elevar el cine a la categoría de lo excelso? Enhorabuena si nos hace pasar el rato y si, además, nos transporta a países lejanos que de otro modo no hubiéramos conocido nunca; pero no saquemos las cesas de quicio recriminando a los autores de films porque no aciertan a edificar un arte nacional de l a pantalla. ¿H a y alguna fórmula para construirlo? S i el distinguido crítico a quien estoy contradiciendo ¡a conoce y se la reserva no procede con probidad. Denunciar una enfermedad, saber su remedio y callárselo, es imperdonable. Existe un teatro nacional, expresión m á s b menos fiel de un carácter, de una mentalidad que lo abarca todo, desde la cocina al indumento, pasando por el amor, por la lírica y por la tragedia. Cada pueblo tiene un modo de sentir, de pensar, de cocinar, de ponerse ante Dios, de dirigirse a la mujer y de pelearse con el vecino. Todo eso está en la literatura, que es, como documento vivo, mucho m á s de fiar que la H i s t o ria para la posteridad, ¿Qué se pretende ahora? ¿L l e v a r l o al cine? Y o dudo de que el proyecto, si existe, supere los resultados de l a novela y del teatro. Pero, en fin... MANUEL B U E N O
 // Cambio Nodo4-Sevilla