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DIARIO ILUSTRA- DIARIO DO, ILUSTRAVIGE- D O A Ñ O VI G E SI M O C T A V O 10 C T S NUMERO AÑO S 1 MOCTAVO 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i D E JUNIO D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A LOS INTELECTUALES, SOBORNADOS L a conferencia de D. José María Peina dada hace unos días en el Centro de Acción Española, tuvo un éxito clamoroso, no sólo por la forma, sino por el fondo ideológico. Fernán es un orador, de gran cultura, cuya maravillosa fluidez de palabras recuerda a la de Vázquez Mella. Su agudo ingenio al disertar sobre l a traición de los i n telectuales adictos a las utopías revolucionarias y demagógicas, fué como arrojar una piedra en la charca de las ranas, aunque mejor diríamos, en este caso, de los sapos venenosos. Mientras oía yo la vibrante oratoria de Fernán, interrumpida a cada rato por ovaciones entusiastas, pensaba en que, como G i l Robles, es otro valor nuevo de las llamadas derechas antirrevolucionarias. P o r que habrán ustedes visto que esos hombres nuevos esos valores geniales de las filas republicanas, anunciados hace más de un año, permanecen inéditos. Llevamos varios meses de indisolubles Cortes Constituyentes- -c o n vistas a l a eternidad en la duración- y aún estamos esperando al gran orador de las izquierdas, al tribuno del pueblo, si bien se esfuerzan en alcanzar tan elevado nivel, prodigando sus intervenciones, los payasos y los jabalíes, así como esos juristas henchido ele pedantería jr esos dogmáticos profesores y sutiles ideólogos, que no moran en el Olimpo, sino mas bien en el limbo. Nuestra presente época revolucionaria está llena de lamentables imitaciones de la retórica al uso durante l a Revolución francesa y de la. inspiración masónica de la L i g a de los Derechos del Hombre. M a s aunque sus candidatos a Dantones, Robespierres y Lenines se figuran, con grotesca vanidad, que el mundo entero está pendiente de ellos, hov por hoy sólo servirían de modelo a un moderno Aristófanes- o a otro Offenbach. Pero rcveiwH- s á nos moutons, sin que en ello se vea alusión alguna al aprovechado socialista Sr. Cordero. L a traición de los intelectuales a que alude el Sr. Pemán nada tiene que ver con el famoso libro de Benda La trahison des Cleros. E s más bien la acusación de que nuestros intelectuales, tan individualistas antes y tan desdeñosos respecto a las masas, lejos de educar a éstas y de amansar a la fiera, han halagado sus pasiones y excitado su ciego instinto destructor, haciéndole coro a l a más plebeya Prensa revolucionaria. L a afirmación es muy cierta, como no lo son menos las irónicas referencias a las muchas contradicciones en que han incurrido estos sabios superhombres, lo mismo en sus libros que en sus artículos. L o cual no impide que aún se hagan la ilusión de actuar como renovadores espirituales de la P a t r i a y maestros de la j u ventud cuando sólo han sido veletas cediendo al soplo de cualquier extranjerizada moda intelectual. Decía el ilustre Ramiro de Maeztu, er otra conferencia reciente, que el prestigio de España comenzó a decrecer ante Europa, y, sobre todo, ante el concepto en que nos tenían nuestros dominios de América cuando los políticos y publicistas españoles del siglo x v n r renegando de las gloriosas tradiciones nacionales, manifestaron una fervorosa admiración por cuanto venia de la Francia de Versallcs. Pero donde Macztu dijo Versallcs, debió decir la Francia de la Enciclopedia, cuyo espíritu revolucionario precisamente destruyó a Versalles, arrojando por el mundo la semilla rebelde que había de inspirar más tarde a los caudillos de la Independencia suramericana. E s t a mediatizacióir intelectual europea sobre todo lo español, es decir, lo nacional, se. ha reproducido al través del tiempo siempre que nuestros escritores pretendieron iniciar en España un movimiento renovador copiado del extranjero. Así, la Institución L i bre de. Enseñanza y la Junta de Ampliación do Estudios, por medio de sus pensionados, infiltró, no. sólo en nuestras cátedras el rígido dogmatismo de la filosofía germánica, sino ese laicismo anticlerical en apariencia, pero en el fondo antirreligioso, cuyas directivas provienen de las logias masónicas. T a l ha sido la orientación educadora dada a una gran parte de la juventud estudiosa, desarraigándola de la tradición hispánica. Divorciada por sus maestros de nuestras glo. rias históricas y hostil a los valores nacionales de otros tiempos, creen, sin duda, que para admirar a o a K e y s e r l i n g es preciso despreciar a Balmes y a Mcnéndez Pelayo. N o comprenden que al importar la cultura extranjera, ún asimilarla a nuestra psicología española se convierten en meros- imitadores un tanto desdeñados por sus propios modelos bajo la afable sonrisa protectora. Pero lo curioso es que quienes se figuran estar estructurando la espléndida España del porvenir en política, literatura, sociología, etc. son los instrumentos más o menos conscientes de las turbias corrientes internacionales que tienden a aniquilar a nuestra Patria. E l origen de la paradójica actitud- -desconocido aún por la mayoría de los españoles- -he procurado analizarlo en mi obra La caída da un Trono, que actualmente publica la nueva revista Acción Española. E n ella aparecerán tres capítulos sobre lo que llamo las vanguardias d e- l a revolución Estas han sido, -primero, la Prensa disolvente, sostenida por el dinero de escrupulosos financieros c industriales que sólo m i ran a! negocie Segundo, la Universidad, en la que ciertos catedráticos desatendieron su labor pedagógica a beneficio de una i n tensa propaganda revolucionaria. Tercero, los flamantes intelectuales de la República, atraídos a las filas de la revolución con ha- lagos y promesas tentadoras para cuando llegara la hora victoriosa del botín, y del e n chufe P o r eso, en lugar de traición de- hiera decirse soborno de los intelectuales- por- las fuerzas ocultas. (le l a Internacional. A cambio de que claudicaran su independencia espiritual y sus posibles escrúpulos de conciencia, la Prensa del barullo, al convertirlos en dóciles instrumentos de sus campañas demagógicas, les otorgaba en sus ditirambos periodísticos honores de caudillos y de apóstoles, cuando, en realidad, soló eran ya unos sumisos plumíferos escribiendo al dictado. ¿Cómo sorprendernos, pues, de tantas piruetas, evoluciones y cambios de casaca entre las huestes literarias? Pocos, ¿íiuy pocos, supieron resistir al canto de las sirenas de la revolución; al deslumbramiento de abandonar la vida humilde y. la mesa de café por el esplendor de las Embajada- si de los cargos bien, retribuidos, de las cátedras y de las actas. H e aquí el motivo principal de la claudicación de nuestros más notorios intelectuales y de. sus bajas adulaciones a la masa popular, que en el. fondo siempre han despreciado. Pero el pacto ya está hecho, como el de Fausto con el diablo, siéndoles imposible retroceder. Fingen estar únicamente al servicio de la República, aunque están a i servicio de la Internacional júdaico- masónica, que, bajo las etiquetas de laicismo, socialismo, sindicalismo, comunismo y otros ísmos redentores, se ha propuesto descristianizar y desnacionalizar a nuestra pobre España. 1 ALVARO A L C A L Á GALIANO LA CUESTIÓN AGRARIA Y L A CRISIS A G R Í COLA E l gran público, el público no especializado, el que solamente tiene nociones superficiales del conjuntó y que se limita a darse por enterado de que existe una cuestión fabril en Cataluña, así como otra olivarera en Andalucía y otra de exportación de frutos en Valencia y en Almería- -para no poner más ejemplos- no suele conocer de estos asuntos más que los tópicos que lee en letra impresa, muchas veces amañados, y q u e más que a ilustrarle, tienden a enturbiar y a extraviar sus juicios. L a s cosas, sin embargo, han llegado a un extremo que es preciso procurar por todos los medios que no subsista, ya que la raíz principal de las desavenencias que a cada hora se suscitan y las causas generadoras de los serios contratiempos que, por torpeza o por animosidad, se producen en la economía nacional, hay que buscarla en la pereza para examinar los hechos y en una ignorancia, que, lo mismo individual que colectivamente, resulta suicida. E s a ignorancia, origen de tantas calamidades, es la que se necesita combatir a todo trance. P a r a la nación va en ello la vida, ya que es la economía nacional la que se resiente, y se hallan de tal manera ligados todos sus. aspectos, que es suficiente que uno sólo padezca para que todos los demás se vean amenazados. E l achaque es ya viejo. P o r una incomprensión que de tiempo inmemorial se ha Nos vemos favorecidos diariamenen que ini- te con innumerables los lectores ciativas de ellas de A cartas, B C exponen y observaciones, oportunas posible a tan y muchas plausibles. 7 Vo siéndonos te contestar pondencia, municantes líneas preten materiaimen copiosa corresco- rogamos a nuestros que reciban con esta y no interde nuestra a disculpa descortesía la falta respuesta particular.