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MADRID, EN EL TEATRO ESPAÑOL Una escena de la comedia, de D, Luis Veles de Guevara, L a serrana de la Vera, con la que ha hecho su presentación la compañía de Margarita Xirgu. Esta obra clásica, que era poco, conocida y que D. Joaquín Moi tancr ha adaptado con respeto y esmero a la escena moderna, ha merecido calurosos elogios de la crítica madrileña. (Foto Zegrí. El gran actor Pauloff, director de la compañía del Teatro Artístico, de Moscú (sección de Praga) que el próximo lunes se presentará en el teatro Español para un brevísimo número de representaciones, con la comedia de Ostrozvski (1850) L a pobreza no es pecado. BARCELONA, EN EL TEATRO NOVEDADES éxito. Una escena de la zarzuela de los Sres. Lapena y Blanco, música del maestro Belda, que ha obtenido un gran (Foto Brangulí. R u f í o? A mí, sí. Como antes. M á s que antes. Y o no sé si he envejecido; pero no siento la necesidad de renovarme. Se que a Titta R u f í o no le ha envejecido la voz. Porque cuando una voz envejece pierde firmeza, pierde armónicos, si snerva, que dicen los italianos; se desfibra, se deshilacha, que diremos nosotros para ser m á s claros. L e ha envejecido el arte, que para r, ú es una forma de ganar. Como todos los grandes artistas, ha aprendido su arte a costa de sus facultades; como hay menos í m petu, menos pujanza, ha de haber más habilidad. A h o r a Titta R u f í o es un gran m i nistro de Hacienda de su voz. Y canta un adagio con un bel canto italiano, spianato, que antes no usó nunca. Y como quien tuvo retuvo, de repente suenan aquellas notas agudas de otro tiempo, que, por lo visto, son de siempre, con esa suavidad, ese calor, esa brillantez y esa densidad de terciopelo. Y no es el clarín agrio, solo y libre en el aire; no es siquiera un bronce de campana; es todo eso, dentro de una caja de carne, y la carne de Titta Ruffo es... carne de stradivarius. Y allí está como prueba, como norma, aquel mi natural, abierto, cerrado, claro, obscuro, blanco y azul, como a él le da- la gana, base, norte, guía, resorte m á x i mo de su voz de milagro, y que es el mismo con que colgaba de la picota del ridículo la cabeza del conde Ceprano hace veinticinco años. ¡N o se renueva porque, como dijo el poeta, Apolo es eterno y el arte es i n mortal i FELIPE S A S S O N E